Por CIMI
El Consejo Indigenista Misionero (CIMI) denunció el ataque por pistoleros contra un joven kaiowá en las proximidades de Naviraí, municipio situado al sur de Mato Grosso do Sul. Alegando buscar información sobre los líderes de la tekoha – lugar donde se está – Kurupi, unos 20 hombres armados secuestraron a un joven de 17 años […]
El Consejo Indigenista Misionero (CIMI) denunció el ataque por pistoleros contra un joven kaiowá en las proximidades de Naviraí, municipio situado al sur de Mato Grosso do Sul. Alegando buscar información sobre los líderes de la tekoha – lugar donde se está – Kurupi, unos 20 hombres armados secuestraron a un joven de 17 años de edad, y lo sometieron a una larga y aterradora sesión de tortura psicológica. Las especificidades de este crimen, sumados a la violencia sistemática ejercida contra los pueblos indígenas, están manifestando la formación de milicias para atacar a los indígenas por parte los latifundistas en el estado.
Los indigenas guarani-kaiowá han sido históricamente víctimas de la violencia de los latifundistas en Mato Grosso do Sul
A pesar de las constantes denuncias de la comunidad Kurupi, que han sido presentadas formalmente ante la Policía Civil, la Policía Federal y el Ministerio Público Federal, los ataques continúan sin que los indígenas puedan contar con ningún tipo de protección.
En este martes, 25 de febrero alrededor de las 20h, un dirigente Kurupi se comunicó con un misionero del Cimi pidiendo ayuda y denunciando un nuevo hecho de violencia contra su comunidad. Según el informe, cuando un indígena estaba regresando a su comunidad, caminando por la BR-163, un conocido hacendado de la región, a quien los indígenas atribuyen varios ataques realizados el año pasado, se le acercó y desde el interior de su camioneta le amenazó hablando con voz clara: “Las horas de ustedes los indios están contadas”.
El hacendado continuó sus amenazas, afirmando que, ya que el tribunal judicial no cumplió con su papel (refiriéndose a una solicitud de desalojo de los indígenas para entregar la propiedad a los hacendados, rechazada por los tribunales), los terratenientes intentarían efectuar el desalojo de indígenas “con sus propias manos”. Continuó diciendo que el ataque se llevaría a cabo durante la noche. Sonreía, y afirmaba que sería “esta noche o la noche siguiente” y que “si los indígenas no hacían caso a este último mensaje” (en referencia al ataque contra un joven en la semana pasada), la solución sería “enterrar, definitivamente a todos indígena en la tierra que tanto quieren”.
El hacendado dijo al kaiowá que no actuaría solo y que se haría acompañar de muchos “contribuyentes” para realizar la acción. Después que el agresor partió, el indígena corrió por la BR [carretera] hasta que estuvo seguro de estar a salvo dentro de su tekoha. Minutos más tarde, un espectro del terror e inseguridad cayó en las familias indígenas Kurupi. Al caer la noche, camionetas sin luces comenzaron a pasar por delante del tekoha mostrando [desde los vehículos] objetos a los nativos, que ellos presumen que son armas. Las camionetas se detuvieron frente a la Kurupi y permaneció allí durante más de una hora vigilantes y cercando el lugar. Después arrancaron, y dieron la vuelta, volviendo a pasar frente al Kurupi y luego se reunieron con más vehículos a pocos metros del tekoha.
Mientras tanto, los nativos podían oír el ruido de los vehículos que merodeaban la parte posterior de la zona ocupada por ellos. Los ruidos provenían precisamente del lugar donde el 22 de octubre de 2014, un camión invadió la comunidad, desde la selva, e intentó secuestrar un indígena que se mueve en silla de ruedas.
El Pueblo Kaiowá permanece firme en lucha contra de
desalojo de sus tierras ancentrales.
Hasta el último contacto establecido con el líder de los Kurupi, los indígenas afirmaban categóricamente que los vehículos todavía estaban allí y que los ruidos provenientes del bosque aumentaban. “Estamos aquí recordando el secuestro de Ivo (en silla de ruedas), los desalojos que padecimos, la muerte de dos familiares, escuchamos el ruido de los motores. Por favor, avise a la policía. Ayúdenos, no tenemos nadie más a quien recurrir. Sabemos de lo que son capaces, ya hemos sentido su agresión en nuestra piel. Vamos a resistir a como podamos, pero ellos son muchos, Dios nos ayude”.
Ante este angustioso testimonio, el CIMI denuncia nuevamente las agresiones criminales de terratenientes y pistoleros a sueldo en la zona de Naviraí. “Es inaceptable el silencio de las autoridades ante las numerosas denuncias presentadas por este grupo kaiowá, que está luchando por el derecho constitucional a ocupar su territorio tradicional, que para ellos significa la última oportunidad de vivir con la mínima dignidad. La violencia está presente en la región y vive literalmente al lado de los nativos, y está especialmente próxima a la comunidad Kurupi. Advertimos una vez más: si no se toman medidas, el resultado de esta situación será una nueva una tragedia, reiteradamente anunciada, simbolizada en un llamado pidiendo socorro, llamado silenciado por la fuerza de los grandes hacendados ruralistas y la inercia de los responsables de asegurar al pueblo kaiowá su derecho constitucional más sagrado, el acceso a las tierras que tradicionalmente ocuparon”.
La tierra indígena en disputa ya fue definida, por medio de los estudios de identificación realizados por la Funai [Fundación Nacional del Indio] como tierra de ocupación tradicional.
CIMI
Consejo Indigenista Misionero



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