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26 julio 2017

Breve historia de los Balcanes


Diego Gómez
Al igual que Medio Oriente, han sido desde fines del siglo XIX hasta nuestros días territorio de pillaje, dominación y disputa de las grandes potencias imperialistas
Desde el Congreso de Berlín en 1878, cuando las principales potencias europeas decidieron “organizar” las fronteras ante el constante repliegue del Imperio Otomano, los pueblos balcánicos han visto condicionada su realidad política y económica desde el exterior.

La Primera Guerra Mundial

A partir del siglo XIX las transformaciones políticas, más allá del accionar de los movimientos nacionalistas locales, tuvieron que ver con las pujas y disputas entre los imperios Otomano, Austrohúngaro, Zarista, Alemán, y Francia y Gran Bretaña. Las permanentes tensiones incluso provocaron el estallido de las Guerras Balcánicas en 1912 y 1913, que fueron la antesala de la Primera Guerra Mundial (PGM).

El asesinato de Franz Ferdinand, a manos del nacionalista serbio Gravrilo Princip, fue la excusa “ideal” para el desencadenamiento de la guerra. En poco tiempo, la península balcánica, como buena parte de Europa, se convirtió en un polvorín. Las contradicciones irresueltas entre el desarrollo de las fuerzas productivas al interior de las principales economías europeas, y la diferencial posesión de colonias hizo que estallara el enfrentamiento bélico que iba a costar millones de vidas.

Entreguerras

La finalización de la PGM modificó el mapa político y territorial balcánico a principios de 1919. Desaparecidos Austria-Hungría y el Imperio Otomano, surgió el reino de los serbios croatas y eslovenos (reino de Yugoslavia en 1929), Albania vio la luz como país independiente (aunque sujeto a tutela italiana), Rumania amplió su territorio a costa de lo que perdió Hungría, Bulgaria también se vio favorecida territorialmente a costa de Turquía, y Grecia mantuvo su status.

El periodo de entreguerras fue testigo de la fascistización de la mayor parte de los gobiernos balcánicos. En 1940, los reinos de Yugoslavia, Rumania y Bulgaria firmaron la adhesión al Pacto Tripartito, pero antes habían surgido formaciones políticas que sintonizaban ideológicamente con Adolf Hitler y Benito Mussolini, como los ustashas en Croacia, la Guardia de Hierro en Rumania, Zveno en Bulgaria y el gobierno de Ioannis Metaxas en Grecia.

Segunda Guerra Mundial

Las formaciones políticas de izquierda, especialmente los partidos comunistas, estaban prohibidos y actuaban en la más profunda clandestinidad. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial (SGM) salieron a la luz en Yugoslavia y Grecia, y jugaron un rol determinante en la lucha contra la invasión nazi-fascista y sus colaboradores. Los partisanos yugoslavos y griegos, además de llevar adelante una lucha de liberación nacional, se enfrentaron a las fuerzas reaccionarias autóctonas que pugnaban por mantener el status quo previo a la guerra.

En Yugoslavia resultaron vencedores y como consecuencia surgió un Estado socialista, pero en Grecia fueron derrotados tras duros años de guerra civil, y pudo entonces restablecerse la dominación político-económica previa a la SGM. En Bulgaria, Rumania y Albania, como consecuencia de la liberación de los territorios por parte del Ejército Rojo [con ayuda de los partisanos], se establecieron gobiernos socialistas.

Guerra Fría

Luego de la SGM y hasta principios de 1990, salvo en el caso de Grecia que se mantuvo bajo la órbita capitalista, el resto de los países balcánicos tuvieron regímenes socialiistas. Con diferentes matices, pues Yugoslavia no fue un satélite soviético como sí lo fueron Bulgaria, Albania y Rumania (desde la llegada de Nicolae Ceausescu al poder mantuvo una relativa independencia en política internacional); estos países fueron el escenario en donde surgió y se consolidó una “nueva clase” (2): la burocracia socialista. El proceso de expropiación de la burguesía trajo como resultado profundas transformaciones para la clase obrera y el conjunto de los trabajadores, pero terminó quedando trunco y en definitiva su fracaso fue la condición de posibilidad para el restablecimiento de la economía de mercado y el régimen político burgués.

La Perestroika y la Glasnost, las reformas económicas y políticas llevadas adelante en la Unión Soviética a mediados de la década de 1980, habían ido mostrando el camino para la restauración capitalista en los regímenes socialistas de los Balcanes. El premier soviético, Mijail Gorbachov, viabilizaba por medio de la Doctrina Sinatra (3) la posibilidad de que cada país socialista decidiera sobre su destino; los tanques rusos del Pacto de Varsovia ya no iban a invadir e interferir en la política interna de los “satélites” [para contrarrestar la interferencia de EEUU], como lo habían hecho anteriormente en Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968).

De vuelta a la economía de mercado

El relampagueante paso de una economía socialista a la de mercado conmovió a los habitantes de los Balcanes. La seguridad en materia socioeconómica, a pesar de todas las carencias que pudieran existir, se desvaneció de un día para el otro. En el caso yugoslavo, el pasaje del socialismo al capitalismo fue particularmente trágico pues costó la vida de miles de personas como consecuencia de distintas guerras civiles y fratricidas. Las guerras de desintegración de Yugoslavia, fogoneadas y usufructuadas desde el exterior, no sólo tuvieron como consecuencia la muerte de casi un cuarto de millón de personas, sino que además el pasado de convivencia y fraternidad entre los eslavos del sur fue gravemente dañado por una mitología nacionalista que pretendía y pretende sostener que las diferencias religiosas y nacionales provocan, por sí mismas, tensiones irreconciliables.

Las guerras civiles de Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y en el conflicto de Kosovo, con la intervención y bombardeo de la Organización de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), no fueron sólo consecuencia de los distintos intereses de los nacionalismos locales, ya fueran estos encabezados por históricos disidentes comunistas -como Franjo Tudjman en Croacia y Alija Izetbegovic en Bosnia- o encumbrados dirigentes que habían abandonado, ayer, la “ortodoxia” socialista y se habían volcado al campo del nacionalismo, como Milan Kucan en Eslovenia y Slobodan Milosevic en Serbia.

Las principales potencias imperialistas también jugaron un radical rol desestabilizador. Alemania, El Vaticano y muchos países europeos rápidamente reconocieron las independencias de Eslovenia, Croacia y Bosnia-Herzegovina, inhabilitando la negociación y promoviendo la desintegración. La venta ilegal de armas, la ayuda económica y la logística militar brindada a los nacionalismos croata, musulmán y albano-kosovar por parte de importantes gobiernos y organizaciones occidentales como la OTAN, Alemania y los EEUU de América no hicieron más que alentar el conflicto bélico. Luego, con el desastre consumado, terminaron jugando el rol de “garantes de paz” para terminar quedándose con buena parte del “botín”.

Actualmente, el capital alemán es mayoritario en los países de la ex Yugoslavia y el gobierno de Donald Trump tiene instalada en Kosovo la base militar estadounidense más grande fuera de los EEUU. Croacia, Eslovenia, Montenegro, Rumania, Grecia, Albania y Bulgaria son miembros de la OTAN, mientras que Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Serbia son aspirantes. Bien lejos parece haber quedado el Pacto de Varsovia y la autonomía en política internacional de la Yugoslavia de Tito, pero bien cerca la dependencia político-militar del imperialismo liderado por EEUU.

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Notas:

(1) Congreso convocado y regulado por las grandes potencias europeas para resolver los problemas que iban surgiendo como consecuencia del continuo debilitamiento del Imperio Otomano. Fue un intento de resolver las disputas imperialistas por medio de acuerdos diplomáticos.

(2) Milovan Djilas acuñó el término “nueva clase” para definir a ese estrato político que en la República Socialista Federativa de Yugoslavia fue acumulando poder y distanciándose del resto de la población. Djilas fue un partisano yugoslavo muy cercano a Tito en el marco de la Lucha Antifascista de Liberación Nacional de Yugoslavia, que terminó convirtiéndose en un disidente político.

(3) Término acuñado por Gennadi Gerásimov, portavoz oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, el 25 de octubre de 1989 durante una entrevista realizada para la televisión estadounidense.

* Diego Gómez es sociólogo e historiador, especialista en historia política de los Balcanes
El Furgón. Extractado por La Haine









http://www.lahaine.org/mundo.php/breve-historia-de-los-balcanes


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