20 septiembre 2019

Bancos en jaque



Esto de poner en situaciones comprometidas a los bancos goza de cierta consideración por la ciudadanía e incluso lo ve bien, porque el que más o el que menos es dependiente de estas entidades. De ahí que cada dos por tres la burocracia, se dice que defendiendo a los consumidores, decide dar algún palo a las entidades bancarias. Parece, dada la mala prensa de que gozan a nivel de calle, como si fueran las únicas empresas capitalistas que deben pagar el pato de los desaguisados políticos y de los incontables abusos del empresariado capitalista. El acoso, que para cualquiera sería agobiante, al final de la comedia todo queda en mucho ruido y poca cosa más, porque lo que se va por un lado viene volando por otro. Las demás partícipes en el espolio organizado de las masas sobre la base del consumismo siguen a lo suyo, que no es otra cosa que ganar dinero sin contemplaciones.

Otro punto a considerar sobre el tablero es que se echa mano de las creencias, ya que en determinados asuntos relacionados con los bancos la demagogia les asigna el papel de malos , mientras que a algunos clientes se les coloca la etiqueta de lo s buenos de la película. Unos, no deben ser tan malos como se les pinta, simplemente están a cumplir con las exigencias de la doctrina capitalista. Desde su posición dominante —porque para ello disponen de la fuerza del dinero como valor clave en la sociedad— imponen sus condiciones y el que no esté de acuerdo que no acuda a ellos. Mientras que los otros, aunque a veces se diga lo contrario, en una amplia mayoría tienen poco de incautos, por aquello de que hasta el más tonto hace relojes. Solo cuando las cosas no van bien, invocan eso de la falta de información o que las clausulas de los contratos no son claras y que han sido engañados por la letra pequeña. Si la cosa marcha no se acuerdan de tales irregularidades.

En el proceso de jaque, que en ocasiones ha sido de jaque mate, sobre la base de la amenaza legal, la acción de los poderes públicos o semipúblicos va en la dirección de perturbar el normal funcionamiento de estas empresas capitalistas, dedicadas a tratar de ganar dinero, pero suele tratarse de fuegos artificiales. Tímidamente se pretende que adapten formalmente el sentido del capital acumulativo al sentimiento de justicia social, aunque sean incompatibles. Incluso tratan de descargar sobre ellas funciones llamadas sociales que corresponden solo al gobierno de cada país. El componente propagandístico de lo social, al que explícitamente acuden los gobernantes aprovechando para hacerse la foto, obedece, de otro lado, a tratar de aliviar con medidas puntuales su tanto de culpa, derivada de la falta de un control real en el plano general de las empresas capitalistas. Asimismo, no hay que pasar por alto la consabida justicia social utilizada a conveniencia, ya que buena parte de las políticas sociales que la invocan ponen la vista en conquistar a una parte del electorado insatisfecho. Junto a estas consideraciones no habría que obviar algo más pueril como el amiguismo o el ánimo de venganza de grupos de poder que se sienten no favorecidos por algunas políticas del capital bancario.

Cabe añadir que en este asunto, a veces, no juega la política, sino la temeridad y el exceso de confianza de los propios gestores empresariales, dedicados a la práctica del saqueo, en la creencia de que aquello es un saco sin fondo que no cesa de llenarse. Los beneficios desproporcionados a cargo de la entidad para sus cúpulas y los desembolsos dinerarios, en ocasiones llamados créditos privilegiados, en favor de determinados beneficiados por intereses opacos o simplemente equivocados, hacen temblar la estructura. Cuando el asunto trasciende a la opinión pública la irritación ciudadana invita a los poderes públicos a hacer algo para guardar las apariencias, en este supuesto, el jaque llega a ser inevitable y hasta catastrófico. Viene el jaque mate como escarmiento.

Inevitablemente, una pieza sustancial de actuación es el argumento de la protección a los afectados, que se saca a relucir a conveniencia porque concede una buena imagen a los gobernantes e incluso a su burocracia. Este es el caso de la opacidad en la información de algunas operaciones bancarias Cuando, haciendo uso de la discrecionalidad, la burocracia invoca la opacidad de las operaciones y la minoría de edad mental de determinados clientes, para hacer creer que han sido simplemente engañados. Entonces se rompe con la praxis general y viene el jaque, poniendo en aprieto a los bancos. La cuestión es que tal argumento solamente prospera en situaciones puntuales con algún favorecido si existen pérdidas para él, pero cuando el negocio marcha bien y obtiene beneficios no se habla de opacidad, aunque igualmente exista, ya que en tal supuesto los afectados a buen seguro que se tendrían por bien informados, mejor aconsejados y muy contentos. Sin embargo con otros ciudadanos que se ven expropiados de su dinero, por ejemplo a través de artificios bursátiles, debieran ser restituidos de sus pérdidas al igual que los afectados por las hipotecas poco claras u otras operaciones análogas, en el fondo víctimas del mismo problema de opacidad por falta de información real y veraz. Objetivamente considerados estos supuestos, a la vista de la ciudadanía, suenan a desigualdad y a inseguridad jurídica, en base a aquello de a unos sí y a otros no.

El problema de fondo de este procedimiento seguido con los bancos es que quienes sufren las consecuencias indeseadas son los ciudadanos que deberán pagar la factura. Hay algo elemental, los bancos tienen que pasar la pelota a otro o bien desparecer, lo que a la postre resultaría menos afortunado. Tal vez la cuestión es que cuando se hace una cosa mal hay que poner remedio de inmediato, porque para eso debiera estar la burocracia, y no permitir que las cosas vayan a su aire, dejando transcurrir años para acordarse un día de la injusticia que ha pasado a ser algo habitual.

Hablar de bancos en jaque parece simple propaganda ocasional, ya que en el plano de la efectividad continuarán haciendo lo propio, que es tratar de ganar dinero. No hay que descartar que la cuestión deba ser vista en el plano publicitario y exista cierto entendimiento entre el empresariado capitalista y la burocracia pública, en cuanto a que el supuesto jaque a la banca responda a la estrategia de intentar lavar la mala imagen ocasional de ambos ante las masas. En el caso del primero incluso llegando a tolerar hasta la caída de algunas entidades, lo que no le preocupa conforme al principio de destrucción creativa, ya que otros más adelantados ocuparán el lugar de las desaparecidas y cara a la opinión pública se aparentará racionalidad en el proceso de explotación de las masas. La segunda, en su vertiente política pensando en las elecciones, aparentará estar con la ciudadanía, mientras que en su vertiente de organización administrativa ganará prestigio de cara a los administrados como controladora igualitaria defensora de la justicia. Es posible que todo esto de tratar de dar jaque a los bancos sea pura falacia para entretener al auditorio ocioso.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=260637

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