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Leila Nachawati y su novela “Cuando la revolución termine”


Guerra en Siria



La activista hispano siria Leila Nachawati, de 38 años, nos narra en su libro “Cuando la revolución termine” el movimiento de desobediencia civil que protagonizó una generación de hombres y mujeres sirios para acabar con una vejatoria dictadura, y el aluvión de acontecimientos (todavía no analizado con el rigor que se merece) que llevaron a la guerra civil.

Leila Nachawati Rego, profesora de periodismo en la universidad Carlos III de Madrid y experta en Oriente Medio, analiza a través de personas que conoció y de relatos que llegaron a sus oídos, el ambiente que se respiraba en Siria antes de estallar la primavera de 2011: “cualquier ciudadano de a pie -describe- asumía la humillación como un peaje vitalicio y soportaba en todas las etapas de su vida golpes, burlas, provocaciones y desprecios”.

Nachawati, hija de padre sirio y madre gallega, es cofundadora del portal “SyriaUntold”, plataforma de pensamiento crítico que muestra la resistencia cotidiana de la población siria y su producción artística y cultural. En una parte de la novela le dedica varios pasajes a las “metáforas de la represión” que, en muchos aspectos, nos recuerdan al Chile de Pinochet o a la derrota de las fuerzas republicanas en la guerra civil española.

“En ninguna manifestación estaba ausente la voz de Ibrahim Kashoush, el cantante de Hama al que la “sabiha” (milicia armada especializada en palizas y torturas) le arrancó las cuerdas vocales antes de arrojar su cuerpo a la cuneta”, subraya Nachawati despertando inmediatamente en la conciencia el brutal asesinato de Víctor Jara el 16 de septiembre de 1973.

La activista, que creció entre Damasco y Santiago de Compostela (Galicia, España), agrega que “poco después de ese suceso, el reconocido dibujante Ali Farzat fue encontrado en la autovía del aeropuerto de Damasco con las manos rotas, en represalia por su última caricatura de Bashar al Asad haciendo autostop ante un coche conducido por Gadafi”.

Nachawati subraya que la primavera siria está llena de “metáforas y más metáforas, como la que las fuerzas del régimen lanzaron a un grupo de ciudadanos periodistas a los que arrancaron los ojos antes de devolver sus cuerpos a sus familias (…) No se permitía -agrega- Ni mirar. Ni escuchar. Ni cantar. Ni reír. Ni dibujar”.

Poco antes de que Siria se convirtiese en un infierno, cuando incluso Al Asad parecía dispuesto a escuchar las demandas de los revolucionarios, representantes de todos los grupos de la oposición (entre los que había ateos) redactaron una lista de nueve reformas con la esperanza de que el presidente se dignase a tenerlas en cuenta. Entre estas destacan cuatro:


Constitución democrática.


Liberación de todos los presos políticos.


Reforma de la Ley de Prensa.


Y la formación de un comité de la verdad y la reconciliación, que investigue los abusos de los derechos humanos cometidos en el pasado.

“Me gustaría decirles a los españoles que escuchen las voces de la sociedad civil siria. Que comprendan la legitimidad de nuestra resistencia, que no cometan con Siria el mismo error que cometió el mundo con España en los años treinta y cuarenta. La solidaridad española es especialmente valiosa para nosotros, porque la misma lucha contra el fascismo que libraba España entonces, se libra en Siria hoy”, recalca Nachawati.

Leila Nachawati (de la que ya escribí una crónica titulada “La revolución ha sido secuestrada y ensuciada”), recuerda que ella y un amigo (Óscar) estuvieron entre los que acamparon en la Puerta del Sol durante el 15M. Sobre aquellos momentos históricos, dice: “Estábamos sentados sobre unas esterillas, las piernas cubiertas con un saco de dormir (…) Se nos ve agotados y felices”.

“En los días siguientes se habló, se escribió y se opinó sobre el recién nacido movimiento 15M (..) Quienes pretendieron analizarlo sin vivirlo no saben cuánto se han perdido, porque el 15M no puede entenderse sin la emoción compartida que en esos días lo impregnaba todo”, añade.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para traer aquí una reflexión de su amiga, la abogada Raizan Zaitune, (secuestrada por el Ejército Islámico en diciembre de 2013), con la que Nachawati inicia su espléndida novela: “Los expertos como nosotros en certificar muertos no lloran, les basta con ser testigos con la boca vacía…”.




https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226048


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