
Por Juan Guaján, Resumen Latinoamericano, 3 de junio de 2023.
Foto: Sergio Massa saluda al presidente del Banco Popular de China, Yi Gang. A su lado se observan el titular del Banco Central, Miguel Pesce y el embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja
Desde hace un tiempo es sabido que la principal estrategia del gobierno, conducido por Sergio Massa, es ¡llegar! Cumplir con los plazos electorales y con la trasmisión del gobierno el 10 de diciembre con el país y su economía estallados, pero funcionando, a pesar del estancamiento y con una inflación superior al 100%.
Con ese panorama, cumpliendo con los pagos y directivas del FMI, manteniendo la relación con los intereses de los EEUU e Israel en sus niveles actuales, Massa da por cumplidos sus compromisos con la “Embajada” y su razón de ser en la función que desempeña. Es obvio que la proximidad de las elecciones, con sus guiños y acechos, puede hacer que esto no sea sencillo de alcanzar.
Para hacer posible lo anterior hacen falta divisas. Son necesarias para contener las corridas bancarias presionando por bruscas devaluaciones y también para disponer de los recursos para cumplir con el FMI y mantener viva la economía atendiendo a las importaciones básicas. Por ello el gobierno necesita –también- de China. Allí está la razón coyuntural del viaje que acaba de realizar Massa.
Este gobierno se encontró con el hecho que China está promoviendo la influencia del yuan (su moneda) en Nuestra América, particularmente en Brasil y Argentina, lo hace como un aspecto complementario al importante incremento comercial y de inversiones que está realizando en la región, arañando la consolidada presencia que tiene EEUU en la región.
Desde hace un par de meses podemos pagar algunas compras a China en yuanes y este país podrá hacer inversiones en yuanes. En Brasil el yuan ya es la segunda moneda, por encima del euro. El Presidente de Bolivia señala estos avances como “tendencias” a las que su país podría sumarse.
En Brasil, el Presidente Lula ha planteado la posibilidad que, mediante un cambio en los Estatutos del BRICS (el acuerdo que involucra a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), los países que lo integran puedan avalar compras de países no integrantes de ese agrupamiento, mediante el Banco de esa institución, con sede en Shanghái y que preside la brasileña Dilma Rousseff. Esa alternativa fue desechada, pero en agosto se discutirá -en Sudáfrica- la incorporación de Argentina al BRICS abriendo –ahí sí- esa posibilidad.
Si bien aún no se conocen todos los detalles de los acuerdos realizados, uno de los primeros fue el destinado a fortalecer las reservas, en ese sentido se renovaron y ampliaron (por 3 años) los swaps, al equivalente a 18 mil millones de dólares; elevándose de 5 a 10 mil millones los fondos libremente disponibles para compras en China. Con créditos por 3 mil millones se aseguró el apoyo para distintas obras: la continuidad de la represa Jorge Cepernic en Santa Cruz; las plantas depuradoras de agua para AYSA en Laferrere y Jagüel; los créditos para líneas de alta tensión en el AMBA; la participación de empresas chinas en la licitación para la construcción de la segunda parte del gasoducto Néstor Kirchner.
No dejaron de ser llamativas las reuniones de Massa con empresarios chinos que hacen inversiones en materia de litio. Estas negociaciones son muy sensibles porque es sabido lo destructivo de estas explotaciones, para el ecosistema y las comunidades locales. Sería nefasto que el extractivismo sea la regla para la explotación de nuestros bienes comunes como ya se hizo y se sigue haciendo. No seamos un nuevo Potosí, como dijo Cristina, pero tampoco Malasia o Corea del Sur, de ningún sistema de poder mundial.
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