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12 mayo 2017

La situación política nacional y las tareas de la izquierda


La Caldera

La situación nacional está marcada por el desarrollo del ajuste implementado por el gobierno de Macri y la emergencia de numerosas luchas de resistencia. El gobierno tiene una prueba fundamental en las próximas legislativas, que funcionarán como un plebiscito popular sobre la gestión de Cambiemos. En los distintos sectores de oposición, y en particular en la izquierda, se aceleran los debates y las definiciones acerca de la política a desarrollar para combatir al gobierno y plantear una alternativa.

El Frente Único y las alternativas políticas en curso

Desde La Caldera, pensamos que todos los sectores de izquierda debemos desarrollar ante los procesos de lucha en curso una política basada en el Frente Único; esto es, abonar a procesos amplios de lucha unificada, incluso con vastos sectores de trabajadorxs que políticamente abonaron o abonan a alguna de las principales variantes políticas del sistema. En particular, ha sido posible, desde la asunción de Macri al gobierno, la confluencia en numerosas luchas con sectores de trabajadores identificados con el kirchnerismo, así como con algunas de las direcciones de este espacio a nivel gremial y, en menor medida, político.

Esta política debe desarrollarse sin dejar de señalar las limitaciones de estas direcciones y nuestras diferencias de orientación, en particular cuando coagulan como direcciones burocráticas, proclives a operar como un freno al desarrollo de las luchas radicalizadas más masivas. A sí mismo debemos dar una disputa por la dirección de estos procesos, cuestionando el sentido de conciliación de clases que (más allá de moderar el ajuste) intentan permear al movimiento. Pero la apuesta al Frente Único implica que esta disputa debe hacerse desde dentro de las luchas en curso, sin recurrir permanentemente a un delimitacionismo estéril “por afuera” con las direcciones reales de muchas de estas luchas.

Buena parte de la clase está permeada por el carácter favorable a un “capitalismo inclusivo” y de conciliación de clases de sus direcciones sindicales y políticas. La construcción de un frente único contra el ajuste debe contemplar esta realidad, lo cual significa que no podemos anteponer el carácter anticapitalista del movimiento. Pero también debemos subreyar que el macartismo dentro de la clase es menor a tiempos anteriores, lo cual nos permite dar una disputa abierta dentro del movimiento en torno a este principio. Rechazamos el ajuste, y a la promesa del gobierno de una “lluvia de inversiones” a cambio de dejar pasar su programa económico contra el pueblo trabajador, oponemos una alternativa anticapitalista: incrementar los impuestos a la riqueza y destinarlos a un incremento sustancial de la inversión pública, bajo el control obrero y popular. Entendemos este control sólo posible con el ejercicio del poder desde abajo, consolidado en instituciones populares efectivamente democráticas.

Este ejercicio de poder lo venimos haciendo amplios sectores de nuestra clase en forma autogestiva y con independencia de clase en el movimiento piquetero y su proyección en cooperativas hoy precarizadas, en fábricas recuperadas, en comisiones internas democráticas, en medios alternativos que a su vez van construyendo redes de comunicación, en formas autogestivas y de coproducción de conocimiento crítico, en la autoorganización del movimiento de mujeres y diversidad de género, en la defensa del medio ambiente...

La perspectiva anticapitalista debe estar presente claramente en nuestra política, mostrando cursos de acción prácticos inmediatos en ese sentido, tanto en las formas de organización desde abajo como en la construcción de un movimiento de masas cuya orientación deberá definirse en su propio despliegue. Por eso la perspectiva anticapitalista no puede ser planteada como ultimátum al movimiento de masas ni a la convivencia con tendencias políticas diversas en el mismo.

Una de las discusiones que ha condensado aspectos de este debate en el terreno sindical (y debemos darnos un debate específico en cada terreno de construcción y lucha) es el problema de la “columna independiente” impulsada permanentemente por sectores sindicales influenciados por el PO, y que desde el espacio de coordinación sindical al que apostamos (la Corriente Política Sindical Rompiendo Cadenas) hemos cuestionado en general, apostando más bien a la política de marchar dentro de las grandes columnas sindicales donde la mayor parte de lxs trabajadorxs participa de hecho. El costado más equivocado de la política de “la columna independiente” a como dé lugar, se vio en el acto de la CGT que llevó a la exigencia de convocatoria real y concreta a un paro nacional (“poné la fecha”), y al copamiento del atril por parte de distintos sectores sindicales, inclusive por sectores combativos. Mientras una parte importante del sindicalismo antiburocrático realizaba un acto a dos cuadras, sin intervenir activamente en esa situación.

Esto sin perjuicio de poder impulsar que sectores de la militancia de las organizaciones de izquierda puedan aportar a las movilizaciones con su bandera política, y dando a conocer sus propuestas y críticas; y con cuidado a que la columna de cualquier sindicato, aún si en algún momento conviene conformar una columna independiente entre sindicatos con conducción antiburocrática, no se vea identificada con un partido político en particular. En este punto es que tenemos mayor acuerdo con la política que se dio el llamado Encuentro Sindical Combativo, disuelto tras las diferencias políticas de los partidos del FIT.

Como contracara al delimitacionismo per se, algunos sectores que vienen de distintas tradiciones de la izquierda, teniendo al frente al gobierno de Macri ceden políticamente en forma total al kirchnerismo y a sectores del PJ. Esta es en particular la política de Patria Grande, quienes en una reciente declaración plantean su apuesta de un frente “anti macri” encabezado por Cristina, excluyendo a los sectores que han sido cómplices del ajuste macrista. En otro documento que nos resulta de interés sobre la situación de la izquierda, lxs compañerxs de Democracia Socialista plantean una crítica a la declaración de Patria Grande, por momentos muy acertada, señalando como falsa la posibilidad de que un frente encabezado por Cristina se desligue del PJ, y que conduzca a una política de radicalización del programa del kirchnerismo original en esta coyuntura política.

No obstante, si invertimos el problema, también este análisis adolece de problemas. Si por un lado es necesaria la unidad en la acción, y la ampliación del Frente Único en las luchas sociales reivindicativas, la traducción de esto al plano político general sólo puede conducir, con coherencia, a la orientación de Patria Grande, porque los sectores progresistas identificados con el kirchnerismo, que Democracia Socialista se propone interpelar, apuestan a la vuelta de Cristina.. Y esto no puede hacerse sin partes significativas del PJ. Por tanto esta vía de adaptación cada vez mayor al PJ, y la renuncia a cualquier reagrupamiento anticapitalista, es la consecuencia lógica de esta política, en la situación actual; esto se corrobora con el reciente acto donde Patria Grande aparece pegada al PJ porteño, ante la paradoja de que el kirchnerismo cristinista en CABA despliega una política menos amplia que el propio PJ hacia el progresismo. Esto no puede interpretarse más que como una rendición casi incondicional ante el PJ en general, más allá de que se distancien de sus variantes más impresentables en algunos distritos, por ejemplo en Córdoba.

Desde nuestro punto de vista, a diferencia de la orientación de lxs compañerxs de Democracia Socialista, creemos que no se puede interpelar a sectores significativos de trabajadorxs hacia una política emancipatoria sin presentar una propuesta realmente alternativa, que tiene que articularse necesariamente desde un punto de vista anticapitalista, socialista y feminista explícito, avalado por una práctica consecuente de Frente Único en la lucha social. Si en la lucha reivindicativa es necesario apostar a la unidad, en la lucha política general no puede ofrecerse una alternativa sin delimitación clara del kirchnerismo y las variantes reformistas del sistema. Lo contrario supone la expectativa de que surja algún fenómeno político intermedio, al estilo de Podemos en España, que reagrupe a reformistas y revolucionarios con una política que pueda adquirir incidencia de masas.

Más allá de los debates sobre las difíciles encrucijadas y problemas estratégicos que plantearía a la izquierda argentina un fenómeno de este tipo, lo cierto es que esto es por el momento pura especulación, porque sus posibilidades de surgimiento real en nuestro país se encuentran bloqueadas por partida doble. Por un lado, porque la mayor parte de la población que podría identificarse con una sensibilidad progresista o reformista ya está interpelada por el kirchnerismo, fuerza política inseparable del partido preferido de la burguesía argentina para asegurarse estabilidad política y social, el PJ. Por otro lado, cualquier fenómeno de este tipo tendría que lidiar con la izquierda del FIT, que más allá de los aspectos sectarios de su política, tiene una importante inserción política y sindical, y tiene la enorme virtud de haber alcanzado cierta referencia de masas y electoral bajo un programa claramente anticapitalista. La situación política es ésta y es necesario jugar en este escenario.

La Nueva Izquierda y las elecciones

Ante este escenario, las distintas fuerzas de Nueva Izquierda nos encontramos en debate sobre qué posición tener ante las elecciones y el año político. Cuando decimos Nueva Izquierda, nos referimos a un conjunto de organizaciones, colectivos y activistas que venimos construyendo una coordinación política sostenida en el plano sindical desde hace 10 años, como es la apuesta común a la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas. Creemos que este espacio de organizaciones se encuentra en una encrucijada.

El Frente Popular Darío Santillán, en su comunicado: “Por un gran acuerdo de la Izquierda para frenar la ofensiva macrista”, señala acertadamente la necesidad de unificar electoralmente al conjutno de organizaciones para “desembocar en un gran Acuerdo Electoral de la izquierda de cara a las próximas elecciones”. Compartimos con lxs compañerxs del FPDS la necesidad de unificar al conjunto de las expresiones electorales de la izquierda anticapitalista. Hacemos propio el llamado a la unidad entre Pueblo en Marcha, Izquierda Popular, Autodeterminación y Libertad, Izquierda al Frente por el Socialismo, el FIT y Poder Popular. Pero no guardamos expectativas reales de poder traccionar a fuerzas “progresistas” o de centro izquierda a una convergencia con la izquierda. Este intento tropezará, tarde o temprano, con insalvables limitaciones programáticas y de delimitación política. Puntualmente, con el Frente Ahora Buenos Aires (Patria Grande y aliados) que tiene una plataforma de defensa de las PyMES (muy similar al programa de sectores del PJ y la burocracia sindical) y acaba de acordar con el PJ en CABA.

Dicho esto, es necesario un balance de por qué las condiciones para lograr la más amplia unidad en el plano político general hoy son, a nuestro entender, escasas. Hasta el momento, todos los cañones apuntan al sectarismo del FIT como razón única y excluyente, y a su estado de permanente riña entre los partidos que lo componen, confirmada tras las resoluciones que tanto el PO como el PTS sacaron de sus recientes respectivos congresos partidarios.

Pero al mismo tiempo, y mientras algunos sectores vienen anunciando reiteradamente la “muerte” del FIT, creemos que sigue siendo la principal referencia de la izquierda anticapitalista de cara al masivo de la sociedad, y vemos que no sería útil un intento paralelo a este fenómeno, más aún por la escasa o mediana inserción real de nuestras organizaciones y su estructuración política. Mucho menos acordamos con que la construcción de un perfil político distinto al de las organizaciones del FIT termine condensando en la alianza política con organizaciones sin una clara definición anticapitalista. Por eso consideramos necesario apostar en este momento a que el FIT pueda desarrollarse en forma superadora, desde un agrupamiento que priorice otra forma de relacionarse entre las organizaciones, aportando un perfil propio al programa y a las estrategias de interpelación electoral. Estos son los motivos que nos han llevado a construir la CIPP.

Algunas apreciaciones generales sobre las internas del FIT

En su carta pública a los Partidos del FIT, tras su Congreso partidario, el PO afirma que el FIT “no funcionó como Frente Unico Obrero y de izquierda”, ni siquiera en lo electoral. Por su parte, el PTS ratificó la presentación de sus propias candidaturas, y declara que el FIT debe entrar en un proceso de reformulación programática. Los debates de carácter estratégico entre ambas corrientes, que podrían ser motivo de un sano debate de tendencias entre los partidos actuales del FIT (y el conjunto de experiencias que creemos necesaria la confluencia), han adoptado la forma de una virulenta sucesión de acusaciones cruzadas, que por su parte se realizan en el marco de una disputa por el orden de las candidaturas. Entendemos que las PASO no son la forma correcta de dirimir esos debates, y lamentaremos si este año vuelven a ser utilizada como último recurso para salvaguardar la unidad del frente. Es momento de amplificar y unir a quienes peleamos por la independencia política de nuestra clase y del pueblo, por una salida de la crisis anticapitalista y de lxs trabajadorxs. El marzo caliente nos da la certeza de que es posible y es necesario.

Nuestra apuesta por la Corriente de Izquierda por el Poder Popular

Nuestra apuesta por la Corriente de Izquierda por el Poder Popular, junto con el Frente Único Hombre Nuevo – Izquierda Revolucionaria y Marcha Guevarista, es un intento de aportar una herramienta más al desafío de construir una práctica de agitación electoral consistente con nuestro perfil político general, centrado en el desarrollo del Poder Popular y la apuesta al Socialismo desde Abajo.

En este sentido, no vemos con buenos ojos cierta práctica electoral de distintas variantes de izquierda, tomada en ocasiones por el FIT, que tiende a reforzar un discurso y una práctica delegativa, como si el voto pudiera implicar de por sí, la realización de partes importantes del programa que levanta. Por nuestra parte, consideramos que la táctica electoral tiene que realizarse en función de nuestra apuesta estratégica: incentivar la autoorganización obrera y popular, resaltando la imposibilidad de lograr transformaciones profundas sin una práctica permanente de construcción de poder desde abajo. Intentaremos hacer nuestro mejor aporte a la construcción de esta perspectiva.




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