Por Luis Melián *
Hanoi (PL) El gobierno de Myanmar encabezado por la Liga Nacional para la Democracia (LND) cumplió su primer mes y el reto del paso inicial parece estar vencido, a juzgar por acciones que hacen expectativas ya parte de la realidad del país.
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De este período destaca la culminación del proceso de transición sin grandes complicaciones, apreciable en la toma del poder por las nuevas autoridades, desde el presidente Htin Kyaw y la Consejera de Estado y canciller Aung San Suu Kyi, también líder de la LND, hasta los demás ministros.
Cabe recordar que con la entrada del nuevo Ejecutivo se hizo efectiva una reducción de la cifra de carteras con vista a disminuir los costos y el déficit fiscal.
Una de las medidas de mayor impacto en la sociedad fue la amnistía que benefició a más de 200 activistas y prisioneros políticos, muchos de ellos encarcelados sin juicio, lo que constituyó un regalo para celebrar el año nuevo (Festival del Agua), a mediados de abril.
Esa disposición se reconoce como favorable a la paz y reconciliación nacional, establecida como la máxima prioridad, que a la vez constituye el mayor desafío en esa nación multiétnica del Sudeste Asiático, hoy con su primer gobierno democráticamente electo en más de cinco décadas.
De esa meta también se habló y en una reunión con tal propósito Suu Kyi insistió en la importancia de incorporar al proceso a los grupos que no firmaron el acuerdo nacional de cese el fuego en octubre pasado.
Al ampliar al respecto, señaló que ese último debe ser el primer paso y luego se podrá avanzar y lograr una paz duradera.
De acuerdo con reportes de prensa, en la segunda semana de mayo se realizará una reunión con vista a crear un Centro para la Reconciliación Nacional y la Paz que encabezará la Consejera de Estado.
Aunque los temas internos son complejos y muchos, hubo tiempo para que Suu Kyi explicara aspectos de la política exterior, lo que hizo en un encuentro con diplomáticos acreditados en el país.
De su mensaje se concluye que primará el pragmatismo al pasar del bilateralismo a la integración regional junto con el multilateralismo, en otras palabras, insertarse más en el mundo.
Debe recordarse que Myanmar se encuentra bajo sanciones parciales aplicadas por algunos países y organizaciones por lo que uno de los objetivos en política exterior es precisamente su levantamiento total para favorecer el desarrollo de las relaciones internacionales, entre ellas las económicas.
Como canciller, Suu Kyi se estrenó en la primera semana del gobierno al recibir a homólogos de tres países. El primero fue Wang Yi, de China, mayor socio comercial e importante inversionista, y quien reafirmó el apoyo a la nueva administración.
Los otros fueron Stéphane Dion, de Canadá, y Paolo Gentiloni, de Italia. El primero anunció la entrega de 33,5 millones de dólares por parte de su país para contribuir a garantizar un sistema federal, una administración eficiente y la participación de las mujeres en el desarrollo nacional.
Mientras, la visita de Gentiloni dejó un acuerdo de cooperación en cultura, ciencia y tecnología con vista a fortalecer los nexos bilaterales.
Estas acciones y resultados indican un arranque favorable para las autoridades que asumieron en Myanmar el pasado 30 de marzo, pero, como se reconoce, ello es solo el inicio de un largo camino en el que todavía existen obstáculos, como la presencia y poder de los militares, incluida la Constitución que redactaron para garantizar sus intereses.
La Carta Magna les reserva el 25 por ciento de los escaños en el Parlamento, a lo que se añade que uno de los dos vicepresidentes, Myint Swe, es un exgeneral y estrecho colaborador del jefe de las Fuerzas Armadas, Min Aung Hlaing, quien lo promovió como candidato a la presidencia. Los otros dos fueron propuestos por las cámaras Baja y Alta, controladas por la LND.
Sin olvidar que Suu Kyi está impedida de acceder a la jefatura del Estado por la Constitución, que niega ese derecho a quien tenga familiares extranjeros, en su caso, dos hijos de nacionalidad británica.
A pesar de ello, la ganadora del Premio Nobel de la Paz (1991) cumple su promesa de gobernar por encima del presidente y de ello están conscientes tanto sus connacionales como la comunidad internacional.
Es de esperar que con un gobierno defensor de la democracia y una Ley Fundamental promulgada por los jefes castrenses surjan contradicciones que devendrán dificultades para las autoridades civiles, sobre todo cuando ya dieron los primeros golpes a la corrupción y el nepotismo mediante decretos.
A modo de ejemplo, los militares se aseguraron una representación parlamentaria que puede vetar cualquier enmienda, mientras la solución de problemas como los conflictos armados, la pobreza, el avance de la economía y sus vínculos externos, las tensiones religiosas en algunos territorios, junto con la consolidación de las transformaciones emprendidas, deben implicar cambios. ¿Los aceptarán los uniformados?
Todos son a la vez retos para autoridades sin mucha experiencia en la administración gubernamental, pero comprometidas con mejorar la vida de la población, a juzgar por sus declaraciones. El tiempo dirá si los vencen.
*Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.
arb/lam
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