Actualmente hay 380.000 personas en Cataluña que viven con unos ingresos inferiores a 350 euros. Viven en la pobreza severa.
Estos últimos días ha comenzado un debate encendido sobre la renta básica universal (RBU). Y es positivo. Hace años que diferentes colectivos están trabajando en la difusión y la defensa del RBU, y, de hecho, a finales de enero en el Ateneu Popular de Nou Barris una jornada aglutinó diferentes espacios, culturales, feministas o de acción social y comunitaria, entre otros, para articular las luchas en favor de su implementación.
En el marco de una crisis social y económica sin precedentes para las generaciones actuales, el debate sobre propuestas que constituyen un rediseño de los mecanismos de distribución de la renta es fundamental. Y es cierto: la gestión de una RBU en un marco competencial autonómico tiene límites. Pero vayamos por partes.
Una aproximación a la RBU
La asociación internacional Basic Income Earth Network (Red Mundial por la Renta Básica) define la RBU como una asignación monetaria, individual, incondicional y universal. Difiere, y mucho, de los subsidios condicionados. La lógica de los subsidios condicionados, entre otros, la renta garantizada de ciudadanía (RGC) o el ingreso mínimo vital (IMV), es la de ayudar después de haber fracasado o de haber caído siempre que se pueda demostrar ante la burocracia de las administraciones. En definitiva, los subsidios condicionados exigen la prueba de la carga a la gente que se ha quedado en paro, que no alcanza el umbral de la pobreza a pesar de trabajar remuneradamente o la gente con diversidad funcional, entre otros.
Periódico Alternativo publicó esta noticia siguiendo la regla de creative commons. Si usted no desea que su artículo aparezca en este blog escríbame para retirarlo de Inmediato



No hay comentarios.:
Publicar un comentario