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Siete ideas sencillas para controlar nuestras emisiones de carbono



New York Times


Implementar algunos cambios en nuestra vida cotidiana puede ayudar a combatir el calentamiento del planeta. Credit John Mcconnico/Associated Press

El cambio climático global es un tema complicado. Para lograr una solución a largo plazo, es necesario hacer cambios profundos en nuestra manera de generar energía. También podemos hacer cambios en nuestra vida cotidiana para intentar contribuir menos al calentamiento del planeta. A continuación, te presentamos siete ideas sencillas que nos ayudarán a reflexionar sobre la manera en que las decisiones que tomamos hoy afectan el clima del mañana.

Es mejor comer vegetales de Argentina que carnes rojas de una granja local

Consumir productos locales es excelente pero la mayoría de las emisiones de carbono relacionadas con los alimentos no se originan por su transportación, sino durante su producción; producir carne roja y lácteos, por ejemplo, genera una cantidad impresionante de carbono.

Las emisiones que se deben a la producción de carne roja son de metano, un potente gas de efecto invernadero. No hay consenso entre la comunidad científica en cuanto a cómo deberían contabilizarse las emisiones de metano en las cifras de emisiones totales del planeta. Sin embargo, la mayoría concuerda en que la cría de ganado bovino y ovino produce un calentamiento de magnitud superior al derivado de la cría de otras fuentes de proteína como el pescado y el pollo (estos últimos, además, producen huevos).De acuerdo con algunos investigadores de Carnegie Mellon, si un hogar normal sustituye el 30 por ciento de su ingesta de calorías de carne roja y lácteos por una combinación de pollo, pescado y huevo, ahorrará más carbono que si consumiera solo productos locales todo un año.

Es cierto que consumir solo frutas y verduras de producción local es lo que más reduce nuestra huella de carbono. Pero en el caso de quienes no están preparados para hacer ese cambio, reducir la cantidad de carne que consumen es más importante que optar por productos locales.

Utilizar el transporte público

Algunos científicos determinaron la cantidad límite de carbono que podemos emitir sin poner en riesgo nuestra seguridad, para evitar efectos graves como la inundación extendida de ciudades costeras o el colapso de la cadena de suministro de alimentos.

Si dividimos este fondo global de carbono entre la población mundial (dado un nivel supuesto de emisiones en el futuro), se obtiene la cantidad promedio que cada individuo puede utilizar cada año de su vida, es decir, su “presupuesto de carbono” anual.

En la actualidad, las emisiones per cápita de los estadounidenses son de aproximadamente diez veces este límite y, dada la riqueza relativa del país, no es probable que nuestras emisiones se reduzcan a la cifra promedio en un futuro próximo. No obstante, sí es posible reducirlas con respecto a sus niveles actuales.

Debemos considerar, por ejemplo, que si conducimos al trabajo solos todos los días, con solo ese traslado ya superamos nuestro presupuesto de carbono del año. Utilizar el transporte público (o, mejor aún, la bicicleta) reduciría significativamente nuestra aportación.

Consume todo lo que guardas en el refrigerador

Algunos científicos calcularon que en Estados Unidos se desperdicia hasta el 40 por ciento de los alimentos, lo que equivale a unas 1400 calorías por persona cada día. Una porción significativa de nuestros basureros está llena de desperdicios de alimentos, los cuales, al descomponerse, liberan metano a la atmósfera.

Vale la pena enfatizar que el desperdicio de comida también repercute en la cantidad de alimentos que es necesario producir, y cuya producción ya representa gran parte de las emisiones de carbono.

¿Qué podemos hacer para desperdiciar menos? Planear nuestras comidas antes de ir de compras, usar una lista y evitar comprar por impulso. En casa, congelar los alimentos antes de que se echen a perder. Si tiramos mucha comida preparada, podemos intentar reducir el tamaño de las porciones.

Volar es malo, pero conducir puede ser peor

Retomemos el tema de nuestro presupuesto de carbono. Resulta que se agota con un solo vuelo de ida y vuelta de Nueva York a Los Ángeles. Si las personas que vuelan con frecuencia quieren reducir un poco su huella de carbono, pueden optar por viajar en clase económica.

Los asientos de primera clase ocupan más espacio, por lo que son necesarios más vuelos para transportar al mismo número de personas. En promedio, un asiento de primera clase es 250 por ciento más perjudicial para el medioambiente que uno de clase económica.

No obstante, con todo y lo malos que son los vuelos, conducir puede resultar todavía peor. Si una persona recorre sola todo el país en auto, crea más emisiones de carbono que un asiento de avión. Además, si bien un auto híbrido o eléctrico ahorra combustible en el recorrido, en Estados Unidos la mayor parte de la electricidad todavía se produce a partir de combustibles fósiles.

Si en realidad nos interesa controlar nuestras emisiones de carbono, es mejor tomar el tren o el autobús, en especial para trayectos cortos. Otra opción es utilizar internet: una llamada por Skype o Google Hangouts produce muy poco dióxido de carbono.

Los gatos y los perros no son un problema

Nunca falta el medio noticioso que comunica que tener mascotas es malo para el medioambiente. A primera vista, este argumento parece lógico: el principal alimento de perros y gatos es la carne, que produce grandes cantidades de carbono, así que con seguridad contribuyen al aumento de las emisiones de carbono.

Sin embargo, en general nuestras mascotas no consumen cortes de carne de la mejor calidad, sino los desperdicios que los seres humanos no queremos. Cuando se lleva a una vaca al rastro, casi el 50 por ciento del animal se desecha por no ser deseable o adecuado para el consumo humano. La carne que se emplea para elaborar el alimento para mascotas es un derivado del consumo humano de carne, no lo fomenta.

Tener un perro en realidad puede ser positivo para el medioambiente. Si tenemos un perro, adoptaremos la costumbre de caminar. Así que cuando necesitemos ir rápido a una tienda cercana, quizá decidamos caminar en vez de subirnos al auto.

Cambia tu carcacha si quieres, pero no compres un auto adicional

Antes de siquiera comenzar a conducir un auto adicional, ya habremos utilizado hasta un 350 por ciento de nuestro presupuesto anual de carbono. ¿Por qué? Por haber alentado la fabricación de toda la materia prima y metales que lleva el auto.

Sí existe un punto en el que el ahorro de carbono que implica conducir un auto nuevo y más eficiente compensa el costo de carbono necesario para producirlo. Por ejemplo, en promedio, cambiar una camioneta que rinde unos seis kilómetros por litro por un sedán que rinde casi 15 kilómetros por litro compensa los costos adicionales de fabricación en dos años.

Cualquier medida que tomemos para mejorar el rendimiento del automóvil reducirá nuestra huella de carbono. Respetar el límite de velocidad y conducir a la defensiva puede mejorar el rendimiento del auto en más de un 30 por ciento, según el Departamento de Energía.

Incluso medidas sencillas como revisar la presión de los neumáticos y afinar el motor pueden mejorar hasta en un siete por ciento el rendimiento por litro de combustible y ahorrar un promedio de carbono equivalente a consumir solo alimentos locales todo el año. 

Comprar menos y desperdiciar menos

La fabricación de autos no es la única actividad de manufactura que suma a las emisiones de carbono. Fabricar otros bienes de consumo también puede tener grandes efectos: fabricar la MacBook Pro nueva produce la misma cantidad de carbono que conducir casi 2100 kilómetros de Denver a Cupertino, California, para recogerla en persona.

Si consideramos el otro extremo del ciclo de vida de un producto, desperdiciar menos es de gran ayuda. Cada objeto reciclado es un objeto menos que necesita producirse, lo cual reduce la cantidad de material que termina en los basureros. Sin embargo, el proceso de reciclado también consume energía, así que, dependiendo del material, quizá no sea tan positivo como pensamos.

Reciclar una revista cada día durante un año implica un ahorro de carbono menor que las emisiones que produce nuestro refrigerador en cuatro días de operación.

Lo mejor es no consumir ni siquiera la materia prima, así que lo ideal es pensar muy bien si en realidad necesitamos un producto antes de comprarlo.

Por supuesto, estas decisiones individuales son medidas pequeñas. Para encontrar una solución sostenible que evite daños graves al planeta, se requieren cambios fundamentales en el sistema de energía global: lograr la transición de combustibles fósiles a energías renovables y reducir drásticamente el número de automóviles con motor de combustión interna.

Si nuestro objetivo es cuidar el medioambiente, quizá la mejor opción sea apoyar políticas públicas que promuevan el desarrollo de energías limpias y medios de transporte eficientes. No obstante, cada pequeño cambio en nuestra cultura y conducta puede contribuir a la solución. Deberíamos poner manos a la obra de inmediato.



https://www.rebelion.org/noticia.php?id=229609

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