Haaretz
Traducción para Rebelión de María Landi.
La presunción imperante está fallando día tras día. La presunción de que nuestro régimen es normal –al igual que nuestra vida– y que nuestros sometidos se están adaptando, o se van a adaptar, e incluso terminarán diciendo: "Gracias, señor". Cada día, en cada generación, nos alzamos para subyugarlos y pisotearlos; y cuando ya casi están ahí, pisoteados, sumisos y normalizados, de pronto sacuden el bote.
Ellas y ellos –jóvenes del alzamiento sin líderes–, tan solo por estar perturbando la falsa normalidad israelí, son héroes a los ojos de sus compatriotas –aunque tengan reservas sobre sus opciones y no se les unan. Ellas y ellos son sus torpes voceros, comprendidos o no comprendidos, sorprendiendo a todos una y otra vez, a pesar de que se emulan entre sí y ya son parte de una nueva rutina.
Son sordos y sordas a la voz de la lógica y de los servicios de seguridad palestinos, que les dicen que la nación y la patria los necesitan vivos. Sólo oyen el sonido de las puertas cerradas en su cara, y sólo ven el horizonte que se reduce cada vez más. Nunca han estado allí, pero saben que Gaza es el modelo que les tienen preparado. La planificación y el diseño son israelíes, con unas pocas pinceladas y adiciones de Hamas y Fatah. La desgracia son Europa, el Cuarteto, Estados Unidos, Naciones Unidas, Noruega y Alemania, que alimentan a los enjaulados mientras pasan el rato con el carcelero.
"Terroristas", decimos, y recibimos, ya procesados, sus nombres completos y sus mensajes de Facebook, y los indicios de que tenían problemas personales en la casa, y puñaladas en la escuela, y puñaladas en el barrio. "Asesinos", decimos de aquellos que desde la cuna aprendieron el alfabeto de las armas letales israelíes, de los tanques y aviones, del equipo de vigilancia que invade sus dormitorios en la madrugada.
"Cruel y despreciable", es como describimos su carácter. Y cada uno de esos jóvenes conoce los rostros de los niños y ancianas palestinas cuyas vidas fueron destruidas por nuestros fusiles y tanques y por nuestros heroicos francotiradores, cuyos nombres están clasificados y para quienes las puertas de los puestos de trabajo de alta tecnología están abiertas.
Hay una elemental falta de inteligencia en definir la ola de ataques desorganizados como "terror", y el lanzamiento de piedras en las manifestaciones como "terror popular." A los expertos militares y a los diversos grupos encargados de espiar y de frustrar ataques se les escapan los datos y conclusiones que tienen en sus propias narices. En efecto, Reuters, The New York Times y Haaretz no llaman al pan, pan: no dicen que nuestro perpetuo régimen militar es terrorismo, porque las definiciones y clasificaciones son propiedad privada de los ganadores –o al menos eso creen los ganadores. Pero el hedor permanece, aun si no sabemos el nombre científico del agua pestilente [1]. Y los líderes –y junto a ellos la opinión pública israelí, leal, obediente y disciplinada– aguantan la respiración y declaran que se trata de especias fragantes.
No, no es suficiente que varios expertos militares digan que debemos permitir que Gaza exporte otras dos toneladas de tomate, y que los servicios de seguridad palestinos se estén portando realmente bien. Nuestros compatriotas –en uniforme o no, en las colonias o en Israel– están siendo asesinados porque nuestros gobernantes estaban y siguen equivocados al pensar que los palestinos se van a someter a sus –y nuestros– dictados, a su superioridad militar, su astucia diplomática y su empresa colonizadora.
La pérdida de vidas y de proyectos, el vacío en el que se ha sumido a decenas de familias, son desgarradores. En un país bien gobernado, ante semejante fracaso de la estrategia de inteligencia y el colapso de la presunción imperante, el público pediría la cabeza de los responsables y exigiría una política diametralmente opuesta: el repliegue del ejército, la evacuación de las colonias y la negociación para alcanzar un futuro de vida y esperanza para ambos pueblos. Pero a la sociedad israelí le gustan las colonias, las granjas privadas en el Negev, las comunidades en las colinas y las ciudades judías "elevadas" en Galilea [2]. Para la población palestina, alcanza con jaulas.
Entonces ¿cómo vamos a disuadirlos ahora? ¿Vamos a añadir el delito de "juventud" al código militar? ¿Vamos a poner a todos los palestinos de 16 a 23 años bajo detención administrativa? ¿Vamos a expulsar a cientos de familias a Jordania o Líbano, como están pidiendo los familiares de algunas de las víctimas israelíes?
No esperemos misericordia y consideración de los jóvenes armados con cuchillos, cuando todo lo que les hemos mostrado y seguimos mostrándoles a ellos y a sus padres, y a los padres de sus padres, es crueldad, medios de muerte cada vez más sofisticados , trampas, soberbia y órdenes militares para confiscar, demoler, expulsar, arrestar, incautar.
La pérdida de vidas y sueños –otro vacío en las vidas de decenas de miles de familias–, las tierras robadas, son desgarradoras. Cada palestino fue siempre y es un blanco de las armas israelíes y de las órdenes de la Administración Civil [3]. Y ahora, una minúscula minoría de ellos ve a todos los israelíes como un blanco. ¿De qué nos sorprendemos?
Los histéricos de la derecha gritarán: “¡Eso es apoyo al terrorismo!" Dejemos que griten todo lo que quieran, y que muestren una vez más que no pueden ni quieren ver. Y ¿por qué lo harían? Las ruedas del proyecto israelí de despojo continúan girando: con o sin negociaciones, con o sin cuchillos y metralletas, Israel va a seguir construyendo mansiones en las tierras de Ni'lin, y va a demoler el pueblo beduino de Umm al-Hiran para construir Hiran, una comunidad judía con valores. Con el sello de la Suprema Corte de Justicia.
Notas
[1] Se refiere al líquido que lanzan los vehículos israelíes sobre personas, viviendas y calles palestinas, conocido en inglés como “skunk wáter” (agua de zorrillo), y cuyo olor inmundo permanece durante días. (N. de la T.).
[2] Las colonias judías en Cisjordania están en las cimas de las colinas, y en Galilea se ha construido ciudades judías que se elevan por encima de las cercanas localidades palestinas. (N. de la T.).
[3] [3] Nombre de la autoridad militar israelí que gobierna los territorios ocupados. (N. de la T.).
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208744
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