Resumen Latinoamericano*, 3 septiembre 2019.
Por: Gladys Esther
A mí las estadísticas la mayoría de las veces no me apasionan. No solamente porque son frías, sino porque soy más dada al sentimiento, y cuando parto de una anécdota, una opinión de las personas, me muevo más a gusto.
¿Tendré predilección por lo anticuado, lo meloso? En fin… no sé.
Pero cuando dejo repasar algunas ideas me vienen datos que no deben obviarse, y no porque sean tradicionales sino porque son como templos, inobjetables.
No voy a referirme a asuntos harto conocidos sobre la mujer cubana. Creo que desde 1959, a los pocos meses de instaurado el gobierno revolucionario, los cambios se evidenciaron.
Para mí, que era niña, que veía como en mi casa las mujeres pedían permiso para todo: ir de tienda, visitar a la familia, ir al cine… eran personas dependientes. La vida fue nueva.
Entonces organizarse en grupos, ir a los barrios más humildes a enseñar las normas higiénicos-sanitarias más elementales y su repercusión en la salud familia; recoger prendas de vestir y del hogar para entregar a las gentes más desfavorecidas; irse a las montañas como maestros voluntarios y llevar la luz del conocimiento eran cuestiones que marcaban.
Y de pronto: dos acciones que propiciaron una transformación dinámica y notable sobre la vida cotidiana: las Anitas, esas jóvenes campesinas de la zona más oriental de la isla que llegaron a la capital para aprender a leer y escribir, corte y costura; y la campaña de alfabetización en todas las zonas del país del campo y las ciudades.
Nunca más las mujeres cubanas fueron iguales. Nunca más la juventud cubana fue igual.
Repito, no voy a hacer historia, aunque lo vale. Hay tanto por redescubrir y valorar con la mirada de hoy.
Porque cuando en un país subdesarrollado y bloqueado económicamente por un imperio poderoso, mujeres y hombres ganan igual salario por el mismo trabajo, oficio o profesión, hay un punto de partida.
En países tan desarrollados como Noruega, los Estados Unidos de Norteamérica, Japón, Inglaterra o Suecia, por solo mencionar algunos, hay entre un 10 al 30 % de diferencia en sus sueldos.
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Hay que sentirseestrella cuándo una isla tiene tantos centros de investigación donde la mayoría de los do ctores en Ciencia y científicos son mujeres, y ellas lideran muchas de las investigaciones, ya que constituyen el 67 % del personal profesional; cuándo una madre no trasmite el VIH ni la sífilis a su vástago.
No sé… Hoy es 2 de septiembre, en Cuba inició el curso escolar y más de 1 700 000 infantes, adolescentes y jóvenes asaltaron las aulas y las universidades y todos, absolutamente todos, tienen la posibilidad de asistir a clases, tener libros, uniformes, no pagan matrículas, entonces, aunque la sociedad esté lejos de la perfección y el saco de los desafíos para garantizar la equidad y el empoderamiento es grande. Cuándo aún hay que derrotar los residuos de las manifestaciones del patriarcado, la violencia familiar y otras pequeñas acciones que delatan todo lo justo por alcanzar aun, de todas maneras hay que sentirse en el camino de la realización que conlleva la seguridad de ser una mujer plena.
Porque sí, reitero, no se puede olvidar la historia.
*Mujeres.co
http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/09/03/cuba-no-se-puede-olvidar-la-historia/
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