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Aproximaciones a El siglo soviético de Moshe Lewin



El poder del hombre en el hogar era total y se esperaba de las mujeres que fueran pasivas en unas condiciones brutales transmitidas del padre al marido, además de ser a menudo las receptoras de una violencia autorizada. Las mujeres campesinas y trabajadoras se enfrentaban a un trabajo agotador y arduo en el campo y las fábricas, con la considerable carga adicional del cuidado de los hijos y las responsabilidades domésticas en un momento en que el parto era difícil y peligroso, la anticoncepción inexistente y la mortalidad infantil alta. Con todo, la implicación política de las mujeres en 1917 no vino de la nada. Rusia era una contradicción: junto a la pobreza, opresión y tiranía profundas sufridas por la mayoría del pueblo, la economía rusa había experimentado un boom en las décadas anteriores a 1905. Enormes fábricas modernas producían armas y tejidos, los ferrocarriles conectaban las ciudades en rápido crecimiento y las inversiones y técnicas procedentes de Europa produjeron un enorme aumento de la producción de hierro y petróleo. Estos cambios económicos espectaculares provocaron una enorme transformación social en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial: cada vez más mujeres campesinas empezaron a trabajar en las fábricas urbanas, impulsadas por la pobreza y alentadas por los empleadores, que al aumentar la mecanización generaron más empleos no calificados y preferían trabajadores "dóciles", lo que llevó a un aumento enorme de las mujeres que trabajaban en la producción de lino, seda, cerámica y papel. Las mujeres habían participado en las huelgas de las fábricas textiles en 1896, en las protestas en contra del servicio militar obligatorio antes de la guerra entre Rusia y Japón, y, lo que es fundamental, en la revolución de 1905 durante la cual las mujeres trabajadoras de las fábricas textiles, de tabaco y de dulces, junto con las trabajadoras domésticas y las lavanderas, se pusieron en huelga e intentaron crear sus propios sindicatos como parte de una revuelta generalizada.

Megan Trudell (2017)



Estábamos en las aproximaciones de Samir Amin la revolución de Octubre [1] del que dijimos que no se cortaba ni un pelo: "la Humanidad entera debe mucho a la Unión Soviética surgida de esta revolución, pues fue el Ejército Rojo, y solo él, el que derrotó a las hordas nazis". Y no sólo eso: "El modelo de la Unión Soviética, el de un estado plurinacional basado en el apoyo aportado por los menos necesitados a los más necesitados, sigue a día de hoy sin haber sido igualado".

Seguimos con algunas de sus reflexiones más importantes. Los asuntos están indicados en negrita [1]: 

1. El hundimiento

"No creo en ningún tipo de determinismo lineal infalible en la historia; las contradicciones que atraviesan a toda sociedad hallan siempre su solución en respuestas diversas por su contenido social, es decir, que cabía siempre la posibilidad de que el régimen soviético cayese a la derecha (y eso fue lo que sucedió) o que evolucionase (y cayese) hacia la izquierda. Esta última posibilidad, que ahora está excluida del porvenir inmediato, sigue sin embargo estando a la orden del día de la historia, no solo porque esta no tiene nunca un final, sino también y sobre todo porque dudo mucho que la solución de derechas que está en marcha pueda estabilizar a las sociedades del Este ni siquiera a medio plazo. Así pues, la lucha por encontrar otra solución a sus problemas continúa" 

2. La sociedad soviética

"Aunque, a mi modo de ver, era evidente que la sociedad soviética no era una sociedad socialista, me resultaba mucho más difícil calificarla en positivo. Para mí el socialismo implica algo más que la abolición de la propiedad privada (una definición negativa); implica positivamente unas relaciones laborales diferentes de las que definen el estatus de los trabajadores asalariados, unas relaciones sociales que permitan a la sociedad en su conjunto (y no solo a un aparato que actúa en su nombre) dominar y controlar su devenir socia, lo que a su vez implica una democracia avanzada, más avanzada que la mejor democracia burguesa. En ninguno de estos planos difería la sociedad soviética de la sociedad burguesa industrializada, y cuando se apartaba de ella era para peor, y su práctica autocrática la asimilaba en este plano al modelo dominante en los regímenes del capitalismo periférico" 

3. ¿Sociedad capitalista?

"Me negaba, sin embargo, a calificar a la URSS de capitalismo, pese al hecho de que su clase dirigente era -a mi modo de ver- burguesa. MI argumento es que el capitalismo implica la parcelación de la propiedad del capital, fundamento de la competencia, y que la centralización estatal de esta propiedad exige una lógica de la acumulación diferente. De manera complementaria, en el plano político, mi argumento es que la revolución de 1917 no fue una revolución burguesa, ni por el carácter de las fuerzas sociales que fueron sus actores ni por el de la ideología u el proyecto social de sus fuerzas dirigentes, y que esta es una realidad que no puede menospreciarse de ningún modo". 

4. Contra el lamento.

"Yo no he sido nunca uno de los que han lamentado la revolución de 1917 ("No había que hacerla, porque no existían las condiciones objetivas de una construcción socialista, había que quedarse en la revolución burguesa"). Pues a mi modo de ver la expansión mundial del capitalismo es polarizante, y por ello es inevitable que los pueblos que han sido sus víctimas -en la periferia del sistema- se rebelen contra sus consecuencias. No es concebible otra opción que la de estar con estos pueblos en su rebelión. Detenerse en la revolución burguesa es traicionar a estos pueblos ya que el capitalismo necesariamente periférico que resultaría de ello no permite dar respuestas aceptables a los problemas que han motivado su revuelta". 

5. Las dos tesis.

"Las dos tesis que me parecen importantes en el análisis de la evolución soviética, y que desde siempre comparto (con una minoría, es cierto) de la izquierda comunista con las siguientes.

1. Que la colectivización, tal como la puso en práctica Stalin a partir de 1930, rompió la alianza obrera y campesina surgida de 1917 y abrió la vía, mediante el fortalecimiento del aparato autocrático del estado, a la formación de la "nueva clase", la burguesía de Estado soviética.

2. Que el leninismo, debido a algunas de sus propias limitaciones históricas, había preparado (involuntariamente) el terreno para que se cometiera ese error fatal. Entiendo por ello que el leninismo no rompió radicalmente con el economicismo de la II Internacional (por consiguiente, todo hay que decirlo, con el del movimiento obrero occidental); entre otras cosas, por ejemplo, lo atestiguan sus concepciones relativas a la neutralidad social de las tecnologías.

La sociedad de la larga transición tiene que hacer frente de forma clara y evidente a unas exigencias contradictorias; por un lado, tiene en cierto modo que "ponerse al día", en el sentido llano y banal de que tiene que desarrollar las fuerzas productivas; por otro lado, se propone -en su tendencia hacia el socialismo- "hacer otra cosa", es decir, construir una sociedad liberada de la alienación economicista que, por su propia naturaleza, sacrifica a "las dos fuentes de riqueza", el ser humano (reducido a una fuerza de trabajo) y la naturaleza (considerada como un objeto inagotable de la explotación humana). ¿Puede hacerlo? Siempre he pesando que la respuesta a esta pregunta era positiva, pero difícil; constituye un compromiso pragmático a desarrollarse progresivamente en el buen sentido ("hacer otra cosa"). El economicismo del leninismo contenía en germen una opción que iba a dar progresivamente preferencia al objetivo de "ponerse al día" por encima del de "hacer otra cosa". 

6. Adhesión al maoísmo.

Mi adhesión -desde 1958- al maoísmo, y después -desde 1966- a la revolución cultural, de la que no reniego, procede este análisis de que el leninismo no había roto de manera suficiente con el economicismo occidental (Lo he formulado manifestando mi asombro de que el propio Lenin se sorprendiera en 1914 por la traición de Kautsky). Me adherí, pues, a la tesis según la cual Mao procedía a un verdadero retorno a Marx, deformado por el movimiento obrero occidental (y el imperialismo no había sido un factor secundario en esta deriva) antes de serlo (y de continuar siéndolo, parcialmente) por el leninismo.

El maoísmo proponía, pues, una crítica del estalinismo desde la izquierda, mientras que Kruschov lo había hecho por la derecha… Kruschov decía: en estas condiciones nos pondremos más rápidamente al día. Mao decía: en cada etapa, no hay que perder nunca de vista el objetivo final. Este era el verdadero significado de la consigna "situar la política en el puesto de mando" (un significado que no tiene nada que ver con la acusación -fácil- de voluntarismo)… No pensaba que hacer concesiones a las leyes del mercado -dar más poder a los directores de las empresas, fomentar la competencia entre ellos- haría progresar ese poder social del pueblo. ¿Estaba equivocado? No estoy diciendo que no hubiera que hacer concesiones al mercado… Pero era sobre todo preciso acompañarlas de una democratización política, reforzar el poder real de los trabajadores en dicha democracia en detrimento de los poderes de la burguesía de los "tecnócratas" y supervisar el mercado mediante una política de Estado firme basada en la ley del valor de la transición socialista". 

Lo dejamos aquí por el momento. Un poco más de Samir y de Octubre en la próxima entrega. 

Nota:

1) Tomo pie en Samir Amin, Octubre 1917, Vilassar de D’Alt, El Viejo Topo, 2017 (traducción de Josep Sarret) y en Samir Amin, Rusia en la larga duración, Vilassar de D’Alt, El Viejo Topo, 2017.





https://www.rebelion.org/noticia.php?id=229115


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