Un vasto mundo de guerras perdidas - Periódico Alternativo

Titulares

06 julio 2017

Un vasto mundo de guerras perdidas



Operaciones especiales en todo el planeta

TomDispatch

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

Grupos comando por todas partes

Introducción de Tom Engelhardt

Si el lector quiere una cifra, pruebe 194. Este es el número de países que hay en el planeta Tierra (ponga o quite uno o dos). El informe de Nick Turse que publicamos hoy habla de una cifra relacionada que le dejará boquiabierto; por lo menos 137 de esos países (el 70 por ciento de ellos) ya tienen algo en común en este 2017, y todavía no hemos completado la mitad del año*. Estos países comparten la experiencia de tener unidades de las fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) estadounidenses desplegadas en su territorio. Supuestamente, en este guarismo no están incluidos Rusia, China, Irán, Andorra o Mónaco (a menos que vigilar los casinos del mundo sea una novedosa prioridad nacional para nuestro presidente afecto al capitalismo de timba). Aun así, son la evidencia de la gran apuesta que el militarismo de casino ha hecho en estos años: que unas fuerzas de elite de operaciones especiales puedan hacer lo que el resto de las fuerzas armadas de Estados Unidos no han podido: conseguir un triunfo en un conflicto, o en un par de ellos. 

Podemos pensar que en estos años el Comando de Operaciones Especiales (o SOCOM) ha ganado el premio mayor de la lotería. De los pocos miles de soldados de elite que tenía a sus órdenes en los ochenta ha crecido hasta los 70.000 de estos momentos; esto es, una fuerza mayor que los ejércitos de muchos países. Por lo menos, 8.000 de ellos están asaltando, adiestrando y asesorando en el extranjero en cualquier momento dado. De hecho, es estos días es casi seguro que si la guerra estadounidense se intensifica en algún sitio del mundo, las FOE están allí desempeñando un papel central. Por ejemplo, en Siria, hace un año, había 50 operadores especiales ayudando a las distintas fuerzas que luchaban contra el Daesh. Ahora, cuando se intensifica la batalla por la ‘capital’ del Califato, esa cifra se ha elevado a 500 y, obviamente, continúa creciendo (algo parecido ocurre en Irán; sin duda, después de que el Pentágono despache en los próximos meses su último mini-contingente de personal a Afganistán, también en este país. 

En cuanto al dinero, el SOCOM ciertamente ha ganado en la versión Pentágono de la ruleta Por supuesto, en esa versión, todos ganan (aunque algunos son más ganadores que otros). Entre 2001 y 2014, la asignación presupuestaria de las FOE se incrementó en un nada modesto 21,3 por ciento y, desde entonces, no ha parado de crecer. 

Solo hay una categoría en la que la apuesta por las FOE ha pasado a ser cualquier cosa menos una mano ganadora; este es el tema del más reciente informe de Nick Turse, colaborador habitual de TomDispatch, sobre las operaciones que realiza el SOCOM en todo el mundo. Estoy hablando de victorias reales, no exactamente un ganador de una categoría para las fuerzas armadas de Estados Unidos en el siglo XXI. De paso, dado el astronómico aumento y usos de la Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos y su centralidad en la historia de la fuerzas armadas estadounidenses en los casi 16 últimos años, ¿no está el lector un poco sorprendido de que el mejor reportaje sobre este fenómeno es imposible encontrarlo en los medios hegemónicos pero sí entre los informes de Nick Turse paraTomDispatch?

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En 2017, las tan trotamundos Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU están desplegadas en 137 países

En la insignia que llevan en el hombro se puede leer ‘Fuerzas especiales’, ‘Ranger’, ‘Aerotransportadas’. Y pronto después su banderín –los ‘colores’ de la Compañía B, 7º grupo de las Fuerzas Especiales del 3er Batallón de Ejército de Estados Unidos– estaría adornado con la ‘Bandera de Guerra’**, una condecoración de combate colombiana.

“Hoy recordamos los 16 años de lucha permanente contra las drogas en una ceremonia en la que todos los colombianos pueden reconocer el último trabajo de la brigada especial antinarcóticos contra el tráfico de drogas”, dijo el coronel Walter Jiménez, comandante de la Brigada Especial Antidrogas del ejército colombiano, el pasado diciembre. Las tropas más selectas de Estados Unidos, las fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, por sus siglas en inglés), han operado con esa unidad colombiana desde su creación en diciembre de 2000. Desde 2014, cuatro equipos de soldados de las FOE han controlado sin cesar a la brigada. Ahora, era honrada por ello.

Formando parte de los 10.000 millones de dólares que el programa antinarcóticos y contraterrorismo creado en los noventa, las acciones de las FOE en Colombia son protagonistas de una historia de hollywoodienses éxitos de EEUU. Un estudio realizado en 2015 por la Corporación RAND encontró que el programa “representa un perdurable esfuerzo de asociación de las FOE para tratar de ayudar a formar una fuerza de operaciones especiales relativamente profesional y competente”. En ese tiempo, la producción de coca en ese país cayó en picado. Ciertamente, esta era la promesa máxima del ‘Plan Colombia’** y de los esfuerzos que derivaron de él. “En el plazo más largo, podemos esperar que veamos más erradicación de drogas y un aumento en la prohibición de sus embarques ilegales”, predijo el presidente Bill Clinton en enero de 2000.

Sin embargo, hoy, más de 186.000 hectáreas de tierra colombiana están cubiertas con plantaciones de coca, más que durante el apogeo –en los ochenta– del poder del tristemente famoso rey de la coca Pablo Escobar. El aumento de muertes por sobredosis de cocaína en Estados Unidos ya lleva 10 años, y por primera vez desde 2013 su consumo entre los adultos ha llegado al 61 por ciento. “Los resultados de investigaciones recientes sugieren que el consumo de cocaína podría estar resurgiendo como problema de salud pública en Estados Unidos”, escribieron algunos investigadores de la administración estadounidense de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias en un estudio publicado en diciembre de 2016, justo después de que los Boinas Verdes asistieran a aquella ceremonia en Colombia. La cocaína, escribieron los autores del estudio, “quizás esté regresando”.

De ninguna manera Colombia es una anomalía si nos referimos al despliegue de las FOE de EEUU o de los resultados que de ello se desprenden. Con todas las aptitudes, destrezas tácticas, habilidades en el adiestramiento y logros en los campos de batalla, la capacidad de las fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos para conseguir éxitos decisivos y duraderos –victorias estratégicas que sirvan a los intereses nacionales de EEUU– han resultado sumamente limitadas; una realidad que ha quedado al descubierto tanto en Afganistán como en Iraq y tanto en Yemen como en Filipinas.

La culpa de esto no tiene que ver con las tropas mismas sino con un establishment político-militar que muy a menudo aparece desprovisto de una visión estratégica y no ha ganado una guerra importante desde los años cuarenta del pasado siglo. Desde entonces, las fuerzas de elite estadounidenses han sido empleadas una y otra vez. Mientras los comandantes de las FOE quizás han hecho saber sus preocupaciones en relación con el tempo de las operaciones y las presiones vividas por la fuerza, han fracasado en el cuestionamiento de temas más importantes como la raison d’être de las FOE, mientras los organismos de supervisión de Washington –sobre todo la comisiones de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representes y el Senado– han fallado sistemáticamente en aquello que fuera plantear preguntas espinosas sobre la utilidad estratégica de las fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos.

Las FOE en la guerra

“Operamos y combatimos en todos los roncones del planeta”, se jacta el general Taymond Thomas, jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (USSOCOM o SOCOM, por sus siglas en inglés). “Sostenemos diariamente un despliegue o una fuerza en puestos de avanzada de unos 8.000 hombres en 80 o más países. Estas unidades están realizando todo tipo de misiones propias de las FOE, tanto en situaciones de combate como de otro tipo.” Sin embargo, estas cifras dan a entender solo una parte de la verdadera dimensión y alcance de las acciones globales de las FOE. El año pasado, las fuerzas más escogidas de EEUU estaban realizando diversas misiones en 138 países –aproximadamente el 70 por ciento de las naciones del planeta– según los guarismos proporcionados a TomDispatch por el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos. Asombrosamente, a mediados de este 2017, los grupos comando estaban desplegados en 137 países, según Ken McGraw, portavoz del SOCOM .

Al Comando de Operaciones Especiales se le ha encomendado la tarea de llevar a cabo 12 misiones básicas que van desde la contrainsurgencia y la guerra no convencional hasta el rescate de rehenes y la neutralización de la proliferación de armas de destrucción masiva. Sin embargo, es posible que el contraterrorismo –la lucha contra las que el comando denomina organizaciones extremistas violentas (VEO, por sus siglas en inglés)– sea la actividad por la que las FOE de EEUU son más conocidas desde el 11-S. “La amenaza planteada por las VEO sigue siendo la más alta prioridad para el USSOCOM, tanto en la atención como en la acción”, dice Thomas.

“Las FOE son el principal esfuerzo, o el más importante trabajo de apoyo de las operaciones estadounidenses centradas en las organizaciones extremistas violentas que se realizan en Afganistán, Syria, Iraq, Yemen, Somalia, Libia, toda el África subsahariana, Filipinas, Centroamérica y América del Sur; fundamentalmente, cualquier lugar donde se encuentren al-Qaeda y el Daesh que opera en Iraq y Siria...”.

Más agentes especiales están desplegados en Oriente Medio que en cualquier otra región. Un número importante de ellos están asesorando a las fuerzas del gobierno iraquí y a los combatientes del Kurdistán iraquí como también a los del YPG (Unidad de Protección Popular) kurdo y a varias fuerzas árabes que luchan en Siria, según Linda Robinson, una importante analista de política internacional que trabaja para la RAND Corporation y pasó siete semana en Iraq, Siria y países vecinos a comienzos de este año.

Cuando no están salvando vidas en Iraq y Siria, las fuerzas de elite de Estados Unidos, a menudo están envueltas en alguna acción letal. “A las FOE de EEUU les han... endosado un nuevo papel, el de coordinar el fuego de apoyo”, escribió Robinson. “Este fuego de apoyo es incluso más significativo para las Fuerzas Democráticas Sirias, la más importante fuerza –integrada por irregulares armados muy ligeramente– en el terreno que combate al Daesh en Siria.” De hecho, un vídeo filmado a principios de este año, que fue analizado por el Washington Post, muestra a agentes especiales “en la función de observadores para los que podrían ser ataques aéreos estadounidenses realizados por bombarderos A-10” en apoyo de las Fuerzas Democráticas Sirias que combaten por la ciudad de Shadadi.

Hoy en día, en relación con el despliegue de operadores especiales, África está en segundo lugar. Esto es así debido al crecimiento exponencial de las misiones realizadas allí en los últimos años. En 2010, solo el 3 por ciento de los grupos comando de EEUU desplegados en el mundo era enviado a África. En estos momentos, ese número llega a más del 17 por ciento, según información del SOCOM. El año pasado, las FOE de Estados Unidos han sido enviadas a 32 países africanos, alrededor del 60 por ciento de los de ese continente. Tal como informé recientemente en VICE News, en cualquier momento dado, los Boinas Verdes, es decir, los grupos SEAL de la Marina de EEUU, y otras unidades especiales están hoy día realizando cerca de 100 misiones en 20 países africanos.

En mayo, por ejemplo, integrantes de los SEAL estaban trabajando en una “operación de asesoramiento y ayuda” junto con miembros del ejército de Somalia cuando fueron atacados. Kyle Milliken fue muerto y otros dos estadounidenses, todos del SEAL, resultaron heridos en un intercambio de disparos que también, según el portavoz de AFRICOM Robyn Mack, provocó la muerte de tres militantes de al-Shabaab. Asimismo, unidades de EEUU están destacadas en Libia para recoger información de inteligencia que permita realizar ataques en las mejores condiciones contra el Daesh que opera allí. Se dice que en operaciones que tuvieron lugar en África Central contra el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés, una brutal milicia que ha aterrorizado la región durante décadas y cuya actividad ha sido reducida recientemente, un grupo comando de EEUU ha matado a un integrante del LRA hace menos de dos mese, en abril.

Adiestramiento de primavera

Lo que el general Thomas llama “aumentar la capacitación de las naciones asociadas” es la columna vertebral de la actividad de su comando en el mundo. Todos los días, las tropas más escogidas de Estados Unidos realizan misiones de adiestramiento para afinar sus técnicas, las de sus aliados y las de las fuerzas que actúan por delegación en todo el planeta.

Por ejemplo, el pasado enero, los Boinas Verdes y un grupo de paracaidistas japoneses realizaron instrucción aerotransportada cerca de Chiba, Japón. En febrero, los Boinas Verdes asesoraron a reclutas del Consejo Militar Manbij, una unidad de combate compuesta por mujeres kurdas, árabes, cristianas, turcomanas y yasadíes; esto fue en el centro de entrenamiento de Sanaa, en el noroeste de Siria. En marzo, una unidad de Boinas Verdes –que se mueve con trineos– enviada a Laponia, Finlandia, trabajó con fuerzas locales para aumentar sus destrezas militares en entornos fríos. El mismo mes, agentes especiales y más de 3.000 soldados de Canadá, República Checa, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Kosovo, Lituania, Macedonia, los países Bajos, Eslovenia y el Reino Unido participaron en maniobras de adiestramiento táctico en Alemania.

En aguas de Kuwait, agentes especiales se unieron a unidades de elite de los países del Consejo de Cooperación del Golfo [Pérsico] para realizar ejercicios que simulaban una respuesta rápida al secuestro de un petrolero. En abril, tropas de las FOE viajaron a Serbia para adiestrar a una unidad local de lucha antiterrorista. En mayo, miembros de la Fuerza Conjunta de Operaciones Especiales-Iraq realizaron maniobras con la fuerza de operaciones especiales iraquí cerca de Bagdad. Ese mismo mes, 7.200 militares, entre ellos personal de la Fuerza Aérea de EEUU, integrantes de unidades de operaciones especiales de Italia, miembros de la Fuerza de Tareas Especiales de Jordania –el país anfitrión– y soldados de más de una docena de países, participaron en el ejercicio Eager Lion; el ejercicio comprendía desde el asalto a barracones con prisioneros hasta tareas de ciber-defensa. Por otra parte, un grupo SEAL trabajó en el adiestramiento de submarinistas junto con fuerzas de operaciones especiales griegas en la bahía de Souda, mientras otros se encontraron con tropas de la OTAN en Alemania como parte del ejercicio Saber Junction 17 para adiestramiento en operaciones terrestres, entre ellas el simulacro de una “misión detrás de las líneas del enemigo” en un pueblo europeo simulado”.

#Ganar

“En las últimas tres décadas, hemos estado en la vanguardia de las operaciones de la seguridad nacional, incluso el combate sin cesar en las últimos 15 años y medio”, le dijo Thomas –del SOCOM– el mes pasado a la subcomisión de Servicios Armados sobre Amenazas Emergentes y Capacidades de la Cámara de Representantes. “Este histórico periodo ha sido la base sobre la que se asientan algunos de nuestros mayores éxitos, pero también la fuente de nuestro mayor desafío: la preparación sostenida de esta magnífica fuerza.” Aun así, las FOE, con toda su magnificencia y todos sus éxitos, con todas las ceremonias de celebración a las que han asistido, las guerras, las intervenciones y otras acciones en las que han servido como la punta de la lanza estadounidense han sufrido muchas derrotas, y han tenido numerosos traspiés y fracasos.

Después de sus primeros éxitos en Afganistán en la estela de los ataques del 11-S, la fuerza de elite se convirtió en víctima del fracaso de Washington para declararse victoriosa y regresar a casa. Como resultado de ello, durante los últimos 15 años, los grupos comando de Estados Unidos han estado asaltando casas, recurriendo a ataques aéreos, adiestrando fuerzas locales y guerreando implacablemente contra una lista cada vez más larga de grupos terroristas en ese país. Con todos los esfuerzos tanto de las FOE como de las fuerzas armadas convencionales hermanas y los aliados locales afganos, la guerra está ahora, según el comandante en jefe de Estados Unidos en Oriente Medio, en un “punto muerto”. Esta es una forma cortés de decir lo que descubrió un informe para el Congreso redactado hace poco tiempo por el Inspector Especial para la Reconstrucción de Afganistán: las zonas que no responden a la autoridad central o están “controladas o influidas por los insurgentes” han subido de un notable 28 por ciento en 2015 a el 40 por ciento.

La guerra en Afganistán empezó con las acciones destinadas a capturar o matar a Osama bin Laden. Habiendo fracasado en esta misión tras el 11-S, las fuerzas de elite de Estados Unidos continuaron dando patinazos hasta que en la década siguiente bin Laden se encontró con su destino. Finalmente, en 2011, un comando SEAL de la marina lo acorraló en una casa en Pakistán en la que vivía desde hacía tiempo y acabó con él. Desde entonces, los agentes especiales que participaron en la operación y los personajes de poder de Washington (por no hablar de Hollywood) no han cesado de vender este único éxito táctico.

En una entrevista de Squire, Robert O’Nell, el SEAL que metió dos balas en la cabeza de bin Laden, confesó que él se unió a esa unidad de elite debido a una frustración que había vivido cuando era adolescente, un despecho amoroso. “Es por esa razón que al Qaeda fue diezmada”, bromeó; “porque ella me rompió el maldito corazón”. Pero al Qaeda no fue diezmada; todo lo contrario, según Ali Soufan, ex agente especial del FBI y autor de Anatomy of Terror: From the Death of Bin Laden to the Rise of the Islamic State (Anatomía del terror: de la muerte de bin Laden al surgimiento del Estado Islámico). Como él observó hace poco tiempo, “Mientras que, el 11-S, al Qaeda tenía apenas algunos centenares de integrantes, la mayor parte de ellos con base en un solo país, en este momento disfruta de muchos refugios seguros en todo el mundo”. De hecho, señala Soufan, desde la muerte de bin Laden los grupos terroristas se han hecho más fuertes.

Año tras año, las FOE de Estados Unidos se han enfrentado con nuevas oleadas de combatientes en varios continentes, entre ellas organizaciones terroristas que no existían el 11-S. Según se dice, todos los militares estadounidenses muertos en Afganistán en 2017 murieron combatiendo contra alguna franquicia del Daesh que empezaron a operar allí hace apenas dos años.

Otro ejemplo: la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos propició el meteórico crecimiento de un grupo afiliado a al Qaeda, lo que a su vez hizo que el hermético Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés) de las fuerzas armadas –lo más escogido de las fuerzas de elite de EEUU– creara una verdadera maquinaria para la búsqueda y captura de hombres diseñada para matar a su jefe Abu Musab al-Zarqawi y acabar con su organización. Como pasó con bin Laden, finalmente los agentes especiales dieron con él y lo eliminaron; en el proceso, castigaron duramente a su organización, aunque nunca acabaron con ella. Atrás quedaron unos cuantos elementos endurecidos en la lucha que más tarde crearon el Daesh e hicieron lo que al Qaeda jamás pudo hacer: apoderarse de vastas franjas de territorio en dos países y mantenerlas en su poder. Mientras tanto la rama siria de al Qaeda creció hasta convertirse en una fuerza autónoma de más de 20.000 hombres.

En Yemen, después de más de 10 años de involucramiento de bajo perfil de las FOE, el país se tambaleó al borde del colapso en medio de una guerra llevada adelante –con el respaldo de Estados Unidos­– por Arabia Saudí. Las continuas misiones de las FOE realizadas en ese país –intensificadas recientemente– aparentemente no han hecho nada que modificara la situación. Del mismo modo, en Somalia –en el Cuerno de África– las fuerzas de elite estadounidenses continúan complicadas en una guerra interminable contra diversos combatientes.

En 2011, el presidente Obama puso en marcha la operación Observant Compass (observador de la brújula) despachando algunas FOE para ayudar a unas unidades que combatían por delegación en la República Centroafricana en una acción para capturar o matar a Joseph Kony y aniquilar su criminal Ejército de Resistencia del Señor (LRA), que por entonces contaba con entre 150 y 300 hombres armados. Después de buena parte de una década y 800 millones de dólares, 150 integrantes del grupo comando estadounidense fueron retirados esta primavera (la del hemisferio Norte), y sus oficiales asistieron a una ceremonia para recordar el final de la misión. Sin embargo, Kony nunca fue capturado ni asesinado y en este momento se estima que el LRA cuenta con entre 150 y 250 combatientes, prácticamente la misma cantidad que tenía cuando se inició la operación.

Esta sucesión de futilidades se repite también en Asia. “Las Fuerzas Especiales de EEUU han estado proporcionando apoyo y ayuda en la parte sur del archipiélago de Filipinas durante muchos años, atendiendo al pedido de diferentes administraciones filipinas”, declaró a principios de junio Emma Nagy, portavoz de la embajada de Estados Unidos en Manila. Ciertamente, durante más de una década las acciones esfuerzo de las FOE en ese país han sido saludadas como un éxito importante. La operación Freedom Enduring (libertad duradera) en Filipinas, escribió Linda Robinson, analista de RAND, a principios del año pasado en el periódico del Pentágono Prism, “tenía como objetivo posibilitar que las fuerzas de seguridad filipinas combatieran contra los grupos terroristas internacionales en la conflictiva región de Mindanao”.

En 2016, un informe de RAND realizado en coautoría por Robinson concluía así: “... las actividades de la FOE de EEUU preemitieron que el gobierno filipino redujera sustancialmente la amenaza del terrorismo transnacional en el sur de Filipinas”. Sin embargo, el pasado mayo, combatientes del Daesh invadieron la ciudad de Marawi, un importante centro urbano de Mindanao. Mantuvieron en su poder partes de la ciudad durante semanas a pesar de un decidido contraataque de soldados filipinos apoyados por las FOE estadounidenses. En estas acciones, amplias zonas de la ciudad fueron reducidas a escombros.

En el límite de sus fuerzas

El general Tomas, de las fuerzas de elite de Estados Unidos, le dijo el mes pasado a los congresistas que “... están absolutamente comprometidas con la victoria, tanto en las luchas actuales como en las futuras”. Aunque, en realidad, de guerra en guerra y de intervención en intervención, desde la ceremonia de la Brigada Anti-Droga en Florencia, Colombia, hasta el final de la caza de Kony en Obo, República Centroafricana, hay muy poca evidencia que incluso acciones duraderas realizadas por las FOE acaben en victorias estratégicas o mejoras en los resultados de la seguridad nacional. Aun así, a pesar de esas realidades de las ‘botas sobre el terreno’, las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales y sus misiones no hacen otra cosa que crecer.

“Estamos... agradecidos por el apoyo del Congreso por la necesaria provisión de recursos que, a su vez, ha resultado en un SOCOM relevante ante todas las amenazas actuales y futuras que enfrenta la nación”, le dijo Thomas en mayo a la comisión Servicios Armados del Senado. Ciertamente, la provisión de recursos ha estado siempre disponible. El presupuesto anual del SOCOM ha saltado de los 3.000 millones de 2001 a más de 10.000 millones en este momento. Sin embargo, la supervisión ha fallado seriamente. Ningún miembro de las comisiones de Servicios Armados de la Cámara de Representantes o del Senado ha preguntado por qué, después de más de 15 años de guerra, la victoria en “las luchas actuales” ha resultado tan esquiva. Ninguna de ellos ha sugerido que ese “apoyo” del Congreso deba se reconsiderado teniendo en cuenta los contratiempos habidos tanto en Afganistán como en Iraq, tanto en Colombia como en la República Centroafricana, tanto en Yemen como en el sur de Filipinas.

Según se informó, en los últimos y decaídos días de la administración George W. Bush, las FOE estaban desplegadas en 60 países de todo el mundo. En 2011, con el presidente Barack Obama, ese número se infló hasta llegar a los 120. Durante el primer años y medio de la administración Trump, los grupos comando estadounidenses ya están en 137 países, con soldados de elite enredados en conflictos que van desde África hasta Asia. “Muchas de las unidades de FOE se emplean en el límite de su capacidad”, les dijo Thomas a los miembros de la comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes el pasado mayo. De hecho, durante cierto tiempo, algunos integrantes de esas fuerzas –aún en el servicio activo o ya retirados– han estado haciendo sonar la alarma sobre el nivel de tensión que viven las FOE.

Sin embargo, ese nivel de despliegue de las fuerzas y la falta de resultados estratégicamente significativos no han hecho que Washington se formule preguntas fundamentales sobre la forma en que Estados Unidos emplea a sus fuerzas de elite, mucho menos aún sobre la raison d’être del SOCOM. “La nuestra es una fuerza de grupos comando en guerra y continuaremos siéndolo en el futuro inmediato”, explicó Thomas, del SOCOM, la comisión de Servicios Armados del Senado. Ninguno de sus miembros preguntó para qué ni con qué finalidad.

* El original en inglés de esta nota fue publicado el pasado 25 de junio. (N. del T.)

** En castellano en el original. (N. del T.)

Nick Turse es director de edición de TomDispatch e integrante del Nation Institute; también colabora con Intercept. A su libro Tomorrow's Battlefield: U.S. Proxy Wars and Secret Ops in Africa se le concedió el American Book Award de 2016. Su libro más reciente es Next Time They’ll Come to Count the Dead: War and Survival in South Sudan. Su sitio web es NickTurse.com.


Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228790


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