Yolanda Magaña
Editora de Política
La firma de los Acuerdos de Paz fue trascendental para esa generación joven, a la que pertenezco, que cumplía en aquel entonces los 18 años. Era la oportunidad para que mi generación dejara de sentir el miedo que tenían padres y madres de elegir y para que pusiera en práctica lo que siempre había anhelado la población en El Salvador: una elección libre, el primer síntoma de una democracia. Por eso, 1994 fue para mí una experiencia que no olvidaré. No solo porque ya no tendríamos ofensivas finales, cochebombas frente a la casa o cateos militares, sino porque jóvenes como yo estrenaban su derecho a elección con la seguridad de que su voluntad no se la cambiarían en las urnas. Una gran cosa. Ese capítulo en El Salvador fue muy valioso para todos los salvadoreños, de izquierda, de derecha, de centro e incluso para quienes dicen carecer de una ideología política existente. Incluso para los militares. Para todos.
Por eso, la elección del 1 de marzo me ha dejado algo más que un sinsabor, es una sensación parecida a la decepción e impotencia que se siente después de un asalto o al menos después de haber extraviado un bien valioso. Llegué temprano a la urna 559 del parque Carlos Álvarez Pineda, un centro de votación en donde hay escasamente cinco urnas y no es tan difícil encontrarse, y menos memorizarse el número correlativo y la JRV. La presidenta de mi JRV era una joven de rizos muy amable que en segundos armó plática sobre mi segundo nombre mientras esperaba que un par de vecinos ejercieran aquel tan preciado derecho. Al final, marqué cruzado, por primera vez.
Lo genial de votar cruzado, pensé, es que puedo verificar si mi voluntad expresada en esa papeleta ha sido respetada. Nunca dudé de que así sería. Pero me emocionaba hacer esa verificación. Así, una de mis primeras tareas, luego de que el Tribunal Supremo Electoral empezara a subir las actas de cada JRV era revisar aquella acta de la JRV 559 del parque Carlos Álvarez Pineda.
En esa acta, que puede ser encontrada en el sitio elecciones 2015.tse.gob.sv aparecen las marcas por partido de cada uno de los 96 votos cruzados que se registraron en esa urna. Por ejemplo, si alguien votó por dos personas de diferentes partidos en el acta aparecen en diferentes casillas sus marcas (2) y el detalle: partido A (1), partido B (1). Es genial: usted puede encontrar la combinación exacta que hizo aquel 1 de marzo y ver si a alguien más se le ocurrió hacer la misma combinación de marcas.
Pero la combinación que esa mañana elaboré, con aquel crayón negro, nunca apareció. Vi algunas muy similares, pero ninguna igual. Con gran decepción, concluí que mi JRV irrespetó mi derecho de elección cuando escribió aquella acta. No sé si fue un error involuntario de aquellos cuatro jóvenes miembros de mi JRV, un lapsus por el cansancio que les provocaba contar votos cruzados –luego de contar votos de diputados de Parlacen– o si hubo –ojalá no sea así– una intención. Me pareció tan grave que empecé a buscar consultar a compañeros de trabajo que, igualmente, habían ejercido un voto cruzado. Y aún no lo puedo creer: los primeros dos a quienes consulté –uno está a mi izquierda y otro a mi derecha– no encontraron aquella combinación de marcas que hicieron el 1 de marzo. Empezamos a ver algunos errores en las actas. Por ejemplo, en una acta no había totales registrados de votos cruzados y el candidato no partidario no tenía ningún número y tampoco la raya usual que se traduce en cero marcas. La primera reacción que tuve fue decir Nunca vuelvo a votar cruzado. Pero creo que pensar así es un error. El voto cruzado es un derecho ahora existente que debe respetarse y seguirse respetando. Es básico para la democracia y es irreversible. Los salvadoreños demostraron, el domingo 1 de marzo, que esta forma de elegir es un derecho ejercido por personas de izquierda, de centro o de derecha, que podrían buscar la mejor combinación de su ideología u optan por criterios de honradez, honestidad, humildad y son capaces de ver idoneidad en partidos políticos diferentes. Pero el 1 de marzo este tipo de voto parece haber sufrido un revés, fruto de las confusiones, de la falta de información o de una intención. No sé.
http://migenteinforma.org/?p=28172

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