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27 febrero 2020

El socialista B. SANDERS ante el SOCIALISMO en Cuba




Apuntes para el debate.


La contradición genética del capitalismo made in usa no ha dejado de ser el ANTAGONISMO entre capital y trabajo. En los EEUU es brutal. La contradicción entre capital y comunidad es expresión sociológica de la materialista. Si se pone en primer lugar se diluye lo esencial y no se entiende de que va la lucha de clases.
B. Sanders ha representado el hecho de la brutal lucha de clases que se da en EEUU -sobre la cual el multimillonario W. Buffett declara sin tapujo: “Sí, claro que hay una lucha de clases, y la estamos ganando nosotros, los ricos”- en el antagonismo precisamente «ricos y pobres», destacando la concentración del capital como meollo del problema. La atención va dirigida al estado oligárquico y la clase que controla y conduce ese estado. Ese discurso no está mal para que los ricos no lo conviertan en espantapájaro «comunista» y lo puedan entender y asumir conscientemente las masas del lado del trabajo. Esa consciencia para sí que no tiene el mundo del trabajo en los EEUU y sí posee la derecha oligárquica apoderada. Por supuesto, el trabajo político a nivel de comunidad une intereses comunes y suma fuerza al levantamiento popular, puesto que en esos espacios se da transversalidad de la lucha de clases. Desde la práctica eso es lo que viene haciendo muy bien el movimiento político catalizado por Sanders y otras ya muy destacadas figuras jóvenes del movimiento Socialismo Democrático (DSA), como la propia Alexandria Ocasio.
Es un error que este proceso político no se esté atendiendo y siguiendo en análisis de fondo en Cuba, por los medios, por la televisión cubana. Amerita una mesa redonda permanente de pensamiento crítico, polítológico, intelectual marxista para seguir el asunto, que ya adquiere características de fenónemo histórico en los EEUU. La relevancia del fenómeno está en la guerra total que todo el establecimiento político, oligárquico y medi[atico a desatado ya sin pelos en la lengua contra la candidatura de B. Sanders. Evitar a toda costa que el socialista obtenga la nominación del Partido Demócrata, puesto que ya mucho de la opinión pública indica que batiría también a D. Trump en las elecciones generales. El frente contra la candidatura de B. Sanders suma tanto a Demócratas como Republicanos. El socialista es enemigo público número uno, es decir para el estatus quo del estado oligárquico y la plutocracia que gobierna los EEUU.
El tema del socialismo ha ocupado el primer lugar en el debate nacional, algo sencillamente impensable en los EEUU. Nada menos que desde el mismo Congreso el Presidente D. Trump grita que en los EEUU nunca habrá socialismo, ante lo cual todos los congresistas ovacionan frenéticamente de pie, excepto B. Sanders que permanece sentado sin aplaudir. Una escena política verdaderamente icónica. El fantasma que todos daban por muerto hace vuelo raso sobre sus propias cabezas. Las encuestas exponen que el 60% de los jóvenes de la generación del milenio prefieren el socialismo al capitalismo. La carrera de ratas en que el capitalismo norteamericano ha convertido sus vidas con el fardo adicional del endeudamiento económico infinito para poder existir los ha convertido en escépticos del cuento sobre el american way of life La noción de socialismo se asocia a la justicia social y la igualdad.
¿Será redundante puntualizar que el cambio progresista en el Gobierno de los EEUU puede impactar en las relaciones con Cuba de manera especial?
B.Sanders tiene una serie de contradicciones políticas que le afloran cuando lo aprietan en los debates y los ataques. Ante todo en materia de política internacional. Da la impresión de permanecer anclado en el clima de guerra fria contra Rusia y China, no parece entender el surgimiento de la multipolaridad internacional que relega el imperialismo USA a un plano de intrascendencia hegemónica. No habla de los EEUU en términos de Imperialismo, contrariamente a como sí lo hacen con gran impacto público sus compañeras de lucha Ocasio-Cortez e IIhan Omar.
Hay un asunto importante en este tema. El cambio revolucionario de las relaciones socioeconómicas y políticas internas que propone B. Sanders crearía de por sí premisas determinantes de cambio en la política exterior. Puesto que la condición sine qua non para abordar los programas de transformación y desarrollo socioeconómico internos exigen sacar a los EEUU de la drogadicción del armamentismo y la promoción de guerras en el mundo. Sus declaraciones en este sentido tedrían que ser pie forzado de su política como Presidente. De lo contrario todo su programa de progreso interno se arruinaría.
Con relación a los procesos progresistas latinoamericanos mantiene el conservadurismo del pensamiento derechista norteamericano. Cuando habla de Cuba, que ya ha entrado en el debate por la presidencia como arma arrojadiza contra B. Sanders, se contradice en las declaraciones, pues elogia el logro social por ejemplo en la salud y la educación -«la verdad no se puede ocultar»- pero se ve urgido a “contrapesar” alegando que la economía no funciona y que él no comulga con gobiernos autoritarios. No diría nada revelador que en Cuba no estén diciendo críticamente los cubanos en cuanto al dominio vertical del estado sobre el movimiento de la sociedad, pero no habla, calla sobre el bloqueo yanqui a la economía de la Isla, no conecta el problema, lo cual no deja de ser expresión de cinismo político, siendo él un representante de los EEUU y aspirante a la presidencia.
Cuando califica a Cuba como una «dictadura» va más allá, agachándose ante la presión totalitaria contra Cuba reinante en los EEUU actúa de manera oportunista y sitúa su posición en la «superioridad moral» que legitimaría cualquier actuación de su eventual Administración contra Cuba.  Todo eso ya condiciona lo que sería su política exterior con Cuba. Estará por ver entonces si cambiaría mucho con respecto a la agresiva política de Trump, porque condicionará el acercamiento o relajamiento de las relaciones a la misma agenda reaccionaria fascista yanqui, «tiene que cambiar el régimen autoritario de Cuba» para hacer concesiones. Puede retomar, no obstante, el Carril II de la Plataforma de Santa Fe bajo la cual B.Obama decidió el otro camino, el de la zanahoria.
Pero sabemos dos cosas, que los cambios en Cuba lo determinan los cubanos, no alguna potencia entranjera. Que en Cuba existen corrientes de estirpe socialdemócrata que ven en el capitalismo soft la vía para Cuba. Pero que mucho indica que serán cambios en el espíritu de la revolución socialista por venir, si es que se cree en la fuerza revolucionaria del marxismo leninismo inscripto en la Constitución de la República, lo que nada tiene que ver con la revolución política de corte socialdemócrata que él B. Sanders promueve en USA. «Cuando  decimos socialismo democrático no me refiero a Cuba, sino a los países escandinavos» – acota sus respuestas sobre el tema, dejando claro que el capitalismo no deja de ser la religión socialdemócrata por aquello del «socialismo de lo posible». Cuba en su proceso de desarrollo socioeconómico y político seguirá negando el régimen capitalista autoritario de los propios USA, no se trata entonces de concesiones a Cuba, sino de eliminar ese bloqueo unilateral y respetar a Cuba como sujeto igual del derecho internacional.
Lo que no se sabe, o sí en alguna medida, es cómo estará reaccionando el poder en Cuba -Partido, Estado y Gobierno- a lo que se viene en los USA si B. Sanders ganara. Porque una presidencia de Sanders es el momento geopolítico inmejorable para retomar la revolución socialista en Cuba, no para permanecer atrincherados en el socialismo vulgar actual, esa expresión del neocapitalismo de estado que mantiene a Cuba en el interregno gramsciano.
La economía en Cuba no funciona como podría justo por eso, no porque sea socialista, pues no lo es. La transformación socialista del modo de producción e intercambio es lo único que puede hacer obsoleto el bloqueo yanqui, puesto que disparar el desarrollo bajo relaciones de producción democráticas demostrará la inefectividad del mismo. Pero además pondrá a Cuba, remarquemos esto, en condiciones de asimilar la suspensión del bloqueo en función del desarrollo del modelo socialista socieconómico y político y no ser engullida por la fuerza del capital norteamericano.
El cambio democrático en Cuba está en el enrrumbe hacia la revolución socialista. Sobre ello en mi ensayo de próxima publicación.
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Nota

Bhaskar Sunkara, El socialismo estadounidense y la «izquierda de lo posible», http://bit.ly/2Tboqbi


https://kaosenlared.net/el-socialista-b-sanders-ante-el-socialismo-en-cuba/

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