Por Luis Melián *
Hanoi (PL) A su capital llegan cancilleres, el primer ministro de un país vecino, el presidente del Banco Asiático de Desarrollo y hasta el secretario de Estado John Kerry... hoy todos los caminos parecen conducir a Myanmar.
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Sin dudas, esa nación del Sudeste Asiático vive una etapa activa en sus relaciones exteriores, tal como se esperaba con el ascenso al poder de un gobierno democráticamente electo luego de estar más de cinco décadas bajo administraciones militares.
No solo arriban a Myanmar estadistas, sino también empresarios y representantes de organizaciones internacionales para establecer o reanudar vínculos, conscientes de los nuevos tiempos y con la esperanza de mejores perspectivas por cuanto acontece.
Las visitas se explican por el interés de conocer la realidad de ese territorio tras la llegada a finales de marzo de este año al poder de las nuevas autoridades, encabezadas por representantes de la Liga Nacional para la Democracia, la ganadora de los comicios de noviembre de 2015 y liderada por la Premio Nobel de la Paz 1991, Aung San Suu Kyi.
Si esos comicios despertaron interés por la posibilidad -hecha realidad- de que el país avanzara en sus propósitos de establecer un sistema democrático, más se tornaron las miradas hacia Myanmar una vez que cobró fuerza la transición política, hoy muy seguida por estados de la región y de otras partes.
A las interrogantes de cómo harían las nuevas autoridades en un país donde los militares controlan el 25 por ciento de los escaños y ministerios claves, el desarrollo de los acontecimientos deviene la mejor respuesta, sin que ello quiera decir que todo esté resuelto y la nación sea la deseada por su pueblo.
Un aspecto que en buena medida sí confirma el cambio del mundo exterior hacia el país son las visitas de estadistas en estos cerca de tres meses tras estrenarse el gobierno.
En su capital estuvieron los cancilleres de China, Canadá, Italia, Japón, Turquía, Francia, el primer ministro de Singapur, el titular del Banco Asiático de Desarrollo y el mandatario de Mongolia, entre otros.
Todos fueron recibidos por el mandatario Htin Kyaw y la consejera de Estado Suu Kyi, a quienes los visitantes les prometieron apoyo para la transición a fin de consolidar el cambio logrado en las urnas y lo generado por ello, así como para el desarrollo socioeconómico.
El nuevo escenario, los problemas heredados de más de cinco décadas de administraciones militares y las tareas asociadas a la paz y reconciliación nacional, fijadas como las máximas prioridades, dejan poco espacio y tiempo a las autoridades para implementar una política exterior más abarcadora y de ahí también la fila de huéspedes llegados al país.
Sin embargo, de las relaciones internacionales de Myanmar en esta etapa resalta un aspecto, quizás opacado por su papel protagónico como anfitrión.
Sus primeros contactos con el mundo allende las fronteras fue con un vecino como Laos, presidente este año de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), a la que la antigua Birmania pertenece y como tal le prometió apoyo en esa misión durante una visita a Vientiane del presidente Kyaw y Suu Kyi.
Luego, el mandatario asistió en Sochi a la cumbre Rusia-Asean que celebró el 20 aniversario de las relaciones de diálogo entre ambas partes.
Allí se entrevistó con autoridades de otros miembros del mencionado bloque regional y también con su homólogo ruso, Vladimir Putin.
En días recientes, la consejera de Estado y canciller Suu Kyi se reunió con un grupo de embajadores de su país y de los mensajes pronunciados en la ocasión destacó el énfasis hecho en impulsar los vínculos con las naciones vecinas y en trabajar más por el éxito de las tareas del desarrollo.
A ese encuentro asistieron los jefes de misiones en Singapur, Laos, Cambodia, Malasia, Filipinas, Indonesia, Tailandia, Brunéi, Sri Lanka, Pakistán, Bangladesh, China, India, Nepal, Surcorea, Japón, Sudáfrica e Israel. Según se anunció, está prevista una cita similar con los embajadores en Europa.
En este proceso, queda por resolver el problema de las sanciones que Estados Unidos mantiene contra varias empresas de Myanmar, luego de levantárselas a otras ante la nueva realidad en el país.
Si se aplicaron para presionar a las autoridades anteriores, vale preguntarse a quiénes están dirigidas hoy. ¿Al gobierno democráticamente electo? ¿Favorece esa política el avance de la transición y consolidación de cuanto se logró hasta ahora?
Cabe recordar que se trata de un país multiétnico con conflictos armados iniciados hace décadas y donde la paz todavía está por alcanzarse, objetivo en el que el Ejecutivo trabaja y ya se anuncia para finales del próximo mes una conferencia nacional con ese fin.
Para tener una idea de la complejidad del asunto, el acuerdo de cese el fuego firmado en octubre de 2015 abarca a ocho grupos, mientras otros siete lo rechazaron.
El gobierno necesita todo el apoyo posible para impulsar la
reconciliación nacional como paso necesario en el camino de construir un país capaz de enterrar un pasado reciente del que poco es agradable recordar y a la vez combatir la pobreza, entre otros retos.
Las visitas mencionadas y las invitaciones a las autoridades para reciprocarlas, otra expresión de respaldo, demuestran que en política exterior, Myanmar también vive nuevos tiempos.
*Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.
arb/Lam
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