Pedro Sánchez da un discurso en la sede central del PSOE en Madrid luego de su victoria (Foto: El Heraldo)
"Once horas después de que llegaran a la sede federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) los más de 270 miembros que componen el comité federal, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, anunciaba su dimisión tras perder la votación sobre su propuesta de celebrar de inmediato unas primarias para elegir al nuevo líder socialista. Se sentía desautorizado y cuestionado por buena parte del partido y apostó por el todo o nada. O se convertía en el líder revalidado para llevar adelante su intento de conseguir una mayoría de gobierno para España o abandonaba. Y perdió", escribió Anabel Díaz el 2 de octubre de 2016 en El País luego de que Pedro Sánchez quedará al borde la muerte política por no haber pactado la investidura de Mariano Rajoy del Partido Popular.
La historia posterior es largamente conocida: Sánchez se volvió a presentar a las primarias del PSOE y las ganó antes de presentarse a unas nuevas elecciones generales, donde Unidos Podemos no pudo dar el famoso golpe final que terminara de una vez con la socialdemocracia española.
Se disipaban los miedos de la desaparición del PSOE en manos de lo que se denominó como la nueva esperanza de la izquierda, encabezada por Pablo Iglesias, después de que el mismo Sánchez fuese a una reunión del Grupo Bilderberg para ser consultado sobre el futuro de España y Europa ante la amenaza del euroesceptisismo, que por los años 2016 era representado, en gran medida, por Podemos, Syriza en Grecia, Sinn Féin en Irlanda, el Bloque de Izquierdas en Portugal y Jeremy Corbyn en Gran Bretaña.
Tres años después, el gobierno de Alexis Tsipras, por primera vez en años, gobierna sin estar bajo los mandatos de la troika, luego de un feroz ajuste, en Portugal gobierna una coalición integrada por el Bloque de Izquierdas, el Partido Comunista y liderada por el Partido Socialista. Mientras que el euroescepticismo está cada vez más identificadas con fuerzas de ultraderecha después del Brexit.
En este contexto, en el discurso mediático, en España lo que se dirimía era la capacidad del PSOE, junto a Unidos Podemos, de contener al tripartito de la derecha integrado por el Partido Popular, Ciudadanos y Vox, considerada la expresión más fiel de la tendencia de ultraderecha representada por Donald Trump, la Liga Norte de Italia, y Marie Le Pen de Francia, entre otros.
En marzo, Pedró Sánchez era acusado, precisamente, por estos tres partidos de "vender España a plazos" por haber negociado con sectores catalanes, como Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), a cambio de aprobar lo que consideraba como los "presupuestos más sociales de la historia de España".
Puesto contra la pared por el tripartito de la derecha, Pedró Sánchez finalmente endureció su discurso contra el nacionalismo catalán, los presupuesto se cayeron por falta de apoyo, y por ende, se vio obligado a convocar a las elecciones de este domingo.
CONGRESO, VICTORIAS Y FRACASOS
Un exultante Antonio Maestre escribió en la Sexta, parte del conglomerado mediático español: "una movilización masiva contra la coalición de la foto de Colón ha salvado la convivencia entre españoles. Los ciudadanos, y me atrevo a aventurar que las ciudadanas sobre todo, han demostrado que son mejores que los que dibujaban una coalición de derecha y extrema derecha que pretendía una involución de derechos de los colectivos más vulnerables. España es más bonita de lo que creíamos y no ha dejado pasar a los que han hecho del odio su único programa. La fraternidad les ha doblado el brazo". Asi se refirió con la foto de Colón a la movilización posterior al llamado a elecciones generales de marzo habían protagonizado en el centro de Madrid el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, el del PP, Pablo Casado, y de Vox, Santiago Abascal.
Sin embargo, una mirada mucho más desapasionada sobre los resultados arroja que, en realidad, que si se unen los votos de el PSOE con los de Unidos Podemos frente a los del PP, Ciudadanos y VOX, el resultado es de 11.213.684 frente 11.169.796, una módica diferencia de cerca de 44 mil votos que en bastante alejan la hipótesis de que existe una mayoría aplastante en contra de los que "han hecho del odio su único programa". Esencialmente, como en toda Europa, España sigue tan dividida e inestable como ayer.
Mientras que si la elección no se mide por votos, sino por el mapa de victorias, la realidad le da razón a Maestre en tanto y en cuanto la mayoría se encuentra coloreado de rojo PSOE frente al celeste del PP, otrora mayoritario en las generales de 2016.
El PSOE obtiene 123 escaños y junto a los 42 de Unidos Podemos, 30 menos que en 2016, queda a las puertas de una mayoría absoluta para gobernar al faltarle un solo escaño que podría negociar con el Partido Nacionalista Vasco (PNV), quien tradicionalmente es aliado de los principales partidos de España.
Así Pedro Sánchez pasa de llegar a la presidencia, luego de la caída de Mariano Rayoy, gracias al apoyo de partidos como ERC, y Bildu, representantes del nacionalismo de izquierda catalán y vasco, a tener una base de apoyo lo suficiente sólida que le otorga un margen de maniobra propio para gobernar España sin depender, en gran medida, de ninguna fuerza política aliada.
Este resultado se debe a un daño colateral del proceso de reconfiguración del sistema de partidos de España que unos años antes había puesto en jaque al PSOE con la irrupción de Podemos y su alianza con Izquierda Unida.
Esta vez, en cambio, le tocó al PP, que con un 16% de votos pasó de 135 diputados a 66, una fuga que se explica en el goteo de votos a Ciudadanos con 57 (20 más que en 2016, por centroderecha) y VOX con 24 por extrema derecha. Esta fragmentación de la derecha fue lo que permitió una victoria de un PSOE en un sistema de partidos y gobierno aún contenido en las instituciones derivadas de la transición posterior a la muerte del dictador Francisco Franco.
Una mirada coyuntural cargada de cortoplacismo arroja que extrañamente en un país agotado por la crisis, el Estado español, junto a los intereses que lo componen, ha podido detener la amenaza de ser refundado hace unos años y ahora se reacomoda en un equilibrio inestable donde es el ala de derecha del sistema quien se encuentra en crisis con la posibilidad de que Ciudadanos pase a sustituir al PP ( en una clave muy similar a la que unos años antes se había vivido entre el PSOE y Podemos).
Luego de su victoria, la militancia del PSOE le pidió a gritos a Pedro Sánchez que no pactara con Ciudadanos como le exige el establecimiento económico. Por su lado, su ministra de gobierno, Carmen Calvo, anunció que Sánchez intentará investirse como presidente sin negociar con Unidos Podemos para que se sume a su gobierno, a la vez que descartó establecer alianzas con ERC. Los más optimista, por otro lado, esperan que el PSOE reedite el modelo de gobierno de Portugal integrado por las distintas fuerzas de izquierda y centro izquierda del país para frenar el regreso de la derecha.
EL ENTUSIASMO, REALIDADES Y LA CRISIS SOBRE LAS QUE PIVOTEA EUROPA
En la clave regional y venezolana, la victoria de Sánchez no es ni positiva ni negativa dado que es bastante conocido como su posición respecto a Guaidó fue tan afectada por el contexto interno español que incluso pasó por alto la Doctrina Estrada, que define que la política exterior debe centrarse en reconocer los gobiernos que dirigen los Estados más allá de las diferencias ideológicas y políticas.
En el caso venezolano, en medio de presiones de la derecha, Sánchez reconoció a Guaidó para no quedar atrás del tema venezolano que hace varios años forma parte de la agenda interna de España. Por eso, la victoria del PSOE deja al antichavismo venezolano sin la posibilidad de apoyarse en una derecha en el gobierno que siempre ha sido parte activa de las agresiones contra Venezuela, sobre todo en el gobierno de Mariano Rayoy.
En lo local y europeo, las elecciones en España dan un piso de gobernabilidad interna que permite ilusionarse a algunos sectores con un gobierno que revierta los mismos recortes, que dicho sea de paso, el PSOE avaló en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Más allá de eso, los escenarios tan cambiantes en un país como España, que ha ido a elecciones generales en tres oportunidades en la misma cantidad de años, son un signo de que el sistema de gobierno maniobra sobre una realidad por demás compleja que no permite una estabilidad duradera como antes tenía el país con el sistema bipartidista nacido después de Franco.
Algunos de esos fantasmas son:
- La crisis económica que ha profundizado las disparadidades económicas entre sus distintas regionales, lo que explica en buena medida la crisis de Estado que se dio con el réferendum de Cataluña, una de las áreas más prósperas y ricas de España.
- También la tasa de envejecimiento de su población, la segunda del mundo, que hace necesario, por lo menos, que cinco millones de inmigrantes ingresen a trabajar en el país para brindar aportes sociales al sistema jubilatorio que no lo hagan quebrar. Por lo que la clase política debe maniobrar en un tema sensible para una parte de la población española, que siente amenazada su identidad ante el arribo de otras culturas provenientes con la inmigración. De este combustible es que se alimenta Vox al igual que el resto de la ultraderecha europea.
- La inestabilidad del sistema de alianzas de la coalición Atlántica, liderada por Estados Unidos, que hace a Europa (por ende España) lidiar sobre una guerra de baja intensidad entre sus partes por imponer una salida estratégica a las diversas crisis en simultáneo que atraviesa Occidente. Esta realidad hace que Europa sea un campo de batalla entre sectores ultras, como los que apoyan a Trump, y quienes tradicionalmente han defendido el sistema de gobierno global originado con el multilateralismo. Las cada vez más inestabilidades en este esquema de alianzas, como la irrupción de potencias emergentes como China y Rusia, hacen a España pivotear sobre una crisis global que la excede y la puede afectar en su entorno interno ante el menor estornudo.
Por estas razones, la victoria de Pedro Sánchez no se puede calificar de definitiva, ni tampoco de estratégica, porque el problema existencial de Europa es profundo y diverso. Uno de los puntos centrales es que dado el panorama enumerado antes arriba, tanto España como Europa deben encarar reformas profundas, exigidas por paradigma actual de desarrollo capitalista, que en la política generan cada vez más una situación de inestabilidad e inmovilidad en el sistema político.
http://misionverdad.com/entrevistas%20/elecciones-en-espana-una-victoria-del-progresismo-que-no-es-un-punto-final-a-la-crisis
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