La apatía en el proceso electoral - Periódico Alternativo

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06 febrero 2015

La apatía en el proceso electoral

Aldo Álvarez

La realidad política actual en el país, en la presente época electoral, parece una continuidad del ambiente vivido en la campaña del 2012, quizá con la sola excepción que los tiempos de hacer campaña se han “respetado” relativamente, creo que más por motivos económicos que por sincero respeto a lo preceptuado por el derecho. Pero por el otro lado, también son tiempos de una realidad económica calamitosa que produce paisajes sociales surrealistas, pasando por una “ciber realidad” en la que subyacen buena parte de los jóvenes de este tiempo y que se encuentran casi totalmente apáticos al proceso político, hasta llegar a una oferta electoral de campaña, adonde lo que sobran son las fotos y los eslogan, pero donde poco se escuchan propuestas serias y coherentes sobre la solución a los grandes problemas del país, tal cual y se tratara de un concurso de belleza.

Sobre la apatía de los jóvenes y de buena parte de la población al proceso político, lejos de hacer reflexionar en perspectiva y contexto sobre la profundidad del significado en términos políticos de dicha expresión de los jóvenes por participar en el próximo evento electoral, buena parte de la clase política sólo señala al organismo electoral de no hacer campaña publicitaria de motivación suficiente para incentivarlos. En relación a dicha apatía por el proceso político de parte de los jóvenes y buena parte de la población creo firmemente que la causa principal de ello es otra y se encuentra fincada en la actuación poco decente, transparente e incompetente de buena parte de la clase política nacional.

La verdadera razón por la que esa importante cantidad de jóvenes se manifiesta apática al proceso electoral, hay que buscarla en el campo de la representatividad, pues es claro que “no se sienten representados por una clase política que consideran no sólo atrasada, sino a la vez extremadamente corrupta, de la cual desconfían abierta y expresamente”.

No encuentran en las expresiones partidarias ninguna señal que les indique que tal institución es en realidad una entidad confiable, adonde se procesen las necesidades de los ciudadanos, adonde se dé un verdadero debate político sobre el rumbo del país, el Estado, los problemas sociales, el problema fiscal, el problema económico, el problema de seguridad, etc.

No les parecen instituciones que tengan capacidad de discernir de entre las necesidades más ingentes del pueblo, a las que debe dárseles atención, entidades en las cuales se desplieguen sistemas democráticos de elección de autoridades, de sus estructuras, adonde se le dé paso “natural” a una nueva generación de jóvenes políticos con ideas frescas, con perspectivas diferentes frente a la realidad, con un enfoque del siglo XXI y no del siglo XIX que renueven a esa generación de políticos a los que los jóvenes ven viejos, enquistados en las estructuras de poder por tiempos indefinidos, a los que perciben como personas que llegan a los cargos para enriquecerse, que no respetan (salvo contadas excepciones) la legalidad que a ellos les imponen cumplir, que se “sirven con la cuchara grande”, con grandes salarios y prestaciones casi palaciegas, totalmente desconectados de la realidad del pueblo y sus necesidades y aflicciones.

En confrontaciones casi diarias que los jóvenes consideran estériles y sin sentido, anacrónicas y perdidas en el tiempo. Partidos políticos que no perciben como instituciones democráticas, dinámicas y progresistas, sino más bien como empresas en las que se “transan” voluntades, adonde se “arreglan” componendas, adonde se vela sólo por los intereses propios y hasta personales de sus dirigencias. Con cúpulas dogmáticas, verticales y viscerales, totalmente blindadas y adonde es imposible penetrar hasta para el ojo de la divinidad.

Así perciben los jóvenes en menor o mayor medida a la clase política nacional por estos días, por lo tanto, como lo que ven es a los mismos, ofreciendo lo mismo, en campañas grises, sin contenido sustancial, de insultos, de marketing electorero, dignas de una “videopolítica”, cuando lo que ven son líderes “telepopulistas” que al “son” de canciones pegajosas o de fondos “laureados”, lo único que pretenden es tocar la fibra sensible e irracional de los votantes, mientras en la esquina del barrio la “mara” cobra “la renta”, mientras cada vez que busca trabajo el joven no encuentra, cada vez que toma un bus lo asaltan, no tiene acceso a educación de calidad, y además de eso le sumamos un medio que a lo único que le empuja es a ver la manera de consumir para encontrar “la felicidad” aunque sea en forma efímera. ¿Y qué otro resultado podría esperarse sino la apatía política de los jóvenes y de buena parte de la población?

http://migenteinforma.org/?p=27745

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