13 abril 2015

EL SALVADOR. Crisis orgánica. Lo natural y lo político


Dagoberto Gutiérrez

La palabra crisis es la que retumba con sus propios ecos en los socavones de nuestra realidad, se trata de una conjunción de crisis que afectan lo político y lo económico, es decir, que estamos frente a un hundimiento de un modelo económico que ha dejado de ser útil para el país y para la gente y solamente conviene y es fructífero para unas cuantas y poderosas empresas transnacionales, por eso es correcta la afirmación de que la economía actual ha sido transnacionalizada.

El aparato político que sostenía a este modelo económico también se ha desquebrajado y los tradicionales poderes que aseguran que la gente, en su papel de pueblo y entendiéndose dueños de la soberanía legalicen y legitimen la gestión gubernamental, se acaba de desnudar y revelar ante los ojos de todos que la llamada democracia representativa resulta ser una especie de patraña bien montada. Esta es una historia que aún no termina y que afecta el poder político, a ese poder que le permite a una parte de la población mandar, imponerse a otra parte generalmente mayoritaria, logrando que la parte sometida y subordinada piense que está siendo gobernada por un gobierno que él ha elegido y que en un acto libre entrega parte de su libertad, precisamente para garantizarse la misma libertad y la vida.

Como podemos ver toda esta magia política atraviesa por un momento muy comprometido en el país y eso vuelve la actuales circunstancias históricas en una verdadera vitrina siempre y cuando los seres humanos y las personas, puedan contar con ojos para mirar y oídos para escuchar, pero esto que aparente ser fácil y hasta elemental, no siempre es así cuando se trata de un poder que es montado y construido con un intenso y complejo aparato ideológico que construye inmensas y espesas telarañas en el cerebro, en el alma y en el corazón de los seres humanos.

La crisis económica y la crisis política es prolongada y permanente, por eso es orgánica y por lo mismo es histórica y arrastra en su descomposición, todo un espacio del hacer histórico de la sociedad, de tal manera que no podemos dejar de ver y pensar nuestro país sin registrar una mezcla de circunstancias como las actuales. Ahora bien, con este proceso de derrumbe que podremos llamar derrumbe sostenido, se eleva el valor del control ideológico sobre las personas, porque es cierto que nunca como hoy un conjunto de cosas relacionadas al trabajo de los partidos políticos, al papel de los funcionarios, al sometimiento del Estado al mercado, a la mercantilización de la vida toda, a la conversión de la naturaleza en mercancía, al papel de la persona como una cosa y a la personificación de las cosas; todo esto nunca había estado tan evidenciado y tan expuesto en los andenes y alambradas como lo está hoy y la gente habla de esto y lo comenta en casi todos los lugares porque todos estos aspectos han dejado de ser secretos y saltan y asaltan a las personas como asaltantes de caminos pero, hasta ahora los poderes establecidos han logrado que una parte importante de las personas entiendan todo esto como HECHOS NATURALES, como parte de la vida, en algo parecido a lo que pudiera considerarse el destino que determinaba y determina sin regateos la vida de las personas.

Cuando los seres humanos no logran descubrir el sentido y las esencias políticas del conjunto de hechos que le están erosionando su vida y los están lanzando al barranco de la pobreza, es urgente ubicar y enfrentar de donde vienen las vendas que cubren los ojos del entendimiento y maniatan los pies y las manos de todos los que necesitan cambiar y salir de los laberintos oscuros de la crisis.

Si el aparato del estado ha sido convertido en siervo del mercado, resulta ser este mercado la fuente primordial de una telaraña ideológica que convirtiendo al ser humano en consumidor le quita humanidad cuando dispone que las cosas le den valor a estas personas, es decir que las personas dependan de las cosas, y al mismo tiempo, este mismo mercado, es decir las grandes empresas transnacionales y nacionales minimizan en la conciencia humana la calidad ciudadana que el derecho burgués ha establecido como fuente de una serie tradicional de derechos políticos que con el nombre de derechos fundamentales aparecen en los primeros artículos de nuestra Constitución.

Además de este aspecto, que maniata y paraliza a los seres humanos se instala una guerra social sangrienta que construye en el propio corazón un sólido edificio de miedo, incertidumbre e inseguridad total, donde toda persona resulta ser una simple y mínima criatura indefensa que es maniatada y vendada por el mercado, ignorada y utilizada por el aparato de Estado y, finalmente asesinada con cualquier cosa, en cualquier esquina, cualquier microbús, sin que nada ni nadie le asegure ni su vida ni su dignidad.

La situación se define entonces como un momento de guerra que es, sin embargo, cubierta y encubierta como un momento de paz, una especie de paz amenazada por una guerra ocultada que resulta ser la realidad sufrida y evidenciada, a vez la paz resulta ser lo desconocido y lo oculto.

Esta construcción, esencialmente ideológica, tiene los pies de barro porque parte de una conocida que acuchilla el estomago la vida y la dignidad de millones de personas y no da ni autoridad ni prestigio a ningún gobierno, pero al mismo tiempo, el quiebre o resquebrajamiento de los aparatos políticos de sometimiento deja a este edificio perverso en manos de las telarañas ideológica de cuyo éxito depende que la gente no termine de despertar y no empiece a moverse. Aquí hemos de saber que las calles no se mueven por si solas, que son las ideas moviéndose en las cabezas humanas las que visibilizan que las personas se muevan y se transformen en la medida en que descubren y se enfrentan y afrontan su realidad.

Este es el ensayo y la escuela en la que millones de personas están siendo matriculadas en nuestro país.
http://migenteinforma.org/?p=28607

No hay comentarios.:

Publicar un comentario