Por Ulises Canales
Beirut, 11 abr (PL) Aunque Estados Unidos envía militares y desembolsa millones de dólares para combatir al Estado Islámico (EI) en Iraq, un número nada desdeñable de personas allí cree que en realidad apoya el terrorismo e intenta desestabilizar la nación árabe.
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El dato lo aportó hace días un informe divulgado por el Departamento de Estado norteamericano, pero caló fuerte en una sociedad iraquí todavía desconfiada de los verdaderos propósitos del supuesto aliado en la lucha antiterrorista, que invadió y ocupó el país de 2003 a 2011.
Según la encuesta de referencia comentada aquí por la publicación Shafaq News, "alrededor del 40 por ciento de los iraquíes cree que (Washington) está trabajando para desestabilizar Iraq y controlar sus recursos naturales, y un tercio piensa que apoya al terrorismo, en general, y al EI, en particular".
La información revelada por el inspector general del Departamento de Estado se basa en sondeos hechos en octubre y noviembre de 2015 para determinar cómo cumplía la embajada norteamericana en Bagdad la misión de exponer la "verdadera naturaleza" del DAESH, nombre árabe de EI.
Mientras el inspector general estimó diligente la labor de la legación para contrarrestar el mensaje del grupo fundamentalista islámico, tuvo que admitir que las directivas de la Casa Blanca no llegaron a los iraquíes como se pretendía, no obstante a que la mayoría conoce muy bien al DAESH.
Casi todos los iraquíes tienen criterio desfavorable del EI y rechazan sus metas y tácticas sin variación significativa entre sectas religiosas y grupos étnicos, pero también mantienen por lo general un punto de vista negativo respecto a Estados Unidos, apuntó el citado estudio.
"La imagen de Estados Unidos entre los iraquíes ha caído del 38 por ciento favorable en diciembre de 2014 (ya de por sí baja) al 18 por ciento en agosto de 2015", refirió el reporte al añadir que ese descenso es mayor entre los árabes sunnitas, pues varió del 54 al 10 por ciento en el mismo lapso.
Incluso, también colapsó "rápidamente" el apoyo de los iraquíes a la alianza internacional que lidera Washington contra el EI, pues alrededor de la mitad de los sunnitas y chiitas del país mesopotámico dice ahora que "se oponen completamente a la coalición".
Entre los kurdos, que también participan en acciones militares junto al Pentágono y al gobierno de Bagdad, el rechazo a la coalición se mantuvo bajo y estable, en el orden del seis por ciento, agregó la pesquisa.
Comentaristas iraquíes ven el asunto más preocupante en virtud de que éxitos militares posteriores al sondeo, como la ofensiva contra el DAESH en inmediaciones de Mosul que permitió recapturar varias aldeas, no modificaron la mala percepción que la opinión pública tiene de los norteamericanos.
De hecho, políticos de la mayoría chiita iraquí se mostraron recelosos del objetivo a largo plazo que persigue el Comando Central de Estados Unidos con el envío y emplazamiento de cazabombarderos B-52 en la base aérea Al Udeid de Qatar, supuestamente para reforzar la lucha contra el EI en Iraq y Siria.
Más allá de tratarse de la primera vez que esos aviones de la era de la Guerra Fría son empleados para combatir a extremistas, el anuncio del despliegue suscitó más inquietud que tranquilidad ante la posibilidad de que se usen para contrarrestar la exitosa campaña de la aviación rusa en Siria.
Tampoco son pocos los que estiman que puede tratarse de una acción disuasiva dirigida a los rebeldes houthis de Ansar Allah en Yemen, en vísperas de las negociaciones que mantendrán la próxima semana en Kuwait con el gobierno del presidente Abd Rabbo Mansour Hadi, auspiciadas por la ONU.
El anuncio de los B-52 se hizo un día después de la visita no anunciada del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, a Bagdad, a donde llegó procedente de Bahrein para prometer al primer ministro chiita Haider Al-Abadi y a líderes kurdos y sunnitas "incrementar" la presión contra el DAESH.
Datos de la Fuerza Aérea estadounidense reconocieron que desde febrero pasado, cuando se retiraron los bombarderos B-1, el número de bombas lanzadas contra el EI tuvo su mayor decrecimiento en ocho meses, una baja que pone en tela de juicio, bien la capacidad o, sobre todo, la voluntad del Pentágono.
Además, provoca suspicacias el despliegue de esos aparatos en medio de controversias por recientes pruebas de misiles balísticos hechas por Irán, las cuales criticaron Estados Unidos, sus aliados europeos y los regionales como el Consejo de Cooperación del Golfo, que lidera Arabia Saudita.
Riad y la coalición árabe-islámica que combate en Yemen también denunciaron haber interceptado el 28 de marzo un cargamento de armas supuestamente enviado por Teherán para los rebeldes de Ansar Allah, lo que desató fuerte reacción del ministro iraní de Defensa, Hossein Dehghan.
A la sazón, el ministro iraní rechazó las palabras "tontas y sin sentido" de Kerry sobre que la nación persa está "desestabilizando" Medio Oriente, y afirmó que "si Estados Unidos busca la estabilidad, debe abandonar la región y dejar de apoyar a terroristas".
"Los norteamericanos han hecho a los países de la región dependientes de ellos mediante la venta de armas y sugiriendo que la ejecución de políticas estadounidenses es un deber para que puedan sobrevivir", respondió Dehghan en un pronunciamiento que afianza el resquemor y la sospecha de los iraquíes.
rc/ucl
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