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13 julio 2023

"La sangre en las paredes": dentro de las cámaras de torturas de Ucrania


© AP Photo / Felipe Dana

Los líderes de la OTAN, reunida esta semana en Vilna (Lituania), debatieron la cantidad de armas y dinero que debían enviar a Ucrania. A pesar de algunos puntos evidentes de tensión, no hubo desacuerdo fundamental sobre la moralidad básica de apoyar a Kiev, un Gobierno que ha recurrido regularmente a la tortura contra civiles y cautivos.
Cabe señalar que Ucrania recurrió a estos métodos inhumanos mucho antes de la operación militar especial de Rusia, pues lo estuvo haciendo desde hace nueve años.
Un informe publicado el mes pasado por la Oficina de las Naciones Unidas para Derechos Humanos reveló que decenas de civiles fueron torturados recientemente "en centros oficiales de detención preventiva" por las fuerzas de seguridad ucranianas.
Un testimonio similar fue proporcionado por una fuente de las fuerzas de seguridad rusas, que declaró a Sputnik en mayo que la policía ucraniana había instalado cámaras de tortura en Jersón para interrogar a los residentes locales por sus "vínculos con Rusia".
Estos casos no son incidentes aislados. Sputnik conversó con tres sobrevivientes de las cámaras de tortura ucranianas: Alexandra Valko, civil de Donetsk nacida en Rusia, Andréi Sokolov, técnico metalúrgico, y Larisa Gúrina, expolicía de Járkov, sobre su experiencia en cautiverio.
Los tres contaron con franqueza cómo las fuerzas ucranianas secuestraban a civiles sospechosos de deslealtad y los golpeaban, apuñalaban, privaban de comida y agua, con la única idea de arrancarles una confesión.
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"La locura del fascismo"

Al igual que muchos habitantes del este de Ucrania, Larisa Gúrina, expolicía de Járkov, rechazó el ilegítimo golpe de Estado de febrero de 2014 en Kiev, perpetrado por grupos paramilitares neonazis y sus simpatizantes. Tampoco aceptó una ideología ultranacionalista abiertamente rusófoba y la glorificación de los colaboradores nazis de la Segunda Guerra Mundial Stepán Bandera y Roman Shukhevych por parte de las nuevas autoridades de Kiev.
"Durante la Segunda Guerra Mundial, los regímenes fascistas no causaron tanto dolor, tanto horror a su propio pueblo, como lo hizo Ucrania en aquel momento, y de hecho sigue haciéndolo en la actualidad. Por lo tanto, no podía estar de acuerdo con este gobierno ilegal, que se apoderó de las instituciones gubernamentales, que intentó infectar a todo el pueblo de Ucrania con esta locura del fascismo", apuntó Gúrina.
"Como pude, me resistí a estas nuevas autoridades. No disparé a nadie, no volé nada. Pero lo que pude hacer, intenté hacerlo, al menos para apoyar a la gente que se resistía a esta toma ilegal del poder y a esta imprudencia, a esta criminalidad".
Tras tomar el poder, el Gobierno provisional de Kiev inició lo que denominó una 'operación antiterrorista' contra la población de Donbás que se opuso a los golpistas ilegítimos. La dura represión se produjo en respuesta al referéndum de Crimea sobre la reunificación con Rusia del 16 de marzo de 2014 y a las consiguientes declaraciones de independencia de Donetsk y Lugansk en abril del mismo año.
Gúrina recogió ayuda humanitaria para los vecinos de Donbás que perdieron sus hogares y pertenencias en el transcurso de la denominada operación antiterrorista dirigida por Kiev y las incursiones y bombardeos indiscriminados en la región que la acompañaron.
Gúrina fue detenida por las autoridades ucranianas el 16 de marzo de 2015, bajo acusación infundada de traición, socavar el orden constitucional e invadir la integridad territorial de Ucrania.
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Gúrina recuerda bien cómo la detuvieron: "Irrumpieron en mi apartamento [en Járkov] todos con pasamontañas; había 14 personas con metralletas y otras cinco, entre ellas investigadores y testigos. Sabía que en Járkov se llevaban a cabo detenciones masivas y represiones. Me daba cuenta de a dónde conduciría todo esto. Pero, por supuesto, el choque de los primeros minutos no podía compararse con nada más".
A la mujer le negaron un abogado y saquearon su piso. Más tarde, descubrió que el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) la había espiado durante cinco meses. La víspera de su detención, también habían detenido a su hijo.
"Después me llevaron al edificio del SBU en Járkov, en la calle Sovnarkomovsky. Mi primer interrogatorio duró 37 horas sin parar", recuerda. "Pasé un año [detenida], de los cuales los dos últimos meses los pasé en el campo y 10 meses en prisión. Me llevaban a los interrogatorios todos los días. Los interrogatorios duraban muchas horas seguidas". El sótano del edificio del SBU se utilizó como cámara de tortura.
"Se podía gritar allí todo lo que se pudiera, nadie de arriba oiría. A veces me encerraban en la ducha. Era una sala de 15 metros cuadrados. La altura de los techos en este edificio era alta, de unos 3,5 metros. Las paredes de esta sala estaban cubiertas de azulejos. Imagínese: golpeaban a la gente con tanta dureza que la sangre salpicaba hasta el techo. Lavaban la sangre de las baldosas, pero en el techo quedaban estas manchas marrones, a veces aún no del todo marrones".
Gúrina sabe de primera mano lo que ocurrió en esta espantosa cámara de tortura: fue torturada allí en repetidas ocasiones. Esta acción fue cruel y sin sentido: ella nunca había estado involucrada en ninguna resistencia militar, y mucho menos en una conspiración para socavar el orden constitucional de Ucrania. No tenía nada que contar a sus torturadores.
"Me golpearon en la cabeza, me golpearon en el estómago y de otras formas; en general, es una historia muy horrible", recuerda Gúrina. "Tuve mucho miedo cuando amenazaron con matar a mis seres queridos: mi hijo, mi madre, mi nieta. Mi nieta es huérfana. Prometieron tratarlos con especial crueldad. Públicamente, delante de todos los investigadores, renuncié a mis seres queridos. Dije que no me importaba su destino, mostré una indiferencia total, aunque ese era el mayor miedo, el mayor dolor".
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Sin embargo, esta tortura palidece en comparación con el modo en que los agentes del Servicio de Seguridad ucraniano obligaron a Gúrina a ver cómo golpeaban a su hijo casi hasta la muerte. La madre padeció un sufrimiento insoportable mientras contemplaba la brutalidad. Larisa confesó que estuvo a punto de morir de horror.
"Mi hijo fue convertido en un saco de huesos; estaba absolutamente negro [por los hematomas]. No tenía cara; tenía los dos brazos y varias costillas rotas".

"Son peores que los fascistas"

Alexandra Valko, ciudadana de Donbás nacida en Rusia, también cayó presa de la maquinaria de tortura ucraniana.
Nació en la ciudad rusa de Inta, en la república de Komi, y más tarde se trasladó a la región de Donbás. Vivía en Pervomaiskoye, un pueblo situado a 74 kilómetros de Donetsk, y trabajaba en una oficina de inspección técnica de gas de Yasinovataya.
Tras el golpe de Estado ilegítimo de Kiev, Valko —al igual que Larisa Gúrina— se puso del lado de la población de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk y se dedicó a realizar labores humanitarias.
"El 11 de mayo de 2014 celebramos un referéndum [de independencia]", afirmó Valko a Sputnik. "Participé en el referéndum y trabajé en la comisión". Cuando el neonazi batallón ucraniano Azov* y el ultranacionalista ucraniano Pravi Sektor** tomaron Yasinovataya, pusieron en marcha una campaña de "limpieza". Alexandra fue una de las primeras víctimas a las que detuvieron.

"Les dijeron que yo era una activista [prorrusa]. El 27 de enero de 2015 me hicieron prisionera. A las 11 de la noche, 12 personas con pasamontañas y ametralladoras, con galones del Pravi Sector y de Azov irrumpieron en mi apartamento. Y me llevaron. Estuve en cautiverio 19 días".

¿Por qué la capturaron? Mientras trabajaba en la inspección del gas, Alexandra recibía información técnica, cifras y cálculos almacenados en su móvil.
Y resultó que los militantes del Pravi Sector la habían tomado por una operadora de radio de una unidad de reconocimiento de la República Popular de Donetsk. Pensaron que había transmitido datos sensibles a la república secesionista. Los nacionalistas ucranianos optaron por la tortura para que la detenida dijera "la verdad".
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Le pusieron un gorro envuelto en cinta adhesiva en la cabeza para que no pudiera ver nada y la subieron a la fuerza por las escaleras. Luego la llevaron a una habitación donde empezaron a golpearla.

"Me golpearon muy fuerte, tenía tres fracturas en la cara. Me rompieron la nariz. Me arrancaron los dientes. Luego empezaron a pincharme con un cuchillo, me pincharon todo, querían sacarme los ojos. Y todo el tiempo me decían que había nacido en Rusia y que era una saboteadora de [la ciudad rusa de] Rostov".

La golpearon duramente durante siete días seguidos. Le arrancaron las uñas y la mantuvieron esposada durante 14 días más, lo que hizo que se le encarnizaran las muñecas y los dedos. Tenía las piernas heridas y sangraba abundantemente. No la alimentaron ni le permitieron ir al baño. Alexandra perdió 53 kilos durante su cautiverio. Les suplicó a sus carceleros que la dejaran llamar a un abogado. "Los terroristas no pueden tener abogado", le dijeron.
"Me llevaron de una sala a otra, que yo llamaba 'cámara frigorífica'. Era una habitación pequeña, toda de cemento, toda de azulejos. Cuando me llevaron a esta habitación, vi que había agujeros de bala y sangre fresca en las paredes. Comprendí que era una sala de tortura", recuerda.
Ahí le dieron pescado enlatado mezclado con agua cruda y arena. Los nacionalistas ucranianos se burlaron de ella: "¡Que la terrorista se coma nuestro borsch ucraniano!". La obligaron a comer esta sustancia viscosa.
Como en el caso de Gúrina, los nacionalistas ucranianos amenazaron a Valko con hacer daño a sus seres queridos. Alexandra recuerda que Pravi Sector llamó a su hija y la engañó para que acudiera a la cámara de tortura diciéndole que su madre estaba gravemente enferma.

"Lo que le hicieron fue peor que una tortura para mí", recuerda Alexandra. "Estaba sentada en la habitación y oía la voz de mi hija detrás de la pared llorando: 'Mamá, mamá, por favor, sálvame, que duele mucho'", relató.

Durante su cautiverio a manos de Pravi Sector, Alexandra vio a otros prisioneros hambrientos y gravemente golpeados, sucios y cubiertos de sangre. Eran humillados y deshumanizados por los nacionalistas.
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https://sputniknews.lat/20230713/la-sangre-en-las-paredes-dentro-de-las-camaras-de-torturas-de-ucrania-1141520307.html


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