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18 diciembre 2016

HOMENAJE A VIOLETA PARRA




Resumen Latinoamericano / 18 de Dic. 2016.-
Violeta Parra: La infancia campestre
Es costumbre antigua publicar los libros por entregas, en periódicos. Desde Balzac a Mariátegui se ha seguido esa rutina. Ahora, por invitación de mis amigos de Resumen, me sumo a la lista. Este es el primero de 12 artículos sobre Violeta Parra que espero se pueda convertir luego en libro para celebrar el centenario de nuestra autora.Por Daniel Mathews /resumen.cl


Alguien proponía que se escribiera una historia de la literatura sin nombres propios. Según eso no debería haber biografías. Borges comenta que la biografía de cualquier autor es en realidad un cuento escrito por otro. La mayor parte de las veces es verdad ¿Qué tan importante para entender el Quijote es saber que Cervantes combatió en Lepanto? Sin embargo creo que hay excepciones. Violeta Parra es una de ellas. Como veremos más adelante es de esos autores que expresan al sujeto migrante. Arguedas, Rulfo, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra no pueden ser entendidos sin los aportes, técnicos y vivenciales, que les dio la ciudad. Pero tampoco lo pueden ser sin un pasado previo rural.

A ese primer momento de formación dedicare el presente artículo. Lo hago así, además, porque la fuente es ella misma. En su libro de décimas nos cuenta su infancia. Lo que pretendo hacer es sacar, como citas textuales, las referencias que nos da la autora sobre su infancia. Será en otra entrega que analice el libro como producción poética, tarea en la que me han antecedido varias estudiosas como Carla Pinochet, Paula Miranda y otras. Por eso no colocare marcas de separación de versos, los citare de corrido. Una advertencia previa es que mucho de cualquier texto de memorias no es lo que se vivió realmente sino la forma como se recuerda ese tiempo pasado. En nuestro caso ese no es un defecto. Por el contrario, estamos rescatando lo que le queda de la infancia a la Violeta Parra en su momento de creación. Como veremos es un momento idílico que se interrumpe cuando se ve obligada a salir del campo rumbo a Santiago.

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació un 4 de octubre de 1917. Nieta de José Calixto Parra, que vivía en Chillan. Lo describe como “bastante respeta´o, amistoso y muy letra´o”. Hija de Nicanor Parra, que era profesor de música. El abuelo Calixto no sólo se había preocupado de darle educación a todos sus hijos sino que “a petición de mi abuela les enseñó a solfear”. Por el lado materno su abuelo Ricardo Sandoval “era inquilino mayor, capataz y cuidador poco menos que del aire”. Mal pagado, como todos los campesinos, pero con quince bocas que alimentar. La abuela criaba pollos de raza, “sacaba miel en enero, limpiando trigo en febrero para venderlo en abril”.

Así que podemos decir que la infancia de Violeta tuvo dos influencias: la agraria y la musical. La descripción de los padres sigue el mismo camino que la de los abuelos. Entre las letras y el campo: “Mi taita fue muy letrario, pa´ profesor estudió” y más adelante dice que es “profesor conferenciante y cantor”. Sobre la mamá afirma “Mi mamá como canario nació en un campo flori´o”.

La niñez de Violeta Parra no fue muy fácil. La casa era festiva y se tomaba “vino del que se usa en misa todos los viernes primeros”. Pero en cambio ella salió enfermiza. “Empezó a hacerme sufrir primero, con la alfombrilla, después la fiebre amarilla me convirtió en orejón. Otra vez el sarampión, el pasmo y la culebrilla”. Como vemos varias de esas enfermedades están llamadas por sus nombres tradicionales, lo que la sitúa en una cultura ancestral.

Esta educación rural se acentúa porque trasladan al papá a enseñar a Lautaro, justo en momentos de epidemia en el sitio. El colegio le muestra las diferencias sociales. “Mis compañeras eran niñitas donosas, como botones de rosa” recuerda. Pero ella, con el sueldo de profesor que tenía su padre, resultaba más bien pobre “una garrapata menor d´un profesorcito de sueldo casi justito”. Para colmo de males el padre se dedica a tomar y “en la chupeta se le va medio salario mientras anuncian los diarios que sube la marraqueta”. La mamá se ayuda tejiendo y Violeta aprende el mismo arte, en esta época cosen polleras, muchos años después el arte de coser lo llevara hacia las arpilleras.

Aunque tiene un buen recuerdo de la profesora Enriqueta en realidad no es una buena alumna. Es más declara odiar el colegio “del libro hasta la campana, del lápiz al pizarrón” y por el contrario su gran afición es la música “Y empiezo a amar la guitarra y adonde siento una farra allí aprendo una canción”. Otra vía de escape de la escuela es la naturaleza: “Como nací pat´e perro ni el diablo m´echaba el guante; para la escuela inconstante, constante para ir al cerro”. Son travesías en las que acompaña a su hermano Tito en sus estudios de biología “cazando mil mariposas, sanjuanes y moscardón, palote y grillo cantor…”.

Si la situación ya era mala por el bajo sueldo del profesor y porque el papá se lo gastaba tomando, la cosa empeora con el gobierno (dictadura lo llama Violeta) de Ibañez: “Fue tanta la dictadura que practicó este malvado que sufr´el profesorado la más feroz quebradura”. “Así creció la maleza en casa del profesor por causa del dictador entramos en la pobreza”. En efecto, el papá es despedido del magisterio “brillando está el sobre azul con el anuncio fatal”. En vez de pararle la mano al alcohol la falta de trabajo le sirve de aliciente para seguir tomando: “De noche pasa en desvelos, delira por el alcohol”.

Como una manera de pasar el mal momento económico el padre le pide al abuelo un adelanto de la herencia. Los versos con que Violeta Parra describe el campo son los más alegres de su libro en décimas:

Comprende aquel testamento

Lo alegre del vecindario

El canto de los canarios

Par´ adornar este cuento

El lamentar de los vientos

La sombra del higuerón

El humo del corralón

Cuando hay que hacer la matanza

Y el arco de las alianzas

En las alturas de Dios

Pero los problemas económicos siguen y con ellos el padre sigue tomando y al final “le rapiñaron la herencia”. Entonces es hora de trabajar en tierra ajena. Va a las de Domingo Aguilera. Con las hijas de este “aprendo lo qu´es mansera y arado”. El padre sigue viviendo en Chillán, donde Violeta viaja constantemente llevándole sus ganancias tanto en dinero como en especies: “Una pechuga de gansa, un mate pa´ la tetera”.

Pero pronto el padre muere, tuberculoso. Es una de las últimas escenas en el campo. Y por ello del presente artículo. Violeta Parra se va a la ciudad “por orden de Nicanor”. Pero, lo iremos viendo, se lleva el campo con ella. En la próxima entrega la veremos como recopiladora del folklore chileno.

Violeta Parra en radio Universidad de Concepción
[resumen.cl] Entrevista realizada en el Hotel Bío-Bío de Concepción, el 5 enero de 1960, por Mario Céspedes y grabada por Hernán Miller para la Radio Universidad de Concepción. Transcripción de Carmen Martin para Resumen.



Este trabajo se enmarca en la serie de artículos que se comenzaron publicar en nuestro medio con motivo del centenario de Violeta Parra.



Mario Cespedes: frente al micrófono de radio universidad de concepción, la folklorista Violeta Parra. Ha venido a nuestras tierras, invitada por la VI Escuela Internacional de Verano a participar en el ciclo “Claves Para El Conocimiento Del Hombre De Chile” y Violeta ha traído, como siempre, novedades; piezas que recién salen de su imaginación y décimas y centésimas que en estos instantes ella está componiendo.

Las décimas y centésimas de violeta parra están recién siendo conocidas por el público, nos decía hace unos instantes que la centésima es una forma nueva de poesía popular que ella comienza a cultivar. Por lo tanto, las décimas que tienen un evidente contenido autobiográfico y las centésimas que son composiciones de inspiración libre, serán dadas a conocer por radio universidad de concepción como una verdadera primicia de la notable folklorista.

Con ustedes, Violeta Parra.


Violeta Parra: Voy a decir, primero, el comienzo de mi libro, una Décima.

Pa’ cantar de un improviso
Se requiere buen talento
Memoria y entendimiento
Fuerza de gallo castizo
Cual vendaval de granizo
Han de florear los vocablos
Se ha de asombrar hasta el diablo
Con tantas bellas razones
Como en las conversaciones
Entre San Pedro y San Pablo

Aquí, Mario, yo sigo en este tono, como los cantores populares, hablando de las condiciones que tiene que tener un cantor, del miedo que se tiene para empezar a cantar y dar una serie de vueltas y rodeos antes de decidirse a cantar en forma. Bueno, después voy a leer una décima… cuando tuve una conversación con mi hermano que fue quien me sugirió que debiera escribir mi vida en décimas populares:

“Muda, triste y pensativa
Ayer me dejó mi hermano
Cuando me hablo de un fulano
Famoso en la poesía
Fue grande sorpresa mía
Cuando me dijo: Violeta
Ya que conocíh la treta
De la versá popular
Principiame a relatar
Tus penurias a lo puetah”

Enseguida yo le contesto a Nicanor porqué no me puedo poner a escribir y a cantar porque tengo otras cosas que hacer como mantener mi casa y batallar por el folklore. Pero después me decidí a cantar y digo lo siguiente:

“Pero pensándolo bien
Y haciendo juicio a mi hermano
Tomé la pluma en la mano
Y fui llenando el papel
Luego vine a comprender
Que la escritura da calma
Pa’ los tormentos del alma
Y en la mía ya hay sobrante
Hoy cantaré lo bastante
Para dar el grito al alma”

Al decir “el grito al alma” quiero dar a entender yo que esta va a ser la ocasión mía de lanzar mi queja y mi sufrimiento a través de esta labor folklórica que tú sabes he realizado sola, prácticamente sola, fuera de la ayuda que me prestó la Universidad De Concepción hace 2 años y de uno que otro recital que he dado en la Universidad De Chile, yo no he tenido ninguna otra ayuda al respecto. Bueno, después me pongo yo a contar ya mis primeros recuerdos. Te voy a presentar a mi abuelo en un par de estrofas:

“Aquí presento a mi abuelo
Señores demen permiso
Él no era un roto chorizo
Muy pronto van a saberlo
En esos tiempos de duelo
Era entendido en las leyes
Hablaba lengua de reyes
Usó corbata de rosa
Batelera elegantosa
y en su mesa pejerreyes”

Esto quiere decir que mi abuelo paterno era un hombre que vivía muy bien, era abogado de mucho prestigio. Mi abuelo materno, en cambio, era un campesino de aquí de Chillan para adentro, un inquilino, un obligado, un explotado.

“Ya pudieron conocer
El origen de mi paire
Al contrario el de mi maire
Bien distinto si que fue
Aquí lo relataré
Sin faltar a la verdáh
Porque odio la falsedáh
Así como amo la –
En los campos de Malloa
Vino al mundo mi mamá

Mi abuelo por parte maire
Era inquilino mayor
Mayordomo y cuidador
Poco menos que del aire
El patrón con su donaire
Lo tenía de obligado
De segador de empleao
De chacarero y rondín
Por ahora en el jardín
De hortalizero forzao”

Yo celebro que mi abuelo haya sido campesino, Mario, aquí cuento una parte de una de las grandes fiestas que se celebraban en casa de mi abuelo:

“La cena ya se sirvió
En una mesa largucha
En cada plato una trucha
Pa la trucha un botellón
Pa la botella un copón
Pa la copa una galleta
Encima una servilleta
Con un plateado cubierto
Como el pescao está muerto
Le asoma ají por la jeta”

Si yo me pusiera a hablar de todo no terminaría ni en un mes, así que voy a saltarme un poco para hablar de cuando yo tenía cuatro años:

“La suerte mía fatal
No es cosa nueva señores
Me he dado sus arañones
Desde chica sin piedad
Batalla descomunal
Yo libro desde mi infancia
Sus terribles circunstancias
Me persiguen con esmero
Dejándome años enteros
Sin médula ni sustancia

Dice mi mama que fui
Su guagua más donosita
Pero la suerte maldita
No lo quiso consentir
Empezó a hacerme sufrir
Primero con la alfombrilla
Después la fiebre amarilla
Me convirtió en orejón
Otra vez el sarampión
La rabia y la culebrilla.”

Entonces ahí sigo contando yo hasta el momento que me dio la viruela y que fue horrendo, en Lautaro, porque por causa de mi peste se murieron como 25 personas en Lautaro, en ese tiempo no había remedio para este mal, sin embargo yo me salvé porque los diablos malos no se mueren nunca. Jajaja. Te voy a contar, voy a leer una décima de la gente como fue cayendo. La peste me dio en el tren, no.

“En ese estado tan cruel
Termina la diligencia
Salimos de la presencia
Fatal del maldito tren
Esperan en el andén
Al mentado profesor
Conferenciante y cantor
Y a su familia inocente
Varias personas decentes
Que los tratan con amor”

Y eso fue en Lautaro cuando mi padre fue a hacer clases.

“Viendo la preocupación
Que a mi maire gobernaba
Y en la respuesta que daba
Supieron de su dolor
Le trajeron un doctor
Después que nos instalaron
Y en un hotel los dejaron
Con mucha solicitud
Sin sospechar el ataúd
Que por miles le llevamos

Vinieron muchas visitas
Al principio a saludar
Y después a preguntar
Como estaba la guagüita
Detrás de esa preguntita
Estaba la muerte asechando
Porque se van contagiando
La fiebre los atraganta
Los pobladores se espantan
Sin saber que está pasando

Cayeron grandes y chicos
Con la terrible epidemia
Más grande que la leucemia
Murieron pobres y ricos
Al suelo un tal Federico
Y otro llamado Fidel
Y dos que estaban con él
Unos tales Pérez Caro
Que visitaron Lautaro
Y jamás pudieron volver

Se desparrama la noticia
Con tanta velocidad
Que viene la autoridad
A descubrir la malicia
Mientras tanto con delicia
La culpable se mejora
Su mama rezando implora
Por su pronta mejoría
Y al panteón día por día
Cayeron varios señorah”

Voy a saltarme otro poco

“No escapaba ni el vacuno
También probó la lanceta
Que la inocente Violeta
Clavó sin querer ninguno
Tres meses pasó en ayuno
Con ese terrible grano
Que le arrancó de las manos
y………. lah uñah
Su cuerpo era una pezuña
Solo costrón inhumano

Y afuera estaba que se arde
La desgracia por doquiere
Alguien de buen proceder
Dispuso esa mesma tarde
Los enfermos que se guarden
De ventiarse sin objeto
Para eso está el asaeto
Que el alcalde levantó
Con la ayuda de (dios)
Que en estos casos correcto”

Y al fin, como te iba diciendo Mario, murió tanta gente por mi culpa, yo lo siento de verdad, claro que si no hubiese habido ese motivo, tampoco hubiera hecho las Décimas. Ahora, si tú quieres, nos pasamos para las centésimas.

Mario Cespedes: Muy bien. Como decíamos, las centésimas no tienen este carácter autobiográfico que ustedes han podido apreciar en las décimas. La centésima, repetimos, forma nueva de poesía popular, creo que por primera vez es explotada dentro de nuestras formas literarias populares.

Violeta Parra: Yo te tengo que hacer una explicación. En el folklore yo he encontrado unas décimas que hablaban del uno al diez. De ahí la idea que me dio a mí de hacer del uno al cien o al mil, porque después voy a seguir con las milésimas. Entonces, hasta el diez teníamos que existe en el folklore. Pero esto de las centésimas es totalmente mía, con la insinuación de Nicanor que no se le va ninguna a este matemático. Entonces, voy a decirte yo las centésimas.

Mario Cespedes: A ver, las centésimas primeras escritas por Violeta, y que creo se dan a conocer por primera vez al público.

Violeta Parra: Si.

“Una vez que me asediaste
Dos juramentos me hiciste
Tres lagrimones vertiste
Cuatro gemidos sacaste
Cinco minutos dudaste
Seis más porque no te vi
Siete pedazos de mí
Ocho razones me aquejan
Nueve mentiras me alejan
Diez que en tu boca sentí
Once cadenas me amarran
Doce quieren desprenderme
Trece podrán detenerme
Catorce que me desgarran
Quince perversos embarran
Mis dieciséis esperanzas
Las diecisiete mudanzas
Dieciocho penas me dan
Diecinueve me guardarán
Veinte mas que ya me alcanzan
Veintiún son los dolores que
Veintidós pensamientos
Me dan veintitrés tormentos por
Veinticuatro temores
Veinticinco picaflores me dicen
Veintiséis veces que
Veintisiete me ofrecen
Veintiocho de sus estambres son
Veintinueve calambres los
Treinta que me adolecen
Treinta y un días te amé
Treinta y dos horas soñaba
Treinta y tres minutos daban o
Treinta y cuatro tal vez
Treinta y cinco yo escuché
Treinta y seis junto a tu pecho
Treinta y siete fue a mi lecho
Treinta y ocho de pasión
Treinta y nueve el corazón
Cuarenta marcó el pecho
Cuarenta y una distancias
Cuarenta y dos vide en ti
Cuarenta y tres recorrí
Cuarenta y cuatro con ansia
Cuarenta y cinco fragancias
Cuarenta y seis aspiré
Cuarenta y siete después
Cuarenta y ocho suspiro
Cuarenta y nueve delirio
Cincuenta de tu interés
Cincuenta y una penuria y
Cincuenta y dos bramidos
Cincuenta y tres alaridos y
Cincuenta y cuatro furias
Cincuenta y cinco son las tuyas
Cincuenta y seis engañifa
Cincuenta y siete la rifa
Cincuenta y ocho me dió
Cincuenta y nueve el adiós
Sesenta de tu avaricia
Sesenta y un besos creo
Sesenta y dos que me diste
Sesenta y tres que volviste
Sesenta y cuatro cual reo
Sesenta y cinco deseos
Sesenta y seis demostraste
Sesenta y siete alcanzaste
Sesenta y ocho es tu afán
Sesenta y nueve al final
Setenta me traicionaste
Setenta y una revueltas
Setenta y dos como gallo
Setenta y tres a tus rayos
Setenta y cuatro a mi puerta
Setenta y cinco respuestas
Setenta y seis completé
Entonces consideré setenta y siete piedades
Setenta y ocho miradas
Ochenta veces después
Ochenta y un sentimientos me dan
Ochenta y dos hieles
Ochenta y tres los infieles
Ochenta y cuatro del cuento
Ochenta y cinco no encuentro
Me agitan ochenta y seis
Ochenta y siete la luz me da
Ochenta y ocho multas por
Ochenta y nueve culpas
Noventa que yo pagué
Noventa y una sorpresas
Noventa y dos veces tuve
Noventa y tres que yo anduve
Noventa y cuatro asperezas
Noventa y cinco rarezas tu amor dio
Noventa y seis
Noventa y siete de rey
Noventa y ocho ironías
Noventa y nueve agonías
Cien años recibiré.”

Violeta Parra: Después sigo para delante del uno hasta el trescientos.

Mario Céspedes: Que notable. ¿Hasta cuanto piensa llegar, Violeta?

Violeta Parra: Esto es infinito porque después hay que seguir con las milésimas.

Mario Céspedes: ¿Y las diez milésimas y lo que venga, no?

Violeta Parra: Claro y la millonésima.

Mario Céspedes: Muy bien. Pero al lado de esto, Violeta es una incansable trabajadora y hurgadora de nuestro folklore, ella dice “lucho por el folklore, peleo por el folklore” y en realidad ha sido una lucha que lleva ya largos años.

Violeta Parra: Me enojo con medio mundo para salir adelante porque todavía ni la décima parte de los chilenos reconoce su folklore, así que tengo que estar batallando casi puerta por puerta y ventana por ventana, es harto duro todavía, es como si estuviera empezando recién, mas bien.

Mario Céspedes: Así es, Violeta. Decíamos que además, ha compuesto últimamente lo que podríamos llamar “música culta”, es decir, ha escrito música para ballet. Y en estos instantes está entregada a esta creación a través de un ballet que se titula “ El gavilán”, que representa, como decía la misma Violeta, la lucha entre el bien y el mal, entre el poder y la debilidad, entre el hombre que es fuerte y el hombre que es débil.

Violeta Parra: Eso es, justamente.

Mario Céspedes: Pero lo curioso de este ballet es que todos sus elementos están tomados del folklore y de las costumbres de Chile, tanto los elementos literarios como los musicales.

Violeta Parra: Claro, y en cuanto a los bailes, van a ser tomados de los bailes auténticos que conozco en el norte, en el sur y en el centro. El tema de fondo es el amor. El amor que destruye casi siempre, no siempre construye. El gavilán representa el hombre, que es el personaje masculino y principal del ballet. La gallina representa a la mujer y que es el personaje, también de primer orden, pero el personaje sufrido, el que resiste todas las consecuencias de este gavilán con garras y con malos sentimientos, que también sería el poder, como dijiste tú y el capitalismo, el poderoso.

Ahora, este ballet tiene tres partes, primero, la mujer se enamora del gavilán creyendo que era una flor que ella veía en un jardín. El gavilán está puesto en este jardín de espinas como para engañar, con sus manos y su cuerpo y su ropa, finge ser un clavel. Entonces la mujer, la gallina, ve este clavel y se enamora de él, y atraviesa los espinales y sufre las consecuencias de estas espinas.

La segunda parte, aparece un tercer personaje, que es una gallina vieja, y que la reconviene a la gallina joven diciéndole “ese no es un clavel, ni es un buen gavilán, sino que es el mal y ten cuidado con el”. Pero la gallina, como toda mujer enamorada, no entiende nunca. ¿Quién entiende consejos en el amor? Nadie.

Entonces, después ella llora su pena y su porfía dentro de un gallinero y aparecen los otros personajes que son patos, pavos, gallinetas y todos estos personajes se interesan por la pena de la gallina. Y en la tercera parte, tenemos una montaña, y aquí intervienen los elementos junto con los personajes principales que son el gavilán y la gallina. Los elementos serían la lluvia, el viento, el trueno y la centella, el relámpago. Entonces la gallina, cuesta arriba, a la siga de la conquista del gavilán que está en lo alto de la montaña y los elementos que obstaculizan la subida de esta gallina y que la hacen sufrir, la lluvia la moja, el viento que la dispara y el gavilán espera arriba, malévolo.

Ella consigue subir y el gavilán como que la va a amar, pero la destroza totalmente. Y los elementos se encargan de darle punto final a este ballet y envuelven y enrollan al gavilán que siempre vive, porque la maldad siempre perdura.

Mario Céspedes: En la parte musical de este ballet, Violeta, van a intervenir como instrumentos principalísimos, me imagino, las guitarras y las arpas.

Violeta Parra: Las guitarras, las arpas, los tambores y las trutrucas. Es una mezcla.

Mario Céspedes: Esto secundado, digamos, por una masa orquestal.

Violeta Parra: Desde luego, la sinfónica. Y van a haber voces. Este canto tiene que ser cantado incluso por mi misma. Porque el dolor no puede estar cantado por una voz académica, una voz de conservatorio. Tiene que ser una voz sufrida como lo es la mía, que lleva cuarenta años sufriendo. Entonces, hay que hacerlo lo mas real posible. Entonces voy a tener que cantar, esperar a que mi garganta esté en condiciones y cantar yo este ballet. Pero secundada, afirmada por coros, coros masculinos y femeninos.

Mario Céspedes: Violeta, y ¿la garganta está en condiciones ahora para anticiparnos una primicia del ballet?

Violeta Parra: Yo creo que puedo cantar la primera parte, la que se refiere al romance entre ellos, entre la gallina y el gavilán.

Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso
Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso
Mi vida creyendo
creyéndote lisonjero
Mi vida creyendo
creyéndote lisonjero
Mi vida se me par
se me parte el corazón
Mi vida del verte
Tan embustero
Mi vida yo te qui
Yo te quise yo te quise
Si ay ay ay
Si ay ay ay

Mi vida mi vida yo te quise
Mi vida mi vida yo te quise
Veleido veleido veleidoso
Veleido veleido veleidoso
Mi vida mi vida
mi vida mi vida yo te quise
Veleido veleido veleidoso
Veleido veleido veleidoso
Veleidoso yo te qui yo te qui
Yo te qui yo te qui yo te qui
yo te qui yo te quise

te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
te la llevaríh te la llevaríh tragedioso
te la llevaríh te la llevaríh veleidoso
prenda del alma si ay ay ay
prenda del alma si ay ay ay

te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
te la llevaríh te la llevaríh fantasioso
te la llevaríh te la llevaríh peligroso
te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
prenda del alma si ay ay ay
prenda del alma si ay ay ay

tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
menti menti menti mentiroso

Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso
Mi vida creyendo
creyéndote lisonjero

Mi vida mi vida yo te quise
Mi vida mi vida yo te quise
Veleido veleido veleidoso
Veleido veleido veleidoso
Mi vida mi vida yo te qui
Yo te qui yo te qui yo te qui yo te quise

tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
menti menti menti mentiroso

Mario Céspedes: Muy bien, Violeta. En una primicia para radio Universidad de Concepción, Violeta Parra interpretó un fragmento del ballet “El Gavilán”, que en estos instantes ella está escribiendo y que está fundamentado en elementos del folklore y de la cultura de Chile, tanto en su texto literario como en su parte musical.

Violeta Parra: Tendría que agregar que ya los bailarines de Santiago están interesados y muy entusiasmados. He conversado con Jaime Yori que hizo el lobo, está sumamente interesado, y con Somoza. Porque el interés mío es que la gente joven haga estas cosas, no tengo ningún interés en que las personas que han estado trabajando mucho tiempo en cosas prácticamente anti-chilenas las hagan. En cambio, estos muchachos jóvenes con energía y con inquietudes y con un sentimiento más chileno y con deseos de hacer algo nacional, estas son las personas que a mi realmente me interesan y ya están entusiasmados. Incluso, el ballet ya está montado en chiquitito. La Adela Gallo, una muchacha, una mujer muy inteligente de Santiago, hizo en pequeñito los personajes, con cuerpo de alambre y con vestuario de papel. Y quedaron bien bonitos.

Mario Céspedes: Violeta nos ha dado a conocer, en esta conversación, todas sus actuaciones recientes y todo lo que está creando para este folklore chileno que ella tanto ama y al cual se ha dedicado íntegramente. Ella ha venido a Concepción, como decíamos al principio, para participar en la VI Escuela Internacional de Verano, en el ciclo “Claves para el conocimiento del hombre chileno”. Violeta, yo quisiera que usted se refiriera brevemente a su participación en este ciclo.

Violeta Parra: Para mí es un gran honor participar en este ciclo tan importante. Yo venía muy asustada porque tú sabes, Mario, yo no soy oradora, no fui a la escuela. Es tan poco lo que sé cómo para estar integrando este grupo tan valioso de las claves para el conocimiento del hombre de chile. Sin embargo, me puse a trabajar de cabeza una semana y me ha salido el primer trabajo de esta forma. Yo tomé los cantores populares para darles a conocer su alma, su pensamiento, tal como los he conocido, tal como los he oído hablar. Pero, relatar esto para mí era un problema, un dolor de cabeza porque yo no soy escritora, sin embargo como estoy tan segura de lo que he aprendido de ellos, ahí me puse con el lapicito y el papelito y salió. Yo voy a leerte brevemente el encabezamiento para que así la gente se forme una idea de este, mi primer trabajo, en este ciclo para el conocimiento del hombre de Chile:

“Cantores a lo divino y a lo humano”, Nicanor también le puso otro título a este trabajo, que sería “Los maestros cantores de Puente Alto”. En mis andanzas en busca de la canción chilena, he conocido los más variados tipos de cantores populares. Empecemos por el norte. El antiguo pueblito de Salamanca está ubicado justamente a noventa kilómetros de Los Vilos hacia la cordillera. Me habían dicho que la Semana Santa era cosa interesante allí. Efectivamente, los salamanquinos celebran esta fiesta religiosa tal como se celebraba sesenta o setenta años atrás, con Judas quemado en la calle, con encapuchados, con procesiones de niños disfrazados, con cantos, ferias al aire libre, charlatanes y cantores callejeros. Este sería el tono de la relatora, Mario, en esta charla. Pero enseguida yo te pongo a hablar a los cantores. Vamos a pasar directamente a un cantor:

– Yo me llamo Alberto Cruz. Tengo treinta y cinco años, trabajo en peluquería y mi padre cantaba trescientos sesenta versos.
– Y usted, ¿canta esos trescientos sesenta versos?
– No señora, cantores como mi paire ya no van quedando. Yo lo acompañaba a cantar, pero después, con la muerte de él y con la música moderna, la gente se dejó de cantar a lo divino.
– Supongo que usted no habrá hecho lo mismo, Alberto.
– Si, señora, también me dejé de cantar. Pero eso duró hasta un día que fui a Los Vilos. En una cantina la radio estaba tocando un verso por el fin del mundo. Entonces, dije yo, “pero si ese verso lo cantaba mi paire”. Y corrí para la casa a dar la noticia: “en la radio están cantando a lo divino!”. Les dije a todos. Desde entonces, que le estamos cantando a los angelitos otra vez.
– Que clase de versos cantan por aquí? Le pregunté feliz de que la cinta magnética se estuviera tragando todas esas declaraciones de Alberto Cruz de Salamanca.
– Al tiro le voy a decir una cuarteta por padecimiento:

Donde habrá flor más hermosa
que la flor de la pasión
porque tiene los tres clavos
y corona del Señor”

Entonces, con este hombre sigo hablando unos veinte minutos más y después paso yo a Juan de Dios Leiva. Aunque me gustaría más darte a conocer a Don Antonio Suárez, pero te voy a mostrar unas líneas de Juan de Dios Leiva:

“Juan Leiva. Ochenta y cinco años. Chacarero, cantor y tocador de la comuna de Las Barracas, Santiago. Es un anciano delgadísimo, erguido y huraño. No quiere hablar con nadie. Cuando le pedí que me enseñara su canto, me respondió:

– Yo juré no volver a cantar mas en mi vida porque dios me llevó a mi nietecita regalona, y la noche terrible que tuve que cantar para ella la tengo anudada en el pecho y la garganta.

Juan Leiva rompió su juramento cuando le dije que la patria necesitaba sus cantos:

– Por usté lo voy a hacer, Violetita, que es la única que transmite lo puetah. Tomó la guitarra, la afinó y tocó los primeros acordes del acompañamiento de “Canto a lo divino”, a la modalidad de los cantores de Barraca. Don Juan de Dios no pudo cantar, era verdad que tenía por su nieta un nudo en la garganta. Como en un gemido le salieron las primeras palabras:

“Ángel glorioso y bendito
que estás sentado en lo alto
gloria al Padre, gloria al Hijo
gloria al Espíritu Santo”

Violeta Parra: Me están dando ganas de llorar a mí.

Mario Céspedes: Que bello.

Violeta Parra: Aquí viene algo muy gracioso, que tengo interés de que lo conozcas:

“Estábamos en el fundo Tocornal con Nicanor…”. Siempre mi hermano me acompaña en estos viajes que no significan mucha distancia, mucho…. bueno. Don Antonio Suárez. “Cualquiera canta en una mata de hojas”, le respondió Don Antonio Suárez a mi hermano cuando éste le preguntó que le parecía el canto de la Violeta Parra. -Cualquiera canta en una mata de hojas-, era la primera vez que visitábamos el fundo Tocornal. Don Antonio era un gran conversador, inteligente, y se escabullía cuando tratábamos de darle a conocer el objeto de nuestra visita. Si no hubiera sido por los díceres con que naturalmente adornaba su conversación, nos hubiéramos venido con las manos vacías. Anoté en mi cuaderno, mientras el hablaba de su vida campesina, los díceres que pude y menciono:

“el burlesco no vale ná”
“del formal se espera mucho”
“la plata se gana al sol y se consume a la sombra”

Al ofrecernos un vaso de vino durante el almuerzo, dijo:
“al medio de la sopa,
viene una copa”

Mas tarde, le oí decir:
“cuando el cristiano quiere quemarse, el diablo junta la leña”

Mas tarde, refiriéndose a los patrones, dijo:
“los gentiles no pueden quejarse de mí”

Al despedirnos, le agradecimos la botella de miel y el canasto con fruta que nos obsequiaba y él contestó:

“el mezquino come solo
hasta saciar su barriga.
Después traga la saliva
lo mismo que el colo colo

Etc.

Todo el material que yo he oído de ellos, lo he puesto en esta pequeña charla, tratando de darle una visión lo más clara posible, lo más sencilla, del alma y del pensamiento de nuestros cantores auténticos.

Mario Céspedes: Magnífico. En todo esto no está solo el amor a lo divino sino también el amor a lo humano y, a juzgar por la picardía que trascienden algunas de las expresiones literarias, sobre todo este último, que salpicaba su conversación con dicharachos y frases que venían quizás de cuantos años. Violeta, ha sido interesantísima para nosotros esta conversación primigenia y al mismo tiempo exclusiva, frente al micrófono de Radio Universidad de Concepción. Pero yo estaba pensando en algo: A través de su larga actuación en el folklore y sobre todo como intérprete de este folklore chileno: ¿Cuáles son las composiciones que usted mas quiere?

Violeta Parra: ¿Las del folklore o las mías?

Mario Céspedes: Del folklore.

Violeta Parra: Ah, yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y el canto a lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu fino, sabio y delicado del cantor chileno.

Mario Céspedes: Y ¿Hay algún verso a lo divino que recuerde usted con especial devoción y agrado?

Violeta Parra: Si, yo te puedo hacer un recuerdo que también viene aquí en esta charla, de un cantor que me encontré cerca de Puente Alto, Don Agustín Rebolledo. Me dijo: “Violetita, yo no quiero ser el único que no le va a cantar”. Porque el no era cantor era puetah. Entonces, el estaba tan entusiasmado con la máquina grabadora y con la fiesta que teníamos, que hizo lo posible y cantó, pero cantó tan desafinado, tan desafinado que daba una risa y una pena, pero el quería cantarme. Mas tarde, me dijo: “Violetita, voy a relatarle un verso”. Dije yo: “Bueno, aquí se va a componer la cosa”. Pero este hombre se arregló en su asiento, inclinó la cabeza y totalmente por la nariz, con una voz gangosa y gutural, que esta tarde voy a imitar, entregó el verso más querido que yo tengo para mí. Es por la Sagrada Escritura. Don Agustín Rebolledo dijo la décima más o menos de esta forma:

“De Genesís prencipiaron
El antiguo testamento
Profetas de tal talento
Este prencipio tomaron
Del eutoromio
(x)
De Josué la razón
Con los jueces comunión
Según dicen los romanos
Hechos por setenta ancianos
Treinta y nueve libros son, Violetita.”

Esa fue la forma con que don Agustín Rebolledo colaboró conmigo, y me enseñó versos lindísimos.

(Transcripción de Carmen Martin)



Violeta Parra y el folklor chilenoEs costumbre antigua publicar los libros por entregas, en periódicos. Desde Balzac a Mariátegui se ha seguido esa rutina. Ahora, por invitación de mis amigos de Resumen, me sumo a la lista. Este es el primero de 12 artículos sobre Violeta Parra que espero se pueda convertir luego en libro para celebrar el centenario de nuestra autora.



Por Daniel Mathews /resumen.cl

Violeta Parra tuvo una infancia rural y llena de música. Su padre era folklorista y lo invitaban a las mejores fiestas. A su muerte, tuberculoso, ella y sus hermanos tuvieron que ganarse la vida cantando por los caminos de Chile. Actúan en los trenes u estaciones de ferrocarril, en plazas y mercados, en los tenebrosos boliches de pueblo chico. Violeta, Hilda, Lautaro, Roberto, van como gitanos con su instrumento en la mano y su canasto, ganando unos centavos aquí y alimentos allá, juguetones como gorriones, contentos con su suerte

Como dice Fernando Alegría: “en esos años Violeta repasa una tradición de cantores populares que viene desde la época colonial cuando los más avezados de esos artistas ambulantes se reunían a payar en contrapuntos de preguntas y respuestas. Guitarras primitivas, sones monótonos, voces recias que hablan de la historia sagrada, de catástrofes y sucesos sensacionales, de pasiones y de crímenes, acompañan el paso de los campesinos que van de fundo en fundo haciendo las faenas de la estación”

A los treinta años de edad con una guitarra, una grabadora y un maletín, Violeta comienza un recorrido por todo Chile recogiendo folklore. Ella misma lo dice en sus décimas autobiográficas “ando de arriba p´abajo/ desentirrando folklor”. Producto de ese recorrido logra la edición en París de su primer disco “Violeta Parra, guitarre et chant. Chant et danses du Chili” (1956, Francia, Le chant du monde). Es el mismo caso de Gardel. Parece que para que les demos valor a nuestros artistas es necesario que pasen primero por Europa. En el caso de Violeta con el apoyo del antropólogo Paul Rivet. El mismo año comienza la casa Odeón a editar sus discos en el propio Chile. En total son 4, que con el francés completan cinco discos en dos años:


Violeta Parra, guitarra y canto. El folklore de Chile (1956)


Violeta Parra, acompañada de guitarra. El folklore de Chile, Volumen II (1956)


La cueca presentada por Violeta Parra. El folklore de Chile, Volumen III (1957)


La tonada presentada por Violeta Parra. El folklore de Chile, Volumen IV (1957)

El disco siguiente, de 1960, será Toda Violeta Parra con composiciones propias que merecerán otro artículo.

En el libro biográfico de Carmen Oviedo se habla de 3000 canciones recopiladas por Violeta Parra. Es un rico repertorio que muestra la heterogeneidad cultural chilena y latinoamericana. Algunos textos vienen del romancero español, otros tienen clara raigambre andina. La cueca, como la marinera peruana o el corrido chileno nos viene del folklor canario, como se puede apreciar en “Palmero sube a la palma” donde la “palmerita” que se invita a acercar a la ventana no es, evidentemente, un árbol. Va descubriendo, además, instrumentos que estaban a punto de perderse en Chile y que ella repotencia: la quena andina; el charango y el guitarrón, derivados de la guitarra española.

En 1957 la Universidad de Concepción le encarga el Departamento de Investigaciones Folklóricas. Desde ese cargo recopila ya no solo canciones sino también artesanía, se organizó un museo que hoy prácticamente ha desaparecido.

En 1960 participó en la VI Escuela Internacional de Verano de la Universidad de Concepción, en el ciclo “Claves para el conocimiento del hombre chileno”. Presento la ponencia “Cantores a lo divino y a lo humano”. Nicanor también le puso otro título: “Los maestros cantores de Puente Alto”. Ella describe así la ponencia: “Yo tomé los cantores populares para darles a conocer su alma, su pensamiento, tal como los he conocido, tal como los he oído hablar. Pero, relatar esto para mí era un problema, un dolor de cabeza porque yo no soy escritora, sin embargo como estoy tan segura de lo que he aprendido de ellos, ahí me puse con el lapicito y el papelito y salió”.

Ese mismo año, en una entrevista en la radio de la Universidad, cuenta su experiencia como recopiladora:

“En mis andanzas en busca de la canción chilena, he conocido los más variados tipos de cantores populares. Empecemos por el norte. El antiguo pueblito de Salamanca está ubicado justamente a noventa kilómetros de Los Vilos hacia la cordillera. Me habían dicho que la Semana Santa era cosa interesante allí. Efectivamente, los salamanquinos celebran esta fiesta religiosa tal como se celebraba sesenta o setenta años atrás, con Judas quemado en la calle, con encapuchados, con procesiones de niños disfrazados, con cantos, ferias al aire libre, charlatanes y cantores callejeros”.

La Escuela Internacional de Verano de ese año fue particularmente importante. Organizada por Gonzalo Rojas, contó con la presencia de Margot Loyola y el Cacumen, donde actuaba un “recién egresado de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile”: Víctor Jara; Atahualpa Yupanqui dictó un taller de folklor argentino; tuvieron ponencias Juan Gómez Millas, Braulio Arenas, Joaquín Edwards Bello, Nicanor Parra, Pablo de Rokha, Nicomedes Guzmán y un médico que llegaría varios años después a ser Presidente: Salvador Allende. En la quincena siguiente se realiza el Primer Encuentro Americano de Escritores con asistencia de Enrique Anderson Imbert, Ernesto Sabato, German Arciniegas, Fernando Alegría, Braulio Arenas, Volodia Teitelboim, Nicanor Parra, Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti

En 1965 publica el único libro que verá la luz en su vida, nuevamente en francés, Poésie populaire des Andes, editado por Francois Maspero. Incluye recopilaciones de canto a lo humano y lo divino, tonadas, parabienes, esquinazos, cuecas y algunas canciones de su autoría. También hay semblanzas de sus informantes: Alberto Cruz, Rosa Lorca, Guillermo Reyes (en realidad se trata de Juan de Dios Leiva según Reiner Canales Cabezas) y Francisca Martínez.

Ya muerta se publica también Cantos folklóricos chilenos. El libro ya había sido anunciado en una entrevista que realiza Magdalena Vicuña para la Revista musical chilena. Contiene cantos recopilados por Violeta Parra, semblanzas de los informantes, fotos de Sergio Larraín y transcripciones musicales de Gastón Soublette. Según la biografía de Carmen Oviedo, Soublette llegaba, entre los años 1956-1957, todos los días a la casa de Violeta en calle Madrigal “durante los casi seis meses que duró la preparación del libro”. En 1970 la revista Atenea de la Universidad de Concepción publicó un fragmento del libro. No obstante la publicación fue postergándose hasta que Ángel Parra lo encontró entre otros papeles de su madre.

BIBLIOGRAFÍA

Fernando Alegría “Violeta por todas partes” en Araucaria de Chile N° 38, Madrid, 1987.

Reiner Canales Cabezas De los cantos folklóricos chilenos a las décimas. Trayectoria de una utopía en Violeta Parra. Tesis de magister en literatura. Universidad de Chile.

Carmen Oviedo Mentira todo lo cierto. Tras las huellas de Violeta Parra, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1990.




Violeta Parra: Hace falta un guerrillero
(Por Daniel Mathews) Entre 1956 y 1957 Violeta Parra grabó 5 discos fundamentales para el estudio del folklor chileno. Eso lo vimos en el artículo anterior. Todavía no podíamos hablar, sin embargo de canciones propias de Violeta. El disco siguiente, Todo Violeta Parra, es de 1960 y esta vez sólo contiene canciones propias. Algunas de un marcado radicalismo político. Entre ellas está “Hace falta un guerrillero”, “Yo canto la diferencia” y “El pueblo”, está última con letra de Pablo Neruda.

Su vinculación de la izquierda no era nueva. Eduardo Contreras dice que en “1946 funcionó en casa de Violeta una secretaría del comando de la campaña de González Videla y dirigió además ese año un Comité de Dueñas de Casa, participando en el Frente Nacional de Mujeres”. Hay que recordar que en esos años Nicanor Parra también era cercano al Partido Comunista.

Pero lo que nos interesa ahora más que la militancia política de Violeta Parra es comenzar a entenderla como poeta popular. Pasemos, pues, a sus canciones. En la presente nota veremos el texto de “Hace falta un guerrillero” y en la siguiente “Yo canto la diferencia” que será no solo la explicación de todo el recorrido poético de Violeta Parra sino un manifiesto que comienza a forjar la nueva canción latinoamericana.

En, “Hace falta un guerrillero” Violeta realiza una elegía patriótica con la legendaria figura del guerrillero y político Manuel Xavier Rodríguez Erdoíza (1785-1818). Manuel Rodríguez es considerado el libertador de la república de Chile, pues participó como abogado, político, militar y guerrillero en la independencia de ese país. Pasando a la calidad de mito por esta última faceta, pues en la denominada fase de reconquista española (1814-1817) sus convicciones lo llevaron a operar en la clandestinidad contra el mandato de Bernardo O´higgins. Pero su trabajo para la causa patriótica comenzó mucho antes de la Reconquista, luchando en las campañas del sur en 1813, exhortando al ejército y aplicando toda su locuacidad y persuasión en la prédica de los ideales independentistas entre las clases populares. Su biografía está llena de escenas de aventuras en las que aparece burlando a sus perseguidores una y otra vez, disfrazado de fraile o de huaso, o desnudo en la noche escabulléndose por entre decenas de soldados talaveras y cruzando a nado el río Mataquito.

Ya varios poetas, Pablo Neruda entre ellos, habían dedicado sus versos a Manuel Rodríguez. Pero la canción de Violeta marca una diferencia desde el titulo. Ella no le está cantando al pasado. Actualiza la actitud de guerrillero heroico para proponer que a Chile le hace falta un guerrillero. Recordemos que 1960 es un año muy marcado por la reciente revolución cubana. La necesidad de guerrillas se sentía por toda América Latina y comenzaba el rechazo a la política centrada en la institucionalidad estatal. De modo que aunque apoyaba la campaña de González Videla, Violeta quería ir más allá de un proceso puramente electoral.

La canción comienza asumiendo el tradicional papel de madre que quiere el mejor de los hijos: “Quisiera tener un hijo/ brillante como un clavel/ ligero como los vientos”. Pero pronto revierte esa figura maternal, ligada a los cuidados, para darle un destino heroico al hijo. Lo que ella quiere es un hijo guerrillero que sepa defender su patria: “De niño le enseñaría/ lo que se tiene que hacer/ cuando nos venden la patria/ como si fuera alfiler”. Al alterar el papel de la madre también tiene que descomponer la idea de un niño educado en la disciplina. Por el contrario su hijo debería ser por lo menos tan cuestionador como ella.

La expectativa de un hijo cuestionador se ve reflejada también cuando nos dice “Me abrigan las esperanzas / que mi hijo habrá de nacer / con una espada en la mano/ y el corazón de Manuel, / para enseñarle al cobarde/ a amar y corresponder”. Resulta interesante que los gobiernos que están vendiendo la nación al interés extranjero no lo hacen sólo por traición. Es también una falta de valores en ellos. Sobre todo valores relacionados a la valentía (son cobardes) y el amor. Solo con amor se puede llegar a la valentía, uno solo puede dejar de ser cobarde si ama de verdad algo por lo que se puede luchar. De modo que cuando quiere que su hijo tome la espada no es por falta de amor sino por que en verdad lo tiene. Lo que esta en cuestión es el amor rosa que no construye nada.

La situación del Chile de entonces es una situación desesperada: “La Patria ya tiene al cuello/ la soga de Lucifer; / no hay alma que la defienda, / ni obrero ni montañés”. Es necesario actuar en la actualidad para frenar las injusticias sociales que ella observa durante los gobiernos conservadores de Gabriel González (1946-1952), de Carlos Ibáñez (1952-1958) y de Jorge Alessandri que estaba gobernando desde 1958. Pero no hay nadie que defienda los ideales de la nación. Y sin embargo es claro también de donde debería salir ese defensor. En el verso “ni obrero ni montañés” está esperando que el protagonismo lo tomen los trabajadores del campo y la ciudad. Nuevamente queda claro que el apoyo que le da a un político en campaña es parcial, se lo da mientras no haya nada mejor.

El cuestionamiento a los candidatos es más claro aún cuando nos señala que no hay nadie en Chile en quien confiar realmente. La canción cierra en la desilusión total: “Las lágrimas se me caen / pensando en el Guerrillero: / como fue Manuel Rodríguez/ debieran haber quinientos, / pero no hay ni uno que valga/ la pena en este momento”. Y lo más triste es que quizá más de medio siglo después podamos seguir cantando lo mismo.

Bibliografía

Eduardo Contreras “Violeta Parra, el origen del canto” en Cuadernos Casa de Chile, Nº 27, México s/f.
Entrevista a Violeta Parra en Radio Universidad de Concepción (1960)



http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/12/18/homenaje-a-violeta-parra/


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