16 abril 2015

Irán-G5+1: delicado dilema entre acuerdo o sanciones

Por Ulises Canales *


Beirut (PL) Días después de ser anunciado en Lausana un entendimiento preliminar de Irán con seis potencias mundiales sobre su programa nuclear, la posibilidad de un acuerdo definitivo es tan incierta como perseverantes son los esfuerzos por lograrlo.

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Las autoridades iraníes y los representantes del denominado Grupo 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos-, más Alemania) se congratulan, por igual, por sus respectivos triunfos en las complejas y maratónicas negociaciones de la ciudad suiza.

Como puntos indiscutibles, podría mencionarse que el pre-acuerdo del 2 de abril cerró un ciclo de año y medio de negociaciones, desde la firma en noviembre de 2013 en Ginebra del pacto interino o Plan de Acción Conjunta, y rebajó tensiones entre la república islámica y Occidente por el tema nuclear.

El canciller iraní, Mohammad Javad Zarif, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y la jefa de Política Exterior de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, coincidieron también en que se despejaron algunas dudas sobre la capacidad de Teherán para fabricar el arma atómica.

Según Kerry y el presidente norteamericano, Barack Obama, lo firmado fue un "hito crucial" y "sólida base para el buen acuerdo que buscamos" porque se podrá monitorear la supuesta amenaza del programa iraní.

A grandes rasgos, el entendimiento limitará por 10 años ciertas actividades nucleares de Irán y, a cambio, Estados Unidos, la UE y la ONU le levantarán todas las sanciones económicas, pero en sus particularidades hay aspectos que acentúan la sensación de vencedores y las desconfianzas en unos y otros.

Durante la década que cubriría el Plan de Acción Conjunta, más de cinco mil centrífugas continuarán enriqueciendo uranio en la planta de Natanz a un nivel del 3,67 por ciento, muy por debajo de las 22 mil actuales y del 20 por ciento que inquieta a Occidente.

Según el texto, mientras Natanz quedará como único centro de enriquecimiento, la disminución de esa actividad y la magnitud del uranio enriquecido almacenado por Irán se limitarán por períodos específicos.

Además, con asistencia e inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), la planta de Fordow abandonará el enriquecimiento para transformarse en un centro de física y tecnología nuclear.

Igualmente, el reactor de agua pesada de Arak será rediseñado con asistencia foránea y seguirá produciendo plutonio, aunque sin la capacidad requerida para ser usado en la fabricación de armas atómicas.

Zarif puntualizó a la máxima jerarquía política y religiosa, así como al Majlis (parlamento iraní) que no habrá ningún reprocesamiento en Arak y el remanente del combustible nuclear consumido será enviado al exterior.

Teherán también aceptó inspecciones del OIEA con uso de modernas tecnologías y el otorgamiento de más acceso a esa agencia de la ONU para verificar temas pasados y presentes, pero dejó claro que la supervisión de sus instalaciones jamás implicaría la colocación de cámaras online.

El ministro de Relaciones Exteriores justificó la negativa a admitir cámaras en las plantas citando "amargas experiencias pasadas" de asesinato de sus científicos nucleares, y dijo que el Gobierno no permite nada más allá de los mecanismos de inspección aprobados mundialmente.

Alegó, además, que su país será socio de proyectos internacionales que abarcarían la construcción de plantas generadoras de energía y reactores de investigación, así como de estructuras de seguridad y garantías nucleares.

Con todo, la valoración inicial de los iraníes, entre ellos el antiguo negociador nuclear Hossein Mousavian, fue que ganaron en dos importantes temas, el primero de los cuales de que se aceptaran y respetaran los derechos de la nación a la tecnología nuclear pacífica, incluido el enriquecimiento.

Según Mousavian, ese fue el asunto clave para Teherán desde el comienzo de las conversaciones con el G5+1 en 2003, pero Washington y Bruselas se ufanan de haber limitado sobremanera la actividad atómica del país persa.

El segundo aspecto valorado de beneficioso por la república islámica fue el levantamiento de las sanciones, pues cuando se suscriba el pacto se supone que el Consejo de Seguridad de la ONU, la UE y Estados Unidos derogarán todas las medidas punitivas, tanto las unilaterales como multilaterales.

La eliminación de dichas sanciones abarcará a bancos, compañías de seguros, inversiones y todos los servicios relacionados con las industrias petroquímica, petrolera, de gas y de automóviles.

Pero los "parámetros clave" para el acuerdo global y final que se espera sea rubricado antes del 1 de julio próximo no pasaron de ser sólo esos, a juzgar por declaraciones de las principales autoridades iraníes, en particular el líder supremo de la Revolución Islámica, ayatolah Ali Khamenei.

La retórica triunfalista de la Casa Blanca y de Europa, la satisfacción de Rusia y China, el júbilo de gran parte de los iraníes y las posteriores precisiones, y la frustración de Israel y Arabia Saudita, confirmaron que hay mucho camino por andar antes de sellar el anhelado pacto.

Para Khamenei, "todo yace en los detalles" de lo anunciado en Lausana, algo así como una exhortación a leer la "letra pequeña" del contrato, al advertir que nunca fue optimista sobre las negociaciones con Washington por creer que "la otra parte desleal" tiene intención de limitar los derechos de su país.

Remarcó que apoyó y seguirá apoyando a los negociadores iraníes, pero prefiere un "no acuerdo" a un "mal acuerdo", y fue lapidario al afirmar que lo ocurrido hasta ahora "ni remotamente garantiza un acuerdo ni su contenido. Eso (el arreglo preliminar) incluso no asegura completar las negociaciones".

A la par de las alertas del máximo guía político y religioso de Irán, el presidente del país, Hassan Rouhani, descartó suscribir un acuerdo con el G5+1, "a menos que todas las sanciones económicas sean eliminadas totalmente el mismo día que el pacto entre en vigor".

El mandatario distinguió entre suspensión y eliminación respondiendo a comentarios de políticos y otros funcionarios de la UE y, en particular, del portavoz del Departamento de Estado norteamericano Jeff Rathke, quien el 9 de abril afirmó que las sanciones serán revocadas de manera escalonada.

Según el vocero estadounidense, las medidas punitivas irán quedando sin efecto en la misma medida en que se verifique que Irán "cumple compromisos específicos bajo un acabado plan de acción integral conjunto" y habría una suerte de período de gracia de al menos un año para constatarlo.

En ese sentido, Teherán ya había ganado buen terreno al conseguir que se desestimaran propuestas de Washington y de las contrapartes occidentales del G5+1 para que las sanciones fueran reversibles en caso de que la nación islámica incumpliera alguna de sus obligaciones.

Con motivo del Día Nacional de la Tecnología Nuclear que Irán conmemora cada 10 de abril, el jefe de la Organización de Energía Atómica (OEAI), Ali Akbar Salehi, aseveró que la nación exhibe anualmente nuevos éxitos en sus actividades nucleares y nada la detendrá en ese propósito.

Según el excanciller, ningún aspecto del pre-acuerdo de Lausana establece detener, cerrar o suspender alguna de las plantas atómicas, en particular las de Natanz, Fordow, Isfahán y Arak, ni sus actividades previas.

Por el contrario, la república islámica definitivamente seguirá en busca de completar el ciclo de producción industrial de combustible atómico para programas civiles en esa materia, lo cual -observó- no contradice el espíritu de la negociación con el G5+1.

Esas soluciones globales, explicó el asesor del presidente Rouhani, garantizarán continuar el enriquecimiento de uranio en el país y, por extensión, mantener en funcionamiento sus plantas para generar electricidad.

Salehi estimó "muy importante" y "esclarecedoras" las precisiones del líder supremo de la Revolución Islámica, mientras el vicecanciller y jefe negociador, Abbas Araqchi, puso el punto final al afirmar que la versión iraní de la "ficha técnica" del pre-acuerdo está resumida en lo explicado por Zarif.

Para Araqchi, la versión de Washington "es su interpretación propia del acuerdo" y consideró "completamente usual" que tras un trato "cada parte narre sus puntos de vista y ponga en negritas los detalles que más le favorecen".

Tras reflexiones y consultas, Irán y el G5+1 proyectan iniciar la redacción del acuerdo final o Plan Integral de Acción Conjunta imbuidos por una mezcla de optimismo, incertidumbre y sensación de victoria, y empeñados en cerrar 12 años de una disputa que Teherán siempre ha creído innecesaria y fabricada.

De momento, todo sigue sujeto a la disyuntiva de acuerdo o sanciones, y los negociadores iraníes recibieron otra alerta de su Consejo Estratégico sobre Relaciones Exteriores para estar vigilantes en el proceso de escritura del texto y resistir cualquier demanda excesiva de Occidente.

*Corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.
arb/Ucl



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