14 febrero 2016

Escenarios en Costa Rica tras elecciones municipales



Por Daniel Urbino *

La Habana (PL) El triunfo en las últimas elecciones municipales de Costa Rica de uno de los partidos más tradicionales y el tímido resultado de la agrupación gobernante, anticipan posibles cambios en el panorama político de esa nación centroamericana.

El Partido Acción Ciudadana (PAC) -actualmente en el poder- apenas logró retener las seis alcaldías que ganó en 2010, mientras que el Partido Liberación Nacional (PLN) triunfó y dejó bajo su tutela al 58,02 por ciento de los principales cargos municipales.

Aunque se mantiene como principal fuerza opositora, el PLN también contabilizó pérdidas pues perdió 12 demarcaciones de las 59 que obtuvo en los comicios anteriores.

De lejos le siguió el Partido Unidad Social Cristiana, que según los datos divulgados por el Tribunal Supremo de Elecciones, sorprendió ganando en 16 municipios.

En conclusión, 13 fuerzas políticas se repartieron las 81 alcaldías en disputa.

Por su parte, el PAC debió conformarse con el 7,41 por ciento del total, un resultado que sin duda contrasta con la amplia victoria obtenida en las presidenciales de abril del 2014 por el entonces candidato de ese partido y actual jefe de Estado, Luis Guillermo Solís.

La líder del PAC, Margarita Bolaños, reconoció que las expectativas eran superiores a los resultados y apuntó a la baja participación como una de las consecuencias.

Esperábamos más, sin embargo seguiremos trabajando, advirtió.

Un manifiesto emitido por esa fuerza en su sitio digital reconoció que este tipo de comicios, celebrados el 7 de febrero, han representado siempre un reto difícil.

Mucho más optimista se mostró ante la prensa el presidente del PLN, José María Figueres, quien aseguró que su formación está muy feliz con los resultados.

Demostramos que no somos un partido acabado ni sin futuro a pesar de que venimos de nuestra peor derrota nacional, agregó en clara referencia a las presidenciales de 2014, cuando el candidato del PLN, Johnny Araya, colgó los guantes ante Solís y abandonó la carrera semanas antes de la segunda vuelta.

Los resultados pueden ser un guiño con miras a las próximas 

contiendas, sin embargo, no todos coinciden en que puedan tomarse como un termómetro fiable.

Para el politólogo Francisco Barahona es normal que partidos 

tradicionales como el PLN tengan mucha más fuerza en las elecciones locales.

Sin embargo, considera que no son un precedente de importancia para las próximas presidenciales y parlamentarias.

"Creo que hay una distancia enorme entre unas y otras (â��) Prueba de esto es el 65 por ciento de abstencionismo que se registró", dijo citado por Prensa Libre.

Barahona opinó que la victoria del PLN no indica un panorama 

positivo para esa fuerza en 2018, cuando se organizarán las próximas presidenciales.

Otro analista, Claudio Alpízar, coincide cuando afirma que las fuerzas más consolidadas se benefician con la apatía hacia el proceso electoral.

Entre menos asistencia a las urnas, más probabilidad de triunfo de los partidos políticos tradicionales, aseguró al diario Costa Rica Hoy.

Sobre el pobre resultado del PAC, el también analista Gustavo Araya consideró que las estrategias locales no fueron las mejores.

La baja popularidad del Gobierno también pasó la cuenta al PAC.

Datos de una encuesta del Centro de Investigación y Estudios 

Políticos de la Universidad de Costa Rica -divulgados a mediados de enero- revelaron que el 41,4 por ciento de los entrevistados calificó de mala la gestión gubernamental de la actual administración.

Otro 21,4 por ciento la consideró muy mala, por lo cual los índices de desaprobación rondarían el 62,8 por ciento.

Asimismo, 41,5 por ciento cree que el país va por mal rumbo, 

mientras 16 lo calificó de muy malo, a contrapelo del 0,3 por ciento que emitió criterios positivos.

La abstención -como es habitual en este tipo de sufragios en Costa Rica- fue inmensa.

De los más de tres millones de personas habilitadas para votar apenas el 35 por ciento lo hizo, muestra de una fuerte apatía hacia el proceso.

Aún así, los repetidos llamados por parte de diversos sectores a ejercer el voto hicieron su efecto y la participación ciudadana fue superior a la de años anteriores.

Por ejemplo, en las municipales de 2002 la abstención fue del 77 por ciento del padrón electoral, en 2006 del 76 por ciento y en 2010 del 73.

Este sufragio -que por primera vez se organiza en mitad de un período presidencial como estrategia para elevar la participación- descendió al 65 por ciento.

La leve mejoría está lejos de ser un logro.

Hay consenso entre expertos a la hora de señalar al desinterés social y a la ausencia de una cultura política como razones de peso para este fenómeno.

Pero la abstención tiene mil lecturas, algunas de ellas encontradas con los principios que supuestamente deben cimentar una sólida democracia.

*Periodista de la Redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina.

arb/ymr/urb

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