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“El escenario político en mi país es de tragedia”


Entrevista a Jair Krischke, máximo referente de los Derechos Humanos en Brasil

Canal Abierto (Argentina)


Brasil continúa cayendo en una crisis institucional que se percibe terminal. Su sistema de representación alcanzó un estado de descomposición que parece no encontrar ni siquiera el tiro del final. En las últimas horas, el presidente Michel Temer debió anular, por la potencia de las protestas populares, un decreto que él mismo había dispuesto 24 horas antes, que habilitaba la militarización de las calles para reprimir las manifestaciones. Sus horas en el Palacio de Planalto parecen estar contadas, pero esa ya no es la principal preocupación de los distintos sectores de la sociedad. El foco de todos los debates está orientado a descubrir de dónde sacara Brasil un dirigente y las herramientas políticas necesarias para darle a la democracia un electroshock que le permita renacer.

Canal Abierto tuvo la posibilidad de conversar en el lobby de un hotel del barrio porteño de San Telmo con Jair Krischke, el máximo referente de la lucha por los derechos humanos en Brasil, que llegó a nuestro país para testimoniar en las sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que se realizaron en el hotel Sheraton durante toda esta semana, por unas amenazas que recibió de un supuesto grupo terrorista de Uruguay.

Krischke es fundador y actual presidente del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Río Grande do Sul. Es uno de los enemigos más importantes que tuvo el Plan Cóndor y sus ejecutores en toda la región, y en esta entrevista exclusiva analiza la situación actual de su país, los orígenes de la crisis y los peligros a los que se enfrenta Latinoamérica.

Jair Krischke (Fuente: Canal Abierto)

Leonardo Vázquez.– ¿En qué momento de la caída se encuentra el sistema político brasilero?

Jair Krischke.– Brasil llegó a un punto en el que puede pasar cualquier cosa, porque hay un descrédito enorme del universo político: los partidos, los dirigentes y las instituciones, sobretodo el Parlamento. La gente está enojada y tiene razón. Los dueños de JBS Friboi, el frigorífico más grande del mundo que recibió financiación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social durante la gestión de Lula y Dilma, empezaron a ver que esto estaba muy complicado y decidieron declarar en la causa con datos, fechas, números de cuenta bancaria, y uno de los dueños de la empresa grabó a Temer en una conversación terrible. Esto aparece en la Red Globo, que sólo publica la desgrabación y su propia interpretación, pero una vez que está en Globo no se para más. Después, los peritos contratados por otros diarios detectaron entre 40 y 50 cortes de edición en la grabación, pero ¿la fiscalía federal no lo había detectado? 

Lo que pasa es que llegó la hora de Temer, que había accedido a la presidencia con un 8% ó 9% de aprobación, que sigue al frente del gobierno pero no tiene más condiciones políticas ni morales para gobernar. No se pueden adelantar elecciones porque la Constitución no lo permite; el Congreso corrupto, desmoralizado, no puede elegir un presidente; para reformar la Constitución no hay tiempo, pero además de todo no hay candidatos, ni en la política, ni por fuera. La peor herencia de la dictadura es esto, porque mataron a las generaciones de políticos que hoy deberían ocupar los lugares de liderazgo. Cuando vuelve la democracia en Brasil teníamos a los viejos políticos, que ya se murieron, y quedó un vacío

Leonardo Vázquez.– ¿Se puede encontrar en esa transición hacia la democracia algún germen de la crisis actual?

Jair Krischke.– La salida de la dictadura no tuvo nada que ver con lo que sucedió en Argentina. En Brasil no hubo una transición, hubo una transacción. Fue un acuerdo. En esa época en Brasil hubo un movimiento de masas de los más importantes hasta el día de hoy, que pidió elecciones con la gente en la calle, pero la dictadura resistió y no permitió que el proyecto pasara en el Congreso. La dictadura brasilera solo permitía dos partidos, nosotros decíamos que eran el partido del SI y el del SI Señor.
Hoy hay 35 partidos, lo que no existe en ningún lado del mundo, y hay otros 50 pedidos de nuevos partidos. Esto obliga a las concertaciones y uno de sus resultados es la gran corrupción.

Leonardo Vázquez.– ¿El sistema político democrático de Brasil puede funcionar sin corrupción? 

Jair Krischke.– El espacio en televisión en tiempos electorales es proporcional al número de parlamentarios que cada partido tiene. Esto ya es algo que sirve para hacer negocios, porque el partido que tiene 30 segundos negocia con el candidato que está en mejor situación a cambio de algo, de cargos por ejemplo. Eso transformó la vida política de Brasil de una manera tal que hoy es un gran negocio. El “mensalao” fue el primer gran hecho, en que el partido de Lula pagaba a los diputados y senadores para votar sus propuestas, luego entre ellos empezaron a pelearse y entonces aparece el tema públicamente. En ese momento la ley posibilitaba que las empresas donaran plata para la campaña mediante una regla presupostaria. Pero como no alcanzaba, empezaron a aportar por “caja dos”, que era mucho más que el aporte legal. Por ejemplo: directivos y gerentes de Petrobras empezarón a cobrar coimas, que después repartían con el partido al que estaba asociado. Es casi imposible en el mundo llevar a la quiebra a una petrolera, pero en Brasil casi se consiguió porque robaron con las dos manos. Esto fue empeorando y generó un shock en la opinión pública. En ese contexto echaron a Dilma, no por coimas sino por algo vinculado a la estructura de las decisiones presidenciales, y asumió Temer, vicepresidente, afiliado al PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), que nos trajo hasta aquí….

Leonardo Vázquez.– ¿Cuáles son los nombres que podrían encabezar la continuidad de la democracia en Brasil?

Jair Krischke.– Si se hace la elección en el Congreso, se habla mucho de un hombre que se llama Nelson Jobim, del PMDB, yo lo conozco, pues es de mi provincia. Al final de su gobierno, Fernado Henrique Cardoso, de quien fuera ministro de Justicia, le regaló el puesto de Ministro en la Suprema Corte, hasta que se jubiló. Fue ministro de Defensa de Lula, sin saber absolutamente nada del tema.

Si Lula se presentara como candidato va a perder, porque está muy mal visto en la opinión pública, responde a seis causas judiciales y en alguna va a recibir condena. Podrá ser candidato porque no hay tiempo para sentencia de segundo grado, pero será derrotado. Como candidatos aparecen Marina Silva, que perdió con Dilma, pero representa un peligro porque es una mujer muy creyente, que se presenta como la salvadora, e involucrar política con religión son de esas cosas que, en la historia del mundo nunca terminaron bien. El otro es Jair Bolsonaro, que es un tipo de ultrísima derecha enloquecida. El mes pasado en Río de Janeiro dio un discurso xenófobo y racista, dijo que para resolver los problemas de Brasil hay que matar 30 mil personas, que si accede a la presidencia no habrá ni un centímetro de tierras para los indígenas, que los negros que reclaman las tierras de cuando eran esclavos tampoco recibirán nada. Es tan malo que sólo llego hasta capitán del Ejército, ni siquiera el ejército lo promovió. Y las encuestas le están dando números de terror, cuarenta y pico por ciento, sin haber empezado la campaña. El escenario de Brasil es de tragedia. Este candidato podría darle lugar a los sectores de poder que todavía existen de la dictadura, que se mueven por detrás de las cosas.

Leonardo Vázquez.– ¿Cuáles son las alternativas institucionales que existen en este momento para la continuidad democrática?

Jair Krischke.– Para que se entienda lo que sucede en Brasil es importante observar el Congreso, que en cualquier país tiene bancadas o bloques partidarios, o de alianzas políticas. En este caso existen la bancada de la Biblia, de la Bala y del Boye (ruralistas) que reúnen diputados de varios partidos.
La Bancada de la Biblia es algo absolutamente preocupante, son estas nuevas iglesias pentecostales, Universal y otras mas, que además crearon partidos políticos como el PRB con varios diputados, senadores, algún intendente. Hay un video en el que un Obispo está hablando en Río de Janeiro, contando a los fieles que la iglesia estaba pasando un problema grave, con una deuda de 600 millones, porque el gobierno les estaba cobrando un impuesto. Dice que tuvieron que moverse con la Bancada de la Biblia, para crear una ley que eliminara ese impuesto y finalmente agradece y presenta a Eduardo Cunha (ex presidente de la Cámara de Diputados, impulsor del juicio político a la presidenta derrocada Dilma Rouseff, hoy preso por corrupción) que aparece en el escenario, es sensacional, la política en Brasil es una tragedia. No hay más ideología, es una locura, solo sirve para negociados.

Leonardo Vázquez.– ¿Cuál es la situación del ex presidente Lula Da Silva, que a la distancia se percibe como un líder regional capaz de enderezar el rumbo de su país?

Jair Krischke.– El PT no tiene candidato para la elección de 2018. El que era el creador de Lula, José Dirceu, lo impulsó a escribir una carta después de haber perdido tres elecciones presidenciales para presentarse como alternativa potable para los empresarios y los financistas. Ahora, con todo este lío, Emilio Odebretch, el padre, dice en sus declaraciones que ayudó a Lula a redactar ese texto.
El período de Lula fue favorable por el contexto internacional, los comoditties tenían el precio alto, económicamente Brasil estaba bien, no por obra de Lula sino por la circunstancia internacional. Luego, cuando ya no podía ser candidato creó a Dilma, yo la conozco, estuvo casada muchísimos años con Carlos, un amigo y compañero mío. Es una militante comprometida, que llegó al PT en el 2000 pero no es un gran cuadro político, en Brasil recibe muchas burlas por su escasa capacidad oratoria. Dirceu salió del gobierno con el “mensalao” y ahí Lula la llamó a Dilma para la Casa Civil (Jefatura de Gabinete) porque es una sargenta, y había que poner orden. En un primer momento el PT tenía muchos intelectuales, académicos y hoy no tiene nada, menos un candidato con alguna chance, y ha perdido el contacto con las bases, la gente se siente aislada, en Brasil son dos cosas distintas los partidarios, los electores y la cúpula partidaria

Leonardo Vázquez.– ¿Qué análisis le merece el momento histórico de la región?

Jair Krischke.– A nivel regional yo creo que el cuadro es bastante grave, habíamos llegado a un punto importantísimo, pero lo grave es que nuestros partidos de izquierda, de centro izquierda, tienen que repensarse y hacer mea culpa, ideológicamente tienen que rever cosas, porque estos gobiernos cometieron el gran error de aceptar el juego del neoliberalismo y esta es la cuestión de fondo de la tragedia. Yo no veo en los partidos progresistas de la región una voluntad de repensarse y adaptarse a los nuevos tiempos, porque la vida no es estática, es dinámica, y la vida política mucho más, y se ve que están como congelados, asustados. Te diría que no son necesarios 40 años, pero se tiene que hacer una revolución dentro de los partidos de izquierda y tener en cuenta que es fundamental tener una propuesta, un proyecto de país. En Brasil los trabajadores no tienen proyecto de país, el mundo académico-intelectual no tiene proyecto, los empresarios menos aun y los militares tienen, siempre tuvieron. Entonces esto es de máxima urgencia.


***
Se estima que por la labor de Jair Krischke en la promoción y defensa de los derechos humanos, Jair Krischke y el MJDH lograron salvar la vida de más de 2 mil personas en todo el continente, en las épocas de las dictaduras latinoamericanas del ’60, ’70 y ’80. Primero ayudaron a brasileños, perseguidos por los militares luego del golpe de Estado que en 1964 derrocó al presidente João Goulart, a refugiarse en Uruguay, donde también se asiló el presidente destituido. Luego en 1973, cuando se produjeron los golpes en Uruguay y Chile, ayudaron a los militantes a llegar a la Argentina, que era el único país de la región que acogía refugiados. A partir de 1976 el MJDH se dedicó a introducir clandestinamente a los refugiados de Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay a Brasil y junto con ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) conseguir enviarlos a Europa.

En 2007, el trabajo de Krischke resultó en la captura del represor uruguayo que vivía prófugo en Brasil, Manuel Cordero, que luego fue extraditado a Argentina y juzgado y condenado por delitos de lesa humanidad.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=227638

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