Por Mario Muñoz Lozano*
La Habana, (Prensa Latina) La nueva cúpula de la Unión Europea (UE) echó a andar en pleno el pasado 1 de diciembre, luego de enfrentar diversos obstáculos para su renovación durante 2019 y con monumentales desafíos por delante.
La Habana, (Prensa Latina) La nueva cúpula de la Unión Europea (UE) echó a andar en pleno el pasado 1 de diciembre, luego de enfrentar diversos obstáculos para su renovación durante 2019 y con monumentales desafíos por delante.
Su debut fue la Conferencia Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP25), concluida en Madrid, la capital española, después de la renuncia de Chile, a última hora, por los disturbios de noviembre en ese país.
La cumbre fue el estreno de los presidentes de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen; del Consejo Europeo, Charles Michel; y de la Eurocámara, David Sassoli, quienes presentaron las preocupaciones del bloque sobre el deterioro global del medio ambiente.
Es la primera vez que una mujer encabeza la Comisión y Von der Leyen tiene por delante una enorme tarea: su equipo tomará decisiones que implicarán a más de 500 millones de ciudadanos.
Para enfrentar los desafíos de los próximos cinco años, la UE cuenta también con renovadas nomenclaturas al frente del Banco Central Europeo, presidido ahora por Christine Lagarde, y en el puesto de Alto Representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, está Josep Borrell.
En tal jefatura se concentraron las miradas de un continente donde las contingencias climáticas inclinaron las balanzas en las urnas este año, más de una vez, tanto en los comicios parlamentarios europeos de mayo como en las diferentes elecciones nacionales.
En los primeros, donde apenas votó el 50,6 por ciento de los europeos con derecho al sufragio, las formaciones políticas a favor de la UE debieron batallar duro por mantener la unidad del bloque ante el auge de los partidos en su contra y de los movimientos de derecha.
Sin duda, el estrecho margen en los resultados electorales durante la votación de la Eurocámara demostró lo difícil que será unir a los diferentes países.
Las fuerzas conservadoras detrás del Partido Popular Europeo lograron conservar su hegemonía en el Parlamento, seguidas por los grupos Socialistas y Liberales, las otras dos grandes familias que lideran el legislativo comunitario.
Entre las prioridades de la UE, sus líderes identificaron la necesidad de lograr un papel más destacado en la escena mundial, la desaceleración de la economía, la defensa, la digitalización, la migración y la protección del medio ambiente.
VERDE, QUE TE QUIERO VERDE
Von der Leyen aspira a un nuevo estándar de la UE en la protección climática, y aseguró que quería que Europa se convirtiera en 'el primer continente climáticamente neutral en el mundo'. Muchos, aunque no todos, los estados miembros se comprometieron ya con alcanzar esa neutralidad para 2050.
La única resistencia en este frente se encuentra actualmente en Europa del Este. Von der Leyen, sin embargo, pretende impulsar esta meta y tiene entre sus propósitos lograr 'un acuerdo ecológico para Europa en los primeros 100 días de mi mandato'.
MÁS MIGRANTES, PERO ¿QUIEN LOS QUIERE?
Al igual que en años anteriores, en 2019 se mantuvieron los arribos por mar de migrantes y refugiados en busca de asilo. Al no haber ya misiones de rescate gubernamentales, solo algunas iniciativas privadas y de organizaciones no gubernamental se ocuparon de rescatar a los náufragos y solicitantes de ayuda.
Las alarmas sonaron durante todo el año: Italia rechazó un número récord de solicitudes de asilo, y los jefes de Estado y de Gobierno de la UE pidieron más recursos para reorientarlos o realojarlos una vez que llegan.
Actualmente, no hay un procedimiento automático para resolver esta situación y Europa sigue dividida sobre el tema. Muchos países en el este del Viejo Continente no quieren recibir ningún tipo de inmigración, mientras que algunos del norte y el oeste creen que hay que admitir a aquellos que lo necesitan.
Según analistas, estos llamamientos no se acompañaron de acciones: los países del sur de Europa, incluidos Grecia, España e Italia, se sienten abandonados y fueron más restrictivos en su admisión de solicitantes de asilo e inmigrantes.
LOS EXTREMOS
Otra asignatura pendiente de los 28 es el enfrentamiento a las desigualdades sociales, crecientes entre las zonas rurales y urbanas y entre los propios países miembros del bloque.
La diferencia de poder adquisitivo entre la población del poderoso oeste metropolitano de Londres, en el Reino Unido, con la deprimida región de Extremadura, en España, creció 41 por ciento en los últimos 10 años.
Según un informe de la Oficina Estadística Europea (Eurostat), dado a conocer en octubre, la brecha del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante en 2017 entre la primera región, calificada como la más rica de Europa, y la segunda, considerada la más pobre de España, era de 168 mil 700 euros.
Las cifras, reportadas por esa oficina en su último anuario regional, muestran cómo la crisis económica, con sus heridas aún abiertas, afianzó las desigualdades territoriales al interior del bloque comunitario.
Otro estudio de Eurostat, más reciente, subraya que en los 28 países integrantes de la Unión Europea (UE) 113 millones de personas viven en hogares en riesgo de pobreza o de exclusión social.
Los pilares del proyecto europeo se mantuvieron sólidos ante los grandes impactos de los últimos años. Sin embargo, ahora amenazan con resquebrajarse ante un enemigo silencioso: la desigualdad.
Y el golpe es evidente. En los países donde más se deterioró la situación de las clases populares, Grecia, Italia y España, es en los que más decayó el apoyo a la UE.
El contrato social, base de la arquitectura supranacional del proyecto comunitario, quedó muy deteriorado en la última década. La distancia entre ricos y pobres, entre el norte y el sur, entre las zonas urbanas y rurales, no dejó de crecer y se convirtió en el mayor dolor de cabeza del Ejecutivo europeo.
EL DIVORCIO BRITÁNICO Y MÁS
La propuesta de salida del Reino Unido del bloque, prorrogada en dos ocasiones este año, es otro de los grandes retos que acompañaron la vida política y económica de la Eurozona durante en 2019.
El tema continuará ocupando titulares en 2020, al aprobarse una nueva extensión del Brexit para finales de enero próximo, aunque su futuro dependerá de las decisiones que tome sobre el tema el nuevo Gobierno británico electo en los comicios generales de diciembre.
El 2019 estuvo marcado también por dos elecciones legislativas en España ganadas por el Partido Socialista Español (PSOE), pero en las que no alcanzó la mayoría absoluta de los votos, ni ponerse de acuerdo con otras formaciones para acceder a una alianza de poder.
Sin embargo, luego de meses de desencuentros y como resultado de la última contienda en las urnas, España va camino a su primer Gobierno de coalición en 86 años con el PSOE pactando con Unidos Podemos para dirigir el Ejecutivo del país.
Con todo su equipo renovado, la UE tiene ante sí señales que deberá atender seriamente.
Un estudio de la encuestadora YouGov señaló que el 46 por ciento de los europeos prefiere que su país no acepte más refugiados de zonas en conflicto y la mayoría descalificó la gestión comunitaria durante los años de mayor presión migratoria.
La investigación reconoció que si en las elecciones europeas de 2014 los habitantes del bloque consideraron como sus grandes retos el desempleo, la estabilidad económica y la deuda pública, hoy son la inmigración y el medio ambiente.
*Periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina
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La cumbre fue el estreno de los presidentes de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen; del Consejo Europeo, Charles Michel; y de la Eurocámara, David Sassoli, quienes presentaron las preocupaciones del bloque sobre el deterioro global del medio ambiente.
Es la primera vez que una mujer encabeza la Comisión y Von der Leyen tiene por delante una enorme tarea: su equipo tomará decisiones que implicarán a más de 500 millones de ciudadanos.
Para enfrentar los desafíos de los próximos cinco años, la UE cuenta también con renovadas nomenclaturas al frente del Banco Central Europeo, presidido ahora por Christine Lagarde, y en el puesto de Alto Representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, está Josep Borrell.
En tal jefatura se concentraron las miradas de un continente donde las contingencias climáticas inclinaron las balanzas en las urnas este año, más de una vez, tanto en los comicios parlamentarios europeos de mayo como en las diferentes elecciones nacionales.
En los primeros, donde apenas votó el 50,6 por ciento de los europeos con derecho al sufragio, las formaciones políticas a favor de la UE debieron batallar duro por mantener la unidad del bloque ante el auge de los partidos en su contra y de los movimientos de derecha.
Sin duda, el estrecho margen en los resultados electorales durante la votación de la Eurocámara demostró lo difícil que será unir a los diferentes países.
Las fuerzas conservadoras detrás del Partido Popular Europeo lograron conservar su hegemonía en el Parlamento, seguidas por los grupos Socialistas y Liberales, las otras dos grandes familias que lideran el legislativo comunitario.
Entre las prioridades de la UE, sus líderes identificaron la necesidad de lograr un papel más destacado en la escena mundial, la desaceleración de la economía, la defensa, la digitalización, la migración y la protección del medio ambiente.
VERDE, QUE TE QUIERO VERDE
Von der Leyen aspira a un nuevo estándar de la UE en la protección climática, y aseguró que quería que Europa se convirtiera en 'el primer continente climáticamente neutral en el mundo'. Muchos, aunque no todos, los estados miembros se comprometieron ya con alcanzar esa neutralidad para 2050.
La única resistencia en este frente se encuentra actualmente en Europa del Este. Von der Leyen, sin embargo, pretende impulsar esta meta y tiene entre sus propósitos lograr 'un acuerdo ecológico para Europa en los primeros 100 días de mi mandato'.
MÁS MIGRANTES, PERO ¿QUIEN LOS QUIERE?
Al igual que en años anteriores, en 2019 se mantuvieron los arribos por mar de migrantes y refugiados en busca de asilo. Al no haber ya misiones de rescate gubernamentales, solo algunas iniciativas privadas y de organizaciones no gubernamental se ocuparon de rescatar a los náufragos y solicitantes de ayuda.
Las alarmas sonaron durante todo el año: Italia rechazó un número récord de solicitudes de asilo, y los jefes de Estado y de Gobierno de la UE pidieron más recursos para reorientarlos o realojarlos una vez que llegan.
Actualmente, no hay un procedimiento automático para resolver esta situación y Europa sigue dividida sobre el tema. Muchos países en el este del Viejo Continente no quieren recibir ningún tipo de inmigración, mientras que algunos del norte y el oeste creen que hay que admitir a aquellos que lo necesitan.
Según analistas, estos llamamientos no se acompañaron de acciones: los países del sur de Europa, incluidos Grecia, España e Italia, se sienten abandonados y fueron más restrictivos en su admisión de solicitantes de asilo e inmigrantes.
LOS EXTREMOS
Otra asignatura pendiente de los 28 es el enfrentamiento a las desigualdades sociales, crecientes entre las zonas rurales y urbanas y entre los propios países miembros del bloque.
La diferencia de poder adquisitivo entre la población del poderoso oeste metropolitano de Londres, en el Reino Unido, con la deprimida región de Extremadura, en España, creció 41 por ciento en los últimos 10 años.
Según un informe de la Oficina Estadística Europea (Eurostat), dado a conocer en octubre, la brecha del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante en 2017 entre la primera región, calificada como la más rica de Europa, y la segunda, considerada la más pobre de España, era de 168 mil 700 euros.
Las cifras, reportadas por esa oficina en su último anuario regional, muestran cómo la crisis económica, con sus heridas aún abiertas, afianzó las desigualdades territoriales al interior del bloque comunitario.
Otro estudio de Eurostat, más reciente, subraya que en los 28 países integrantes de la Unión Europea (UE) 113 millones de personas viven en hogares en riesgo de pobreza o de exclusión social.
Los pilares del proyecto europeo se mantuvieron sólidos ante los grandes impactos de los últimos años. Sin embargo, ahora amenazan con resquebrajarse ante un enemigo silencioso: la desigualdad.
Y el golpe es evidente. En los países donde más se deterioró la situación de las clases populares, Grecia, Italia y España, es en los que más decayó el apoyo a la UE.
El contrato social, base de la arquitectura supranacional del proyecto comunitario, quedó muy deteriorado en la última década. La distancia entre ricos y pobres, entre el norte y el sur, entre las zonas urbanas y rurales, no dejó de crecer y se convirtió en el mayor dolor de cabeza del Ejecutivo europeo.
EL DIVORCIO BRITÁNICO Y MÁS
La propuesta de salida del Reino Unido del bloque, prorrogada en dos ocasiones este año, es otro de los grandes retos que acompañaron la vida política y económica de la Eurozona durante en 2019.
El tema continuará ocupando titulares en 2020, al aprobarse una nueva extensión del Brexit para finales de enero próximo, aunque su futuro dependerá de las decisiones que tome sobre el tema el nuevo Gobierno británico electo en los comicios generales de diciembre.
El 2019 estuvo marcado también por dos elecciones legislativas en España ganadas por el Partido Socialista Español (PSOE), pero en las que no alcanzó la mayoría absoluta de los votos, ni ponerse de acuerdo con otras formaciones para acceder a una alianza de poder.
Sin embargo, luego de meses de desencuentros y como resultado de la última contienda en las urnas, España va camino a su primer Gobierno de coalición en 86 años con el PSOE pactando con Unidos Podemos para dirigir el Ejecutivo del país.
Con todo su equipo renovado, la UE tiene ante sí señales que deberá atender seriamente.
Un estudio de la encuestadora YouGov señaló que el 46 por ciento de los europeos prefiere que su país no acepte más refugiados de zonas en conflicto y la mayoría descalificó la gestión comunitaria durante los años de mayor presión migratoria.
La investigación reconoció que si en las elecciones europeas de 2014 los habitantes del bloque consideraron como sus grandes retos el desempleo, la estabilidad económica y la deuda pública, hoy son la inmigración y el medio ambiente.
*Periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina
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