Damasco, 1 feb (PL) Una y otras vez, Naciones Unidas y los organismos pertinentes reconocen y abogan por definir un diálogo entre las partes sirias que logre alcanzar acuerdos para poner fin a la crisis en esta nación del Medio Oriente.
El Gobierno del presidente Bashar al Assad aceptó desde un principio participar en esas conversaciones sin condiciones previas y en acatamiento de la resolución 2254 adoptada por el Consejo de Seguridad, en tanto reiteró que debe ser un diálogo sin injerencia extranjera.
Los dos primeros intentos no llegaron a nada y el último, propuesto en principio para el 29 de enero, fue directamente saboteado y sin sonrojo alguno, por grupos opositores radicados en Riad, Arabia Saudí y que sí exigieron condiciones previas para el diálogo.
La complejidad del tema tiene amplias dimensiones internacionales y la firmeza e independencia de criterios del Gobierno de Damasco enredó los vastos planes propiciados por Estados Unidos y sus aliados para sobredimensionar la crisis y convertirla en una guerra civil, cuyos presupuestos tienen los terribles y caóticos resultados en Afganistán, Iraq o Libia.
Steffan De Mistura, enviado especial ce la ONU al respecto, ha afirmado que Las negociaciones deben derivar en "un gobierno creíble, inclusivo y no sectario" dentro del plazo de seis meses, conforme a la resolución 2254, así como determinar el procedimiento y el calendario para redactar la nueva Constitución de Siria.
Curiosa terminología que sin dudar de las buenas intenciones, envuelve en un mismo concepto a quienes propiciaron el estallido de una guerra impuesta desde hace casi cinco años y a los que la han resistido a pie firme en defensa de la integridad nacional siria.
En la última convocatoria para Ginebra, Bashar Al-Jaafari, representante permanente de Siria ante Naciones Unidas, criticó que el retraso de la delegación de la oposición radicada en Riad en llegar a Ginebra, demuestra su "falta de seriedad y responsabilidad".
Agregó que las declaraciones de algunos funcionarios occidentales dan la impresión de que "estamos negociando con estos países y no con opositores sirios" y contradice, evidentemente, las propuestas anteriores para desarrollar las negociaciones.
La realidad en el terreno demuestra, por otra parte, que a excepción de grupos claramente terroristas como el Estado Islámico y el Frente Al Nusra, entre otros, nadie más tiene una representación evidente y pugnan entre ellos y con casi todos los demás por el cáotico desmembramiento de una nación.
Siria es actualmente casi el único tablero de ajedrez político mundial donde se juega una partida a vida o muerte y en el que se incluyen por diversos y variados intereses, un buen número de naciones.
Desconocer tales principios es emplear un doble rasero moral, político y social, como bien ha denunciado Jaafari en nombre de su Gobierno en todas las tribunas internacionales.
lam/pgh
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