Por OLEP
Ni un rechazado más.
Este año, 36 507 jóvenes que hicieron el examen de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (COMIPEMS) obtuvieron como resultado la temida “CDO” (Con Derecho a otra Opción), una sutil forma de decir “rechazado”. Miles de jóvenes no entraron en la escuela que querían y fueron lanzados a 251 “ofertas educativas” lejanas a sus hogares, o sin una alternativa clara para continuar con su educación.
Las razones para no salir bien librado del examen de la COMIPEMS son muchas; la mayoría de ellas consecuencia del rezago educativo que tenemos en nuestro país, víctima de décadas neoliberales y discursos que privilegian los resultados exprés sobre la formación, y de la pobreza, que en nada es amiga del estudio. Muchos jóvenes de las colonias populares tienen que trabajar mientras estudian, tienen que hacerse cargo de sus hermanos menores, de sus abuelos, o tienen dificultades en el aprendizaje, para lo cual no están capacitados los maestros de las secundarias, y por éstas y otras razones el examen resulta no sólo doloroso para los jóvenes, sino también injusto, pues entran muchos de los que pudieron pagar un curso, o que pudieron tener una educación privada con mayores oportunidades.
Ya lo dijeron el presidente y la jefa de gobierno de la Ciudad de México (CDMX): la educación es fundamental y por eso se buscó dar el mayor presupuesto del 2019 a este rubro en la capital; sin embargo, garantizar el derecho humano a la educación va mucho más allá de dar dinero a escuelas y becas a los jóvenes; pasa por una reestructuración total de los programas de estudio, por incrementar el número de profesores contratados, respetando sus derechos laborales, por crear más escuelas de todos los niveles y por impartir un pensamiento crítico, humanístico, científico y con carácter social, una educación que busque la transformación del país, pues si no ¿de qué transformación hablamos?
En una pequeña entrevista que nos concedió una adolescente y su madre nos comentaron que la chica tomó un curso durante varios meses, el cual le costó cinco mil pesos. En ese curso la ponían a resolver exámenes una y otra vez, no había mucha comprensión de los temas y muchas cosas no las había visto en las clases, “ni vemos eso en la escuela”, decía la joven. Su madre, preocupada porque la chica salió con CDO en el COMIPEMS, y porque como opciones le daban escuelas en Chalco y Chimalhuacán, cuando ella vive en Iztapalapa, nos decía que era muy injusta esa situación, pues no podía ser que se dijera que ya no habría jóvenes sin estudiar y ahora su hija se encontrara así.
Fuimos con ellas a a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI) de la CDMX y a las oficinas centrales del Instituto de Educación Media Superior (IEMS). En ambas no dieron respuesta; primero dijeron que estaban de vacaciones y, posteriormente, que ya no había oportunidad de entrar. La adolescente y su madre ya habían ido escuela por escuela buscando un lugar.
Como ellas, miles de personas buscan de manera desesperada un lugar para sus hijos, los hijos del pueblo, en las distintas opciones de bachillerato que hay en la ciudad. Como ellas, mucha gente se siente decepcionada por una promesa incumplida por el gobierno capitalino.
Decidimos iniciar un proceso de organización junto con todas las personas que buscaran un lugar en la preparatoria. El año pasado logramos mediante la movilización y la organización que 27 jóvenes entraran en dos preparatorias del IEMS, en medio de insultos por parte de las autoridades y triquiñuelas que lanzaron a los padres y a nosotros. Este año esperamos lograr eso y más, esperamos que por medio de la exigencia organizada de lugares para las preparatorias del IEMS, se exponga la necesidad de eliminar los exámenes de selección, de mejorar los contenidos en todos los niveles educativos, de no privilegiar los números sobre el futuro de los niños y jóvenes, y de crear las escuelas que sean necesarias para garantizar la educación.
Esto no es fácil, lo sabemos, pero la educación es fundamental para el desarrollo de nuestro pueblo, y también sabemos que lugares para construir escuelas hay muchos, pues en la ciudad abundan construcciones, centros comerciales y establecimientos que en nada ayudan al pueblo. También sabemos que las preparatorias del IEMS nacieron cuando un grupo de vecinos de Iztapalapa tomó las instalaciones de una cárcel de mujeres, bajo el lema «¡Prepa sí, cárcel no!» Sabemos que las leyes permiten la expropiación en caso de corrupción. ¿Por qué no convertir todos esos centros comerciales en escuelas? Al fin y al cabo, la mayoría de ellos fueron creados gracias a la corrupción, quitan el agua a las colonias y muchos están mal construidos.
Debemos avanzar de manera organizada en la lucha por la garantía de nuestros derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Invitamos a todo joven o persona que no tenga acceso a la educación a que luche con nosotros, a que se organice para lograr el noble objetivo de estudiar. Invitamos a todo joven que no estudia a que no se desespere, que no se lance a las fauces de la bestia capitalista y se meta en malos pasos. Acérquense a nosotros; conformen Brigadas de Jóvenes Proletarios en los barrios, colonias, pueblo; luchen junto con todos los hijos del pueblo no sólo por educación y una vida digna para todos, sino por la transformación radical de esta sociedad, por el fin del neoliberalismo y la construcción del socialismo.
¡Educación digna para todo el pueblo!
NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección «Educación» del N° 46 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Septiembre-Octubre, 2019.
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