Crisis en la pandemia
“El pensamiento es un poder invisible y casi inaprehensible que se burla de todas las tiranías” (Alexis de Tocqueville)
Todos, absolutamente todos, estamos construidos de prejuicios. Son sembrados en nuestras conciencias a temprana edad. De ahí en adelante estos solo se van fortaleciendo, acrecentando, alimentándose con la complicidad de la escuela y la familia.
Estos días de crisis, incertidumbre y nerviosismo social, las redes y la TV han cumplido, a pie juntillas, el papel asignado por el poder: crear esa sensación de miedo y sometimiento. Sin negar la gravedad de la crisis sanitaria, deberíamos estar de acuerdo en que la comunicación de los eventos, las cifras, las notas de prensa, han sido presentados envueltos en una desinformación que pasa por información.
Por otro lado, los medios, acorde a su papel asignado en la falsa democracia, pregonan una falsa unidad nacional, discurso que en realidad apela a la segregación de clase. Fijémonos en las notas periodísticas, en los comentarios en redes, en casi todos estos espacios el discurso común era el de insultar, subvalorizar, discriminar, insultar a una grande porción de población, quizá la más pobre cultural y materialmente, del país; que viven hacinadas en guetos con nombres como Monte Sinaí, La Trinitaria, Guasmo sur, La Prosperina…lugares donde le hambre, la violencia, la ignorancia son de todos los días. Insultos aceptados por todo el resto. Todos compartiendo memes insultantes, denigrantes.
El discurso del poder se amplificó en las clase burguesa, en la clase media; en todos. Pocos escapan a la manipulación. La mayoría escupió ira y rencor contra el proletariado de Guayaquil, que sin armas y sin protección del Estado, ha sido el sector más golpeado por el virus en nuestro país, el sector social al que le resultó imposible aplicar la consigna oficia de “quédate en casa”…y ahí todos apuntamos con ira, con el dedo a “esos monos brutos, monos ignorantes” por no acatar la disciplina de esta democracia a la que no pertenecen, sino solo cuando aparecen en las estadísticas del crimen, de la crónica roja.
Vivimos una simulación de la realidad creada por el poder y reproducida por los medios de comunicación. Sí, el virus es real, la muertes son reales, la crisis es real; pero las reacciones a todo esto, individualmente, como socialmente, son creadas por un poder invisible.
“El capitalismo no debe ser considerado sólo desde el punto de vista económico, sino —sobre todo— como un sistema reconfigurador de identidades que permitan el funcionamiento de las estrategias de control social para el buen funcionamiento del sistema. Uno de los factores de la construcción de identidades es la construcción de significados de los fenómenos que nos rodean y de los afectos que nos mueven. Esta construcción de significados impone que el hombre se autointerprete como libre, a pesar de estar bajo la influencia de potentes mecanismos de control social” ( Javier Barraycoa 2003).
El párrafo anterior sintetiza la idea, el control social en tiempo de crisis, no tienen intenciones humanitarias, sus intenciones son de control, de mantenimiento del poder. Para lograr eso no importan las muertes proletarias de nuestros hermanos de Guayaquil, cuya tragedia es un grito contra el sistema que los ha condenado en la tierra.
Bibliografía:
Barraycoa, J. (2003). Sobre el poder en la modernidad y la posmodernidad. Barcelona: Scire
Barraycoa, J. (2003). Sobre el poder en la modernidad y la posmodernidad. Barcelona: Scire
https://kaosenlared.net/ecuador-los-condenados-de-la-tierra-y-el-control-social/
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