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04 octubre 2015

Compensación por esclavitud, tema incómodo para Cameron en Jamaica



Por Yolaidy Martínez *

La Habana (PL) Jamaica recibió recientemente a los gobernantes de Japón y Reino Unido, además de la princesa británica Ana, pero la visita de David Cameron acaparó mayor atención porque implicó tocar el incómodo tema de la compensación por la esclavitud.

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Antes de aterrizar en Kingston, el líder europeo expresó entusiasmo por su primer viaje oficial a la isla, deseó profundizar los nexos bilaterales y también ayudar a otras naciones caribeñas en impulsar el desarrollo y el crecimiento económico, reducir la pobreza, mejorar el comercio, la seguridad y crear empleos para la juventud.

De hecho, poco después de llegar al país antillano anunció la entrega de 38 millones de libras esterlinas para construir una cárcel de alta seguridad que albergará a 300 jamaicanos presos en Reino Unido, iniciativa rechazada por sectores políticos y sociales.

También firmó un acuerdo para crear un fondo de 453 millones de dólares que financiarán obras de infraestructura comercial en la zona y prometió destinar nueve millones de dólares en el próximo lustro a programas de mitigación a los efectos del cambio climático.

Pero la agenda de Cameron en Jamaica nunca contempló lo que más querían escuchar los caribeños: la demanda de compensación por la esclavitud y el genocidio perpetrados contra los pueblos originarios en la era colonial, así como un proyecto real para sacar a las islas del atraso socioeconómico.

El asunto persiguió al Primer Ministro desde antes de pisar suelo jamaicano hasta su despedida, pues prominentes voces de la zona y protestas de organizaciones sociales le exigieron atender la petición.

Incluso la Comisión de Reparación de la Comunidad del Caribe 

(Caricom) definió en una carta abierta que es una cuestión de justicia reparadora.

El presidente de esa entidad, Hilary Beckles, recordó que Reino Unido y otras exmetrópolis europeas amasaron grandes fortunas y fortalecieron sus economías gracias a las riquezas extraídas de los territorios insulares y mediante la explotación de millones de seres humanos.

En ese punto, se refirió al vínculo familiar de Cameron con el espinoso asunto a través de su primo lejano el general James Puff, compensado en 1839 con cuatro mil libras por la pérdida de 202 esclavos en Jamaica.

Tanto la primera ministra jamaicana, Portia Simpson Miller, como el líder opositor, Andrew Holness, plantearon el asunto al visitante, pero éste reiteró que su país no cree que "las reparaciones sean el camino correcto" y solo se limitó a admitir las atrocidades cometidas bajo esa forma de avasallamiento.

En un intento por sepultar le tema, el gobernante británico indicó que sería erróneo ignorar las heridas abiertas por la esclavitud, se enorgulleció porque Londres la abolió en 1833 y llamó a las excolonias a "dejar atrás ese pasado doloroso".

"Mi objetivo para venir es el futuro. Estoy aquí porque tenemos aspiraciones e intereses comunes y podemos concretarlos trabajando juntos. Creo realmente que nuestras relaciones ahora son más importantes que nunca", acotó Cameron.

Pero para los caribeños la compensación por la esclavitud trasciende la cuestión financiera, pues el comercio de seres humanos en la época colonial generó un continuo sufrimiento y un daño permanente en sus sociedades y les impide avanzar hacia el desarrollo.

Aunque no hay datos oficiales, se estima que más de 12,5 millones de africanos fueron arrancados de su continente y trasladados al hemisferio occidental para someterlos a la servidumbre en deplorables condiciones de trabajo.

Una parte significativa de esas personas no alcanzó a ver su destino pues murieron en la travesía por las malas condiciones higiénicas, de alimentación y el hacinamiento en las bodegas de los barcos.

La idea de las indemnizaciones afloró en 1993, cuando el abogado jamaiquino Anthony Gifford planteó ante la Primera Conferencia Panafricana de Reparaciones de Nigeria que la esclavitud fue un crimen contra la humanidad y el derecho internacional estipula pagar a las víctimas de ese delito.

Dos décadas después de infructuosas acciones separadas, Caricom aprobó en 2013 un plan de 10 puntos para pedir en conjunto a ocho exmetrópolis europeas una compensación y sus 15 líderes acordaron crear comisiones en cada territorio con ese fin. "Antes que nada, queremos que Europa se disculpe, pues hasta ahora han emitido declaraciones de arrepentimiento, pero ningún país se ha disculpado. Luego queremos infraestructuras para el desarrollo (...) y que acabe el racismo", comentó la historiadora jamaicana Verene Sheperd.

Para llevar adelante la batalla legal, la Comunidad contrató a la firma británica Leigh Day & Co, ganadora de una querella que obligó a Londres a indemnizar con más de 20 millones de dólares a cientos de kenianos torturados entre 1952 y 1960 durante su lucha independentista.

Aún no se definió una reclamación monetaria concreta, pero se analiza la posibilidad de partir de los 20 millones de libras esterlinas que Reino Unido pagó en compensación a los propietarios de las plantaciones caribeñas tras la emancipación de los esclavos.

Otra idea sobre el tapete es condonar la deuda con el llamado Viejo Continente.

El bloque integracionista apuesta por una solución diplomática, pero Europa dejó claro desde un principio que las compensaciones no son la salida adecuada.

Las exmétropolis temen que la iniciativa caribeña sirva de ejemplo para otros estados de África y Asia también colonizados y explotados por sus gobiernos durante siglos.

*Jefa de la Redacción Centroamérica y El Caribe de Prensa Latina.

arb/ymr

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=4213281&Itemid=1

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