22 enero 2015

EL SALVADOR. 1932: los paradigmas culturales del genocidio


VOCES. ENERO 22- 2014. El 22 de enero de 1932, es una fecha que se recuerda con mucho dolor en la historia de El Salvador.

Durante el régimen militar del General Maximiliano Hernández Martínez los municipios de Ahuachapán, Tacuba, Izalco, Nahuizalco y Juayúa sufrieron uno de los sucesos más brutales que marcarían la historia de este país. Las comunidades indígenas de la zona occidental pagaron el precio de la insurrección del 32..

La Dirección de Pueblos Indígenas de la Secretaría de Cultura abrió un espacio de diálogo y discusión -del levantamiento y posterior genocidio del 32- con el panel fórum titulado: “1932: paradigmas culturales del genocidio”.

En la actividad participaron Alonso García, representante de la Cofradía del Padre Eterno de Izalco; y Juliana Ama de Chile, presidenta de la Fundación Feliciano Ama, quienes realizaron sus exposiciones para generar un espacio de reflexión y debate, buscando replantear el tema de los paradigmas culturales que aún se encuentran latentes en los y las salvadoreñas, producto del genocidio de 1932.

A efectos de generar la intervención de los sectores involucrados en el desarrollo de este tema, se contó con participación de Heriberto Erquicia, director del museo Dr. David J. Guzmán; Jorge Jiménez, director de Desarrollo Social del Ministerio de Relaciones Exteriores y el director de Pueblos Indígenas de Secultura, Gustavo Pineda.



UN POCO DE HISTORIA:

La Gran Depresión, que siguió de la caída de la bolsa de valores de Wall Street en noviembre de 1929, fue catastrófica para El Salvador. El mercado del café se derrumbó y con él, la economía del pequeño país. Los pobres sin tierras entraron en una desesperación y las tensiones aumentaron entre campesinos y la minoría elitista de terratenientes.

En diciembre de 1931, un golpe militar remplazó al gobierno laboral del Presidente Araújo por el dictador General Maximiliano Hernández Martínez. Un mes después, por la noche de enero 22 de 1932, miles de campesinos indígenas en la miseria participaron en una rebelión dirigida por Agustín Martí y apoyada por el partido comunista de El Salvador.

La escala de la represión del gobierno al fallar la rebelión no tenía precedente alguno en la historia del país. El ejército, la policía, la Guardia Nacional y las fuerzas privadas de los propietarios de hacienda emprendieron a una orgía de masacre durante una semana entera. Los líderes de la insurrección que incluían a Agustín Farabundo Martí fueron capturados y ejecutados por la escuadrilla.

Durante “la Matanza”, a cualquier persona vestida con ropas indígenas o a cualquier sospechoso de estar asociado con la rebelión fusilaban. En algunos casos, aldeas enteras desaparecieron. Las cifras exactas nunca se han dado a conocer, pero se estima que entre 10,000 y 30,000 personas fallecieron. La dictadura insistió que solamente 2000 fueron matados.

Para la población indígena de El Salvador, los efectos de la masacre sobrepasaron los límites de los muertos. Llegó a ser cada vez más peligroso ser identificado como indígena—el traje tradicional, su lenguaje y costumbres desaparecieron casi por completo.
http://migenteinforma.org/?p=27545

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