Por Ulises Canales *
Beirut (PL) A pesar de incuestionables discrepancias con la política de Barack Obama hacia Medio Oriente, los países árabes del golfo Pérsico sacaron partido a la cumbre con Estados Unidos para internacionalizar un "eje anti-iraní" con implicaciones a terceros.
Otros Exclusivos:
La reunión del presidente norteamericano con los monarcas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) no titubeó en apuntar a Irán como factor "desestabilizador", aunque para Obama significó sacrificar parte de su estrategia a favor de un balance más amplio de poderes en la región.
La declaración conjunta al término de la cita de Riad el 21 de abril expresó el apoyo de los estados árabes -aunque sin disipar todas las dudas- al Plan de Acción Conjunta Integral, nombre del acuerdo nuclear firmado por Irán y seis potencias mundiales.
Dicho respaldo, valga precisarlo, se sustenta sobre el hecho de que el pacto "bloqueó la senda iraní a las armas nucleares" y "mejora la estabilidad y seguridad regional", en tanto contrarresta el supuesto peligro potencial.
El texto reafirmó la necesidad de "permanecer vigilantes" frente a las "acciones desestabilizadoras de Irán en la región, incluido el programa de misiles balísticos y el apoyo a grupos terroristas como Hizbulah y otros agentes extremistas en Siria, Yemen, El Líbano y dondequiera".
Ante la aseveración de los gobernantes árabes, el mandatario norteamericano se limitó a señalar que ni Washington ni el CCG tenían interés de conflicto con la república islámica, a la que en la política doméstica estadounidense intenta defender de sectores republicanos que torpedean el acuerdo atómico.
Pero en un claro intento por evitar las tensiones de la primera cumbre bilateral realizada en mayo de 2015 en Camp David, Obama indicó que "incluso con el acuerdo nuclear, reconocemos colectivamente que seguimos teniendo serias preocupaciones acerca del comportamiento iraní".
A la cumbre de Camp David acudieron sólo los emires de Kuwait y Qatar, mientras los gobernantes de Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Omán se ausentaron con distintas excusas, aunque sobre todos rondó el malestar por el entusiasmo de la Casa Blanca en cerrar el pacto con la nación persa.
Los estados del Golfo, todos gobernados por dinastías sunnitas, no escondieron entonces ni ahora su preocupación por las acciones de la administración Obama hacia lazos más cercanos con su archirrival chiita, al menos en lo que al pacto nuclear de julio de 2015 se refiere.
Esos países temen que la república islámica emerja con incontrolable fortaleza y se "envalentone" para procurar un rol político, económico y estratégico más determinante en la zona tras el levantamiento en enero de las sanciones internacionales aplicadas por causa de su programa atómico.
Nadie olvida que el tema iraní y la reticencia de Washington a implicarse directamente en la crisis siria y otras regionales, también fueron razones de las marcadas ausencias árabes en la cumbre de Camp David.
Previo a la magna cita de Riad, el secretario de Defensa norteamericano, Ashton Carter, se reunió con sus seis homólogos regionales y citó al movimiento de Resistencia libanés Hizbulah (Partido de Dios) como "un perfecto ejemplo de la actividad maliciosa de Irán en la región".
Tal discurso exaltó la reiterada imputación del CCG al país de los ayatolah por supuestamente interferir en todo el área, léase Siria, Iraq, Yemen y El Líbano, estados donde las monarquías respaldan a fuerzas críticas con Teherán.
De hecho, de la cumbre emergió un acuerdo para llevar a cabo patrullajes conjuntos a fin de frenar cualquier hipotético envío iraní de armas para los rebeldes de Ansar Allah en Yemen, según declaró el secretario general del CCG, Abdullatif bin Rashid Al-Zayani.
La declaración final recogió la promesa de los participantes de "incrementar el reparto de información sobre Irán y otras amenazas asimétricas en la región", además del compromiso de "redoblar su implicación en las ofertas estadounidenses de cooperación en seguridad marítima".
El acuerdo esbozado y defendido por Carter llevó a Obama a solicitar que se "alcance con toda prontitud consenso sobre los pasos necesarios para ejecutar un sistema defensivo integrado de alerta temprana de misiles balísticos".
Con un tono más diplomático, la declaración mostró voluntad de construir confianza y resolver diferencias viejas con Irán, pidiendo a Teherán "insertarse en la región acorde a los principios de buena vecindad, estricta no interferencia en asuntos domésticos y respetar la integridad territorial".
No quedó dudas de que el mandatario norteamericano buscó cimentar la afinidad con sus principales aliados árabes, aunque la reunión del día antes en Washington entre su secretario de Estado, John Kerry, y el canciller iraní, Mohammad Javad Zarif, también lanzó otro mensaje claro.
A la Casa Blanca le interesa diversificar nexos estratégicos -que no necesariamente tienen que ser amistosos- con los grandes actores de la región, y entre esos tiene indiscutible espacio la república islámica.
El presidente norteamericano se inclinó por reasegurar lazos con las naciones del CCG para evitar que su administración sea señalada como la que dañó los vínculos con aliados tradicionales por el simple hecho de rebajar tensiones con Irán, algo que lo colocó en un complicado equilibrismo.
Obviamente, el anuncio del Congreso de su país de que suspendió temporalmente el trámite de un proyecto de ley que permitiría a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 demandar al Gobierno de Arabia Saudita y a los de otros países, le propició un recibimiento más cálido.
Comentaristas regionales sostienen que la que algunos ya llaman la cumbre de despedida de Obama, pues culmina su administración dentro de nueve meses, lo privó de tiempo suficiente para enmendar los nexos con sus más estrechos aliados en Medio Oriente, después de Israel.
Al entender que pasar página a la hostilidad con Teherán es ventajoso a la postre para los intereses de Estados Unidos y de Medio Oriente, observadores creen que en la cumbre de Riad el inquilino de la Casa Blanca hizo cuanto pudo por enmendar entuertos.
En ese sentido, respaldó relaciones estratégicas con Egipto, aunque con reservas en cuanto a derechos humanos, y abogó por destrabar el proceso de paz palestino-israelí, dos temas infaltables en cualquier agenda árabe y que dominaron la plática del rey saudita durante su reciente visita a El Cairo.
Nada fortuito fue que suscribiera las medidas adoptadas en los últimos dos meses contra Irán y su aliado libanés Hizbulah.
Analistas creen que en este sentido se apoyó en la visión divergente que el gobierno de Abdel Fattah El-Sisi mantiene con el CCG respecto al país persa, el conflicto en Siria o la crisis política y de seguridad en Libia.
De un lado, Obama y los líderes árabes ratificaron sus coincidencias frente al Partido de Dios, contra el cual ambos emprenden un sinfín de medidas coercitivas y sanciones financieras tras considerarle una organización terrorista. Los del Golfo lo catalogaron así hace apenas dos meses.
El bloque de monarquías árabes encara en la actualidad tensiones diplomáticas con Beirut con el argumento de que Hizbulah impone su voluntad en las decisiones de gobierno y mantiene bloqueada la actividad del parlamento para elegir al presidente del país.
Además de intentar aislar al partido chiita mediante resoluciones de condena en la Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica, trata de bloquear sus canales de propaganda y comunicación, empeño en el que contó con respaldo de Egipto.
El proveedor satelital Nilesat canceló en abril la trasmisión del canal Al-Manar TV, de Hizbulah, luego de que lo hiciera su homólogo saudita Arabsat, que también vetó las operaciones de la televisora panárabe Al-Mayadeen por discrepar de su cobertura crítica a la actuación saudita en Siria y Yemen.
Sobre el papel también quedó estampado el compromiso de luchar contra el extremismo y el terrorismo, pero con la ya sabida conceptualización sesgada que vuelve a arremeter contra Teherán y sus aliados regionales haciendo distinciones entre terroristas buenos y malos.
En su adiós a los líderes del Golfo, Obama sentenció que continúan unidos en la lucha para destruir al Estado Islámico y que ante las amenazas en la región, Estados Unidos seguirá incrementando la cooperación de seguridad con sus socios para ayudarles a mejorar su propia capacidad defensiva.
*Corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.
arb/Ucl
http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=4828391&Itemid=1
Periódico Alternativo publicó esta noticia siguiendo la regla de creative commons. Si usted no desea que su artículo aparezca en este blog escríbame para retirarlo de Inmediato

No hay comentarios.:
Publicar un comentario