Por Frank González
Roma, 9 feb (PL) En fase recesiva tras el decrecimiento registrado en los dos últimos trimestres, la economía italiana muestra hoy síntomas de persistente debilidad con sucesivas revisiones a la baja de los pronósticos de crecimiento para este año.
Roma, 9 feb (PL) En fase recesiva tras el decrecimiento registrado en los dos últimos trimestres, la economía italiana muestra hoy síntomas de persistente debilidad con sucesivas revisiones a la baja de los pronósticos de crecimiento para este año.
Las preocupaciones sobre el comportamiento de la economía nacional se acentuaron en la segunda quincena de enero, cuando la Banca de Italia y el Fondo Monetario Internacional redujeron de 1,0 a 0,6 por ciento sus respectivos estimados de aumento del Producto Interno Bruto (PIB) para 2019.
Unos días después, el Instituto Nacional de Estadísticas (Istat) anunció que al retroceso de 0,1 por ciento del PIB en el tercer trimestre de 2018, se sumó otro de 0,2 por ciento en el siguiente, con lo cual el país entró en una etapa de recesión técnica al registrar decrecimientos en dos trimestres consecutivos.
Los resultados de los últimos tres meses del año fueron los peores desde igual período de 2013 y según el Istat se debieron a la disminución del valor agregado en la industria, agricultura, silvicultura y pesca, con una afectación adicional de la demanda interna.
A los portadores de malas noticias se incorporó después la Comisión Europea (CE) al reducir de 1,2 a 0,2 por ciento su pronóstico de incremento del PIB, de acuerdo con lo expuesto en sus Previsiones Económicas de Invierno de 2019.
El órgano regional atribuyó 'en gran medida' la revisión de su estimado inicial, a una desaceleración cíclica peor a la esperada en 2018, amplificada por la incertidumbre política global y nacional y las perspectivas de inversión sustancialmente menos favorables de las empresas.
Además, señaló el informe, es probable que la ralentización más acentuada en importantes socios comerciales tenga repercusiones negativas en la producción manufacturera italiana, al tiempo que vaticinó una 'actividad económica anémica en la primera mitad de 2019'.
La CE prevé un aumento de 0,8 por ciento del PIB para el próximo año, ayudado por un efecto de arrastre positivo y dos días hábiles más y aclara que ese pronóstico no incluye los efectos del alza de los impuestos indirectos previstos en el presupuesto de 2019 para 2020.
Puntualizó, asimismo, que el consumo privado apuntalará el crecimiento del PIB, ayudado por un aumento en el ingreso disponible real, debido a los precios más bajos del petróleo y, marginalmente, por la introducción del ingreso mínimo aprobado recientemente por el parlamento.
Alertó, sin embargo, que ese efecto será amortiguado por el deterioro de las perspectivas de empleo, al tiempo que se espera una drástica disminución de las inversiones en el sector empresarial, tanto en 2018 como en 2019.
Aclaró además, que las perspectivas de crecimiento están sujetas a una alta incertidumbre porque 'una economía global más débil de lo esperado y el impacto de una mayor incertidumbre política sobre la confianza y condiciones de financiamiento del sector privado, podrían llevar a una desaceleración más prolongada'.
Una de las principales causas del retroceso de la economía italiana en los últimos meses es la sostenida caída de la producción industrial, la cual descendió 0,8 por ciento en noviembre de 2018 respecto a octubre y 5,5 por ciento comparado con noviembre de 2017, indicó el Istat.
Las perspectivas en ese sentido no son buenas y así lo confirmó el estimado más reciente del índice PMI (Purchasing Manager's Index) publicado el 1 de febrero último por la firma británica IHS-Markit, según el cual la producción manufacturera italiana descendió en enero de este año a su peor nivel desde inicios de 2013.
De acuerdo con los resultados de la encuesta mensual realizada entre más de 26 mil empresas pertenecientes a las principales economías del mundo, el indicador que mide el nivel de actividad industrial sobre una referencia de 50 puntos, descendió de 49,2 en diciembre de 2018 a 47,8 en enero.
Entre las razones para el deterioro del sector industrial italiano, el informe menciona una fuerte reducción de las nuevas órdenes y una caída de la producción, acompañadas por una baja en los precios de venta por primera vez desde octubre de 2016.
Según el texto, las empresas productoras de los tres rubros monitoreados -bienes de consumo, intermedios y de inversiones- registraron un empeoramiento de las condiciones operativas con una disminución adicional de la producción, nuevas órdenes, exportaciones y nivel ocupacional.
Con los 47,8 puntos de nivel mínimo en 68 meses Italia ocupó el último lugar entre los países de la zona euro, donde el índice pasó de 51,4 en diciembre a 50,5 en enero, seguida por Alemania, con 49,7 como peor resultado en 50 meses, Austria, 52,7 en 29 e Irlanda, 52,6 en 27.
Por su parte el Istat, en un informe difundido la víspera, advirtió que el acentuado retroceso del indicador líder en enero de este año sugiere un ulterior deterioro de la economía en los próximos meses.
agp/fgg/cvl
Unos días después, el Instituto Nacional de Estadísticas (Istat) anunció que al retroceso de 0,1 por ciento del PIB en el tercer trimestre de 2018, se sumó otro de 0,2 por ciento en el siguiente, con lo cual el país entró en una etapa de recesión técnica al registrar decrecimientos en dos trimestres consecutivos.
Los resultados de los últimos tres meses del año fueron los peores desde igual período de 2013 y según el Istat se debieron a la disminución del valor agregado en la industria, agricultura, silvicultura y pesca, con una afectación adicional de la demanda interna.
A los portadores de malas noticias se incorporó después la Comisión Europea (CE) al reducir de 1,2 a 0,2 por ciento su pronóstico de incremento del PIB, de acuerdo con lo expuesto en sus Previsiones Económicas de Invierno de 2019.
El órgano regional atribuyó 'en gran medida' la revisión de su estimado inicial, a una desaceleración cíclica peor a la esperada en 2018, amplificada por la incertidumbre política global y nacional y las perspectivas de inversión sustancialmente menos favorables de las empresas.
Además, señaló el informe, es probable que la ralentización más acentuada en importantes socios comerciales tenga repercusiones negativas en la producción manufacturera italiana, al tiempo que vaticinó una 'actividad económica anémica en la primera mitad de 2019'.
La CE prevé un aumento de 0,8 por ciento del PIB para el próximo año, ayudado por un efecto de arrastre positivo y dos días hábiles más y aclara que ese pronóstico no incluye los efectos del alza de los impuestos indirectos previstos en el presupuesto de 2019 para 2020.
Puntualizó, asimismo, que el consumo privado apuntalará el crecimiento del PIB, ayudado por un aumento en el ingreso disponible real, debido a los precios más bajos del petróleo y, marginalmente, por la introducción del ingreso mínimo aprobado recientemente por el parlamento.
Alertó, sin embargo, que ese efecto será amortiguado por el deterioro de las perspectivas de empleo, al tiempo que se espera una drástica disminución de las inversiones en el sector empresarial, tanto en 2018 como en 2019.
Aclaró además, que las perspectivas de crecimiento están sujetas a una alta incertidumbre porque 'una economía global más débil de lo esperado y el impacto de una mayor incertidumbre política sobre la confianza y condiciones de financiamiento del sector privado, podrían llevar a una desaceleración más prolongada'.
Una de las principales causas del retroceso de la economía italiana en los últimos meses es la sostenida caída de la producción industrial, la cual descendió 0,8 por ciento en noviembre de 2018 respecto a octubre y 5,5 por ciento comparado con noviembre de 2017, indicó el Istat.
Las perspectivas en ese sentido no son buenas y así lo confirmó el estimado más reciente del índice PMI (Purchasing Manager's Index) publicado el 1 de febrero último por la firma británica IHS-Markit, según el cual la producción manufacturera italiana descendió en enero de este año a su peor nivel desde inicios de 2013.
De acuerdo con los resultados de la encuesta mensual realizada entre más de 26 mil empresas pertenecientes a las principales economías del mundo, el indicador que mide el nivel de actividad industrial sobre una referencia de 50 puntos, descendió de 49,2 en diciembre de 2018 a 47,8 en enero.
Entre las razones para el deterioro del sector industrial italiano, el informe menciona una fuerte reducción de las nuevas órdenes y una caída de la producción, acompañadas por una baja en los precios de venta por primera vez desde octubre de 2016.
Según el texto, las empresas productoras de los tres rubros monitoreados -bienes de consumo, intermedios y de inversiones- registraron un empeoramiento de las condiciones operativas con una disminución adicional de la producción, nuevas órdenes, exportaciones y nivel ocupacional.
Con los 47,8 puntos de nivel mínimo en 68 meses Italia ocupó el último lugar entre los países de la zona euro, donde el índice pasó de 51,4 en diciembre a 50,5 en enero, seguida por Alemania, con 49,7 como peor resultado en 50 meses, Austria, 52,7 en 29 e Irlanda, 52,6 en 27.
Por su parte el Istat, en un informe difundido la víspera, advirtió que el acentuado retroceso del indicador líder en enero de este año sugiere un ulterior deterioro de la economía en los próximos meses.
agp/fgg/cvl
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