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30 enero 2015

Arabia Saudí luego de la muerte de del rey Abdolá

Por Saadollah Zarei, para PIA (Teherán).- La muerte de Abdolá bin Abdelaziz Al Saud, de 90 años de edad, la designación del príncipe Salman, el hermanastro de Abdolá, de 79 años y el séptimo rey saudí, y el nombramiento de Muqrin bin Abdulaziz, el príncipe heredero de 70 años. Es probable que Al Saud no haya tenido ningún camino para mantener el poder, excepto materializado el testamento del fundador de “Arabia Saudí”. Es decir, el trono no lo podrán heredar otras personas mientras los hijos de Abdelaziz Al Saud estén vivos. Según el diario estadounidense ‘The Washington Post’, el nuevo rey de Arabia Saudí tiene diferentes enfermedades, entre ellas, Alzheimer. ¿Será capaz de dirigir el gobierno? Aquí se analizan los cambios políticos de Arabia Saudí. 

Abdelaziz Al Saud gobernó durante 29 años la región de Najd, y 22 años Arabia Saudí, un país creado por el propio monarca, por intermedio de los wahabíes y la tribu de Atiba. Según el testimonio de Abdelaziz, el trono no lo heredarán otras personas mientras los hijos del rey estén vivos. En esta línea, tras su renuncia al poder y su muerte en 1953, sus hijos Saud, Faisal, Jaled, Fahad y Abdolá gobernaron el país árabe 16, 11, 7, 23 y 10 años, respectivamente. En esta etapa, sus hijos mantenían puestos clave tanto en el área política como cultural, social y de seguridad. Algunos investigadores cifran en 7000 el número de integrantes de la familia Al Saud ubicados en distintos puestos, con los hijos que llevaban la sangre del rey ocupando los cargos más importantes. Arabia Saudí es un caso excepcional en cuanto al sistema político.

La estructura de la monarquía saudí es “semitribal”. En las tribus, hay un ordenado sistema social dirigido por una persona. En este sistema, las leyes tienen raíz en las órdenes e intereses del jefe de la tribu. Cada tribu determina sus propias fronteras, no traspasa las fronteras de otras tribus, ni permite que crucen las suyas propias. Abdelaziz ha establecido el sistema político de Riad sobre una base bastante alejada de las nuevas estructuras políticas en el resto de mundo, razón por la cual Arabia Saudí ha quedado aislada a nivel regional e internacional. Abdelaziz Al Saud, desde 1903 hasta 1932, gobernaba en la región de Najd donde se sitúan actualmente las provincias de Riad, Al-Qasim y Wael, la única región de los hanbalíes en Arabia Saudí. Cabe mencionar que Abdelaziz con la ayuda de los wahabíes y los jefes de la tribu Atiba, que tienen influencia en la ciudad Basora en Irak hasta la región de Hiyaz, en el oeste de Arabia Saudí, pudo dominar las regiones del sur y el este (de mayoría chií), regiones occidentales (de mayoría Shafi’i y malikí) y las zonas del norte (de mayoría hanafí), para luego fundar el país “Arabia Saudí”. Sin embargo, cuando Abdelaziz tomó el poder, comenzó a erradicar distintas tribus e incluso asesinó, en la cárcel, al jefe de la tribu Atiba. Aunque el gobierno saudí actuaba según las normas tribales, no aceptaba los derechos y la presencia de otras tribus e intentaba debilitarlas. Destacados analistas en Arabia Saudí, como Shorouk al-Fateh, consideran que las bases principales de posibles cambios en este país serán los levantamientos de las tribus.

Antes de su designación como nuevo rey, el príncipe Salman bin Abdelaziz no había aparecido en público en los últimos 3 años. Bandar Bin Sultan, Muqrin bin Abdulaziz y Mutaib bin Abdolá estaban a cargo del manejo del país. La designación de Salman bin Abdelaziz busca ocultar la situación interna del régimen de Al Saud. El príncipe Salman no intervino en los asuntos del gobierno durante las últimas décadas. Su designación como príncipe heredero se considera una buena oportunidad para buscar una solución a la situación actual. Según algunos reportes de prensa, una delegación estadounidense ha evaluado la situación de Arabia Saudí durante los últimos tres meses y ha enviado a Washington informes preocupantes al respecto. Esta delegación no abandonó el país durante este tiempo con el objetivo de gestionar las oposiciones entre los príncipes. Anteriormente, los estadounidenses habían pronosticado que la llegada al poder de Sultán Bin Abdelaziz, quien fuera durante cinco años el príncipe heredero, podría desestabilizar el régimen de Al Saud. Por lo tanto, durante los últimos años vivía aislado. Su hijo, Bandar Bin Sultán, estaba acusado de intentos golpistas contra Abdolá. Entretanto, el tema de la deposición de uno de los herederos, Mutaib, el mismo día de la muerte de su padre, sigue manteniéndose en secreto. Mutaib contaba con mucho poder durante los últimos tres años, en particular después de la muerte de Sultán Bin Abdelaziz. Cuando era ministro de la Guaría Nacional se encargaba de asuntos importantes en la política exterior de Arabia Saudí, principalmente, respecto a Siria, El Líbano y Egipto. Además, representaba al monarca en importantes reuniones a nivel internacional.

El nombramiento del hijo de Salman como el sucesor del príncipe heredero muestra que Al Saud no puede contar con Salman. La enfermedad del nuevo rey saudí y las discrepancias de Muqrin con los hijos de Abdolá bin Abdelaziz pueden crear nuevas condiciones en Arabia Saudí. Es de destacar que algunas sectas wahabíes se oponen a que Muqrin bin Abdulaziz gestione el gobierno.

Arabia Saudí es extremadamente sensible para Estados Unidos. Durante 7 décadas, el dominio de los norteamericanos sobre el país árabe fue uno de los pilares principales del poder y la influencia de ese país en el mundo, de modo que políticamente, Arabia Saudí puede ser considerado otro estado de los Estados Unidos de Norteamérica. Para el gobierno norteamericano, Riad es una lucrativa fuente económica, un eje geopolítico y de seguridad, así como un aliado clave en lo político y religioso en la región. Especialmente el país árabe ha jugado un papel muy importante durante las décadas pasadas en controlar los opositores a EE.UU en el mundo del Islam. Por lo tanto, Washington es sensible a cualquier nivel de reducción de dependencia árabe a sus apoyos. Cabe mencionar que EE.UU solo utiliza el gobierno de Arabia Saudí para sacar su propio beneficio y no acepta el origen de la familia monárquica. Hace unos 20 años, el ex secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger dijo alguna vez que “Al-Saud no es dueño de Arabia Saudí. Esa familia solo es nuestro tendero en el país árabe y recibe su parte por su servicio.”

No por esto podemos considerar que EEUU tiene bajo absoluto control el desarrollo de los acontecimientos en Arabia Saudí. La situación interna del régimen de Al-Saud todavía está fuertemente determinada por los distintos círculos de planificación y formulación de políticas de los EE.UU. Como ejemplo, puede mencionarse el papel significativo jugado por el país norteamericano en determinar el momento del anuncio de la muerte del rey y de la designación del nuevo monarca. EE.UU. también controla los cambios en el gobierno, incluidos los funcionarios de seguridad y el personal de la corte saudí. Las autoridades árabes entonces seguirán gobernando los asuntos interiores del país dentro de los marcos del programa aprobado por EE.UU.

A pesar de la amplia injerencia de EE.UU. en los asuntos diarios de Arabia Saudí y su control sobre el rey y los príncipes saudíes, el país occidental no controla todo lo que allí puede ocurrir. Cabe recordar que EEUU tenía la misma relación con el régimen monárquico de Irán, y la importancia que dieron para preservar en el trono a Mohamed Reza Shah (el rey iraní) era incluso más importante para los estadounidenses que mantener el trono del rey saudí. Actualmente, algunos síntomas de esa falta de control han quedado expuestos con la falta de consistencia y contradicciones en las posturas de autoridades y organizaciones oficiales y no oficiales de los EE.UU. luego de la muerte del rey saudí.

A su vez, la muerte del rey saudí coincidió con importantes acontecimientos en el vecino país de Yemen. Este país tiene un papel significativo en la estrategia regional de Arabia Saudí dado que los chiíes zaidíes en Yemen representan cerca de la mitad de su población y una gran parte del país (casi dos tercios) está controlada por los opositores sureños a Arabia Saudí. Sólo un día antes del anuncio oficial de la muerte del rey, Malik Abdolá, el presidente yemení aliado a Arabia Saudí se vio obligado a renunciar y el poderoso movimiento de los Houthis (grupo opositor yemení) logró firmar un pacto con el gobierno donde se estipula reformas constitucionales y acceso al poder. Los opositores yemeníes lograron derrocar al régimen aliado a Riad, luego de casi 4 años de lucha. Al momento que Yemen salga definitivamente del grupo de países que están bajo la influencia de Arabia Saudí, la situación geopolítica del país árabe se verá debilitada seriamente.

En el pasado, el papel jugado por Riad en el Golfo Pérsico y el Estrecho Ormuz se vió severamente reducido con la victoria de la Revolución Islámica en Irán, y ahora en Yemen, a través de los enfrentamientos triunfantes de los Houthis y de Al-Hirak (en el sur) contra el régimen aliado a Riad, la influencia árabe en el Mar Rojo y en el Estrecho Bab-el-Mandeb se verá afectado del mismo modo. Claramente un parte significante de la importancia de Arabia Saudí para EEUU es su posición geopolítica y religiosa. Por lo tanto, la victoria de los chiíes imaníes en las zonas norteños de Yemen, y la victoria de los chiíes zaidíes en el sur, prefiguran un futuro que no parece estar a favor de Arabia Saudí.

http://www.noticiaspia.org/arabia-saudi-luego-de-la-muerte-de-del-rey-abdola/

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