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¡Mirá qué guerra, mirá qué bomba, mirá la represión!




Desprevenido por la noche dejo la ventana abierta con la esperanza de nuevos aires que alienten el amanecer entre tanta oscuridad presente. Hace ya un tiempo Boaventura de Souza Santos anticipó, en un texto que giró por varios medios de difusión de la región, que se avecinaba la Tercera Guerra Mundial. Guerra que tiene aroma a global, guerra que juega a correr con zancos la histeria del poder imperial. Los tiempos apremian, dice el televidente distraído por la publicidad de golosinas que continúa a la noticia de una bomba que lo destruye todo. Una bomba que intenta dejar el rastro del poder del bien por sobre las miserias del mal. Una búsqueda de revivir una perimida teoría de civilización-barbarie que alimenta la guerra como herramienta de dominación. Un bien que atenta contra la vida y la tierra. Una bomba que ensaya un juego enrolado en la muerte.

Rastros de un bien que se nutre de miserias enmarcadas en las políticas que lleva adelante el capitalismo día tras día, en busca de consolidar el miedo como lógica de reproducción. El miedo como forma de opresión. Una reproducción de riquezas que se concentran en las manos de la CEO-cracia y sus socios, para oficiar de administradores de los dueños del mundo. Durante décadas se habló de los hilos invisibles que manejan el planeta, marionetas visibles que son apéndices de un titiritero tras las sombras. Sin embargo, esos hilos son parte de los brazos de las caras visibles que impulsan las guerras como salida a las crisis del sistema, mientras los rostros se concentran en figuras como Monsanto, Barrick Gold, Bayer, Volkswagen, Citibank, Banca Morgan, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional. Recordemos algunos momentos históricos de estas empresas. Monsanto y el desarrollo del “agente naranja” que fue probado en Vietnam por el Ejército de Estados Unidos en la selva para limpiarla de comunistas y de Vietcom; a la vez de resultar los prolegómenos del glifosato como herbicida en el monocultivo de la soja transgénica. La Barrick Gold que, al igual que otras megamineras, es proveedora de materia prima para la construcción de armas, mientras tanto George Bush (padre) era uno de los accionistas de la transnacional minera y quien inició el supuesto “combate” al terrorismo en Medio Oriente al apuntar contra Irak y Afganistán, mientras buscaba el control de las reservas de petroleo en esos países. Tanto el Citibank, la Banca Morgan, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han sido visibles alentadores y financistas de los atropellos de las distintas dictaduras cívico-eclesiástico-militares en Latinoamérica, golpes de estado que se sostuvieron a fuerza de armas y el monopolio de la violencia desde el aparato represivo del estado. Imposible olvidar las relaciones de la Volkswagen con el nazismo de Adolf Hitler; la misma empresa que supo entrar en el negocio de las armas durante la denominada Segunda Guerra Mundial. Distintos nombres para una misma política: coloniaje e imperialismo en tiempos de reproducción del capital.

Nuevos tiempos, nueva etapa. Ya lejos está el apellido Bush en sus dos versiones frente a la Casa Blanca. También los apellidos Clinton y Obama. House of Cards se alista hacia la quinta temporada y nada sorprende en su guión. En la carrera por la hegemonía del poder, ruedan cabezas de un lado a otro, sin importar las consecuencias relativas a la supervivencia de quienes miran desde abajo lo que indica el tablero de ajedrez, de una película que osa mostrar la pantalla del gentil televisor. El rostro colérico de Donald Trump que asoma como una cachetada al sentido común, como una respuesta a una crisis civilizatoria. Una crisis que muestra las fisuras de un imperio que en su ostentación de poder, muestra su profunda crisis. De todos modos, me detendré a compartir algunas observaciones sobre el ataque a territorio afgano con la bomba GBU-43B. Bajo la premisa de “combate al terrorismo”, una vez más se utiliza como chivo expiatorio el discurso de las armas químicas, esta vez en manos de ISIS en el subsuelo de Afganistán. El mismo slogan con el cual George W. Bush atacó Irak. En ambos casos no se ha comprobado a la fecha la existencia de dichas armas químicas en manos de los presuntos “terroristas”, ni siquiera de la existencia de dichas armas en esos países. El discurso similar al del tiempo de las cruzadas: a eliminar a estos musulmanes malos que son un cáncer para la seguridad de occidente. El mensaje mesiánico de la derecha estadounidense y sus socios a nivel mundial, sobre todo Israel e Inglaterra, plantean un esquema que reproduce la guerra como forma de colonización y dominación de los bienes comunes en puntos claves del planeta. Una guerra por el control de las reservas de petróleo. En este caso, la articulación del patriarcado con el capitalismo salta a la luz cuando se programa un plan de propagandización del ataque a Afganistán a través de lo que se podría llamar “cadena mundial” o “mundialización de la titulación de la información”. Junto al ataque, las políticas de control de los dispositivos mediáticos aseguran una propalación automática de un discurso que se aferra a una matriz belicista y profundamente machista. Los titulares se reprodujeron a una velocidad inaudita, desde los medios más progresistas a los serviles a la derecha los titulares hablaron de la “bomba madre”. Bomba que expresa en este slogan marketinero el sentido reproductivo de la violencia y del capital. ¿Cómo es esto? Una bomba que es madre de todas las bombas por su capacidad bélica. Una bomba cuya forma fálica adquiere figura de mujer en el discurso. Una mujer que es reproductora de la muerte y la dominación. Es claro el sentido misógino del discurso mediático viralizado por el Pentágono: las mujeres destinadas a parir muerte, a reproducir las fuerzas de trabajo que aseguran la reproducción del capitalismo; las mujeres como cosas que están destinadas a parir el sistema de dominación y morir en ese mismo instante (el parir como núcleo de dolor, como desgarro). Una vez más, miente Clarín y mienten los medios en cadena nacional e internacional. Una bomba que encubre una guerra que se extiende en el tiempo. Una guerra que busca el control de los territorios, de los cuerpos. Estados Unidos viola sistemáticamente los Derechos Humanos en cualquier parte del mundo y se autoproclama la norma, la normalidad, el bien, el justo, en pos del control de los bienes comunes, de los territorios. De todos modos, la pregunta tiene que ver sobre el por qué de tanta propaganda ante el lanzamiento de este misil. En la gestión Obama se lanzaron sólo el año pasado 26 mil bombas de las cuales 1300 fueron en Afganistán. Sería algo así como 130 bombas madres sin tanta prensa. Donald Trump viene a profundizar una política belicista que se sostiene más allá de republicanos y demócratas en la Casa Blanca.

Simón Bolivar escribía un 2 de agosto de 1826, desde la ciudad de Lima en Perú, que “veo unido a los malos y a los perversos de todos los extremos para derribar lo único que hay bueno y sólido, dividir después entre sí los despojos y despedazarse últimamente, sumergiendo este país para siempre en el abismo ”. Ésto decía a cuento de los riesgos que habían en torno al sostenimiento de la independencia del Perú y las posibilidades concretas de lograr la unidad de la Gran Colombia. En ese tiempo analizaba Bolívar que la contrarevolución venía de la mano de articulaciones de poderes provenientes de Colombia, Chile y Argentina. Pasaron casi dos siglos y la historia se repite. En la región la etapa de gobiernos progresistas han encontrado el límite final. Venezuela asediada por sus propios errores y las continuas operaciones de desestabilización de la embajada de EEUU. Intervencionismo que se complementa con los accionares de los actuales gobiernos de Michel Temer en Brasil, Tabaré Vazquez en Uruguay, Mauricio Macri en Argentina y Pedro Pablo Kuczynski en Perú. Sin dejar de la lado la amenaza permanente del gobierno de Colombia y sus bases militares norteamericanas en su territorio. El asedio y los intentos de desestabilización son ciertos, reales. La infiltración y la agitación de parte de la derecha golpista en Venezuela es parte de la cotidianidad desde la muerte de Hugo Chavez. Sin embargo, hay responsabilidades de parte del gobierno de Nicolás Maduro y del propio proceso chavista de no poder salir de una crisis económica que suena a estado de coma. El sociólogo venezolano Edgardo Lander apunta en una entrevista realizada por el diario La Diaria de Uruguay que “ El hecho de que Venezuela ha tenido 100 años de industria petrolera y de estadocentrismo girando en torno a cómo se reparte la renta ha conformado no sólo un modelo de Estado y de partido, sino también una cultura política e imaginarios colectivos de Venezuela como un país rico, de abundancia, y la noción de que la acción política consiste en organizarse para pedirle al Estado. Esa es la lógica permanente. En el proceso bolivariano, a pesar de muchos discursos que aparentaban ir en la dirección contraria, lo que se hizo fue acentuar esto. Desde el punto de vista económico se acentuó esta modalidad colonial de inserción en la organización internacional del trabajo. El colapso de los precios del petróleo simplemente desnudó una cosa que era evidente, cuando uno depende de un commodity cuyos precios necesariamente fluctúan”. Una vez más, el problema del modelo extractivista en la región y la relación con los gobiernos progresistas. Venezuela está enredada en su propia tela de araña y hay errores que se arrastran desde la propia etapa chavista, en particular la decisión de no avanzar en un fortalecimiento del entramado social social basado en el fortalecimiento de las comunas y, en cambio, se profundizó la política de la que habla Lander, vinculada a la dependencia de los recursos que baje el estado a las organizaciones de base, cuyo resultado son las pocas posibilidades de avanzar en autonomía y autogestión en los propios territorios. Punto crítico que también se vive en Ecuador. Diferente ha sido en Brasil y Argentina, ya que plantearon hasta en el discurso un esquema de capitalismo moderado, que Cristina Fernández de Kirchner llamó “capitalismo humanizado”, donde los bancos y los empresarios fueron los ganadores de esa etapa. De allí la expansión de Monsanto en ambos países y la consolidación de la Barrick Gold en territorio argentino. A su vez, se suma a que Nicolás Maduro abre el sur de Sulia a la megaminería (de mano de inversiones Chinas), y con ello amplía la matriz extractivista en Venezuela y la profundización de la crisis. La unificación de los perversos que habla Bolívar, es la CEO-cracia de estos días que avanza sin tapujos a lo largo y ancho de Latinoamérica. Intervencionismo de la embajada sin necesidad de ninguna bomba madre sino de la concentración de medios y la información. Nuevos golpes blandos que se habló hace años atrás y que ven por estos tiempos como se retrocede en derechos conquistados. De todos modos, por estos días en la República Bolivariana de Venezuela, más allá de las contradicciones marcadas anteriormente, el golpe no es blando, es un golpe duro y patente de la derecha contra un gobierno constitucional.

Mientras tanto, Alfredo Grande en el texto Dictadura de la burguesía que publicó recientemente la Agencia Pelota de Trapo dice: “lo subversivo es que los pobres se alcen contra los ricos. Lo institucional es que los ricos aplasten a los pobres”. De allí que se institucionaliza la represión. La semana pasada reprimieron a la columna del FIT que se movilizaba por Panamericana en Buenos Aires hacia Plaza de Mayo en el contexto del Paro General. En Mendoza, piden desde el oficialismo el desafuero de los y las legisladoras del mismo frente por haber marchado con los y las trabajadoras en la misma jornada de lucha. Esta semana, la policía Metropolitana reprimió a las y los docentes que intentaban armar una carpa para la Escuela Itinerante frente al Congreso de la Nación. El jueves a la noche ingresó la policía de Gerardo Morales a la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Jujuy y, además de reprimir, detuvieron al presidente del Centro de Estudiantes sin haber mediado ninguna razón que justificase dicha detención. La misma provincia donde aún está detenida por protestar la referenta de la organización Tupac Amaru, Milagro Sala. Micaela aparece asesinada y un nuevo femicidio, y no fue el único de la semana, agrava la situación vinculada a violencia contra las mujeres. El reloj gira la aguja y hay un femicidio cada 18 horas en Argentina. Cuando se trata de los y las de abajo es subversión, es terrorismo. Los de arriba juegan con los hilos y profundizan las políticas represivas. La bomba toma forma de padre, la bomba como símbolo de la bala que mata.


https://www.rebelion.org/noticia.php?id=225728

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