14 septiembre 2015

¿Quién gobierna?




Susana Barrera

Gobierna el miedo, la desesperanza, la impotencia, la tristeza, el duelo, las ganas de huir, el coraje, el cuestionamiento propio y a quienes ostenta la institucionalidad, la zozobra, el llanto, el dolor, el sufrimiento, lo incierto, la decepción , el silencio, la angustia, el desencanto, la amenaza, el peligro, desplazamiento forzado, orfandad, inmovilidad, desestabilización, “yo estoy bien y no importa el resto” y etcétera, todas esas son acciones, sensaciones y emociones que afloran con la escalada de violencia cotidiana, y que nos afectan a unos más y otros menos. A unos de forma directa porque tienen su vida en “los territorios equivocados” y a otros menos porque se vuelven espectadores, aun así vulnerables y expuestos a este cáncer: la violencia.

Pero bien, lo anterior es el síntoma colectivo, traducida a histeria colectiva o sicosis pero basada en la triste realidad de El Salvador , que pese a caminar largas distancias, obligado a paralizar vive en el vilo y aún sonríe. Son días de duelo y de ambiente gris muy simbólicos pero que por décadas millares de familias, como siempre en su mayoría de escasos recursos, han tenido.

En qué momento se perdió el valor de la vida; “quien mata está muerto en vida”, decía un líder religioso, se la han muerto los valores y sus principios, o quizá nunca los tuvo, no tuvo el espacio para ello. En qué momento perdimos la convivencia o sentido de comunidad que se vende en el mercado de infraestructuras y bienes y raíces, y está detrás del alambre eléctrico o de la seguridad privada, de quién es la responsabilidad, qué se puede hacer, son preguntas que no tienen respuestas tan fáciles.

La tendencia es a comparar décadas e historias, responsabilizar a los gobiernos de turno; porque no es de ahora. Lo frecuente es justificar ajusticiamientos, cadenas de venganza y destellar: “el por algo fue” por encima de la esencia humana. Este fenómeno que nos empobrece, nos bota y debilita el espíritu urge de respuestas creativas y estructurales, pero también deben ser colectivas, resistencia civil o acciones de no violencia que de forma sistemática y constante digan “basta” al tiempo que se propongan respuestas y no reacciones. En este contexto las preguntas saltan: ¿A quién le conviene la violencia?, ¿negocio de quién es?.

En este revoltijo donde pecan hasta algunas estructuras del Estado, es imposible creer que un padre o madre en cualquier circunstancia desee que sus hijos e hijas estén condenados a esta situación, ligados a un futuro incierto agobiados por las más tristes sensaciones; no debe primar la absurda lucha por territorios sino más bien la búsqueda y exigencia de derechos negados como: la educación, la salud, el trabajo en función de recuperar la esperanza.

Pero también es necesario, por justicia propiciar las facilidades, desde la esfera estatal que promuevan la dignidad humana de sectores por siempre excluidos.

http://migenteinforma.org/?p=31285

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