Por Iñaki Urdanibia, Resumen Latinoamericano, 5 de septiembre de 2020.
Once ensayos que se despliegan por diferentes aspectos de la filosofía, la política, la imagen, etc.
En la historia de la filosofía parece que las mujeres no han existido, de modo y manera que da la impresión de que la filosofía, como el soberano es cosa de hombres; cierto es que hurgando se han desvelado casos de mujeres que, a pesar de las limitaciones y vetos, dedicaron sus esfuerzos a la reflexión de los problemas de su tiempo. En el siglo pasado se abrió algo el panorama; ahora bien siempre que las mujeres que participaban en el mundo de la filosofía lo hiciesen centradas en los problemas específicos de su género, actividad que aun mereciendo todos los respetos, parecía limitar el alcance de su actividad a una especie de páginas rosas o lilas dentro del campo general de la filosofía.; es como si la academia hubiese concedido a las mujeres que filosofan una habitación propia, dentro del edificio dominado por los hombres, que son quienes han delimitado su extensión, sus criterios y sus conceptos, en el que ellas han de limitarse a ponerse ellas mismas como objeto de indagación.
Una serie de mujeres de algunos países americanos, latinos y del norte, y algunas del estado español, se han unido en un encuentro propiciado por la facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javieriana y la Complutense matritense, para dejar oír sus voces dislocadas con respecto a los cánones dominantes e impuestos por « un orden heteropatriarcal que ha colocado y ubicado cada voz donde le “correspondía” y le asignaba los contenidos de pensamiento que eran “afines” con esa ubicación». Tal propósito de desmarcarse , parte de la interrogación si el lugar de la enunciación no condicionará la forma del enunciado y ésta no delimitará el contenido mismo que se quiere expresar. Las intervenciones, once, de las diferentes mujeres, y sus réplicas o comentarios de otras ( Anna María Brigante, Emma Ingala Gómez, Laura Quintana, María del Rosario Acosta, Rosaura Martínez Ruiz, Amanda Núñez García, Rocío Zambrana, Nuria Sánchez Madrid y Macarena Marey, junto a las dos editoras), se reúnen en un volumen publicado por Herder, bajo la responsabilidad editorial de Luciana Cadahia y Ana Carrasco-Conde, bajo el significativo título de « Fuera de sí mismas. Motivos para dislocarse». Intervenciones que se alzan como un grito que dice: estamos aquí, nosotras también pensamos, trabajamos, aprehendemos perceptos, mantenemos afectos y creamos conceptos; disociadas, descentradas , dislocadas con respecto a los roles que se les han asignado por el mundo del pensamiento, y más en concreto por el de la filosofía. No intentan crear una escuela, ni línea de pensamiento única sino crear redes rizomáticas que dejen que diferentes voces y posturas se expresen dentro del pensamiento de las mujeres; pluralidad versus unidad. La obra ofrece un diálogo de voces entrecruzadas que se complementan sin pretender un consenso, sino que se encuentran en el disenso, en la diferencia…moviéndose en una lógica heracliteana.
En este deseo de crear nuevos espacios de pensamiento , de otros modos de pensar que hace que se dé una nueva relación con la tradición filosófica; sin ninguna intención de hallar ni proponerse un denominador común si que ciertos hilos invisibles, temáticos, se dan entre las diferentes intervenciones en lo que hace al cuerpo, al deseo,la voz, la escucha, la performatividad y la imagen.
Desde el análisis de la imagen a la política, se despliegan los diferentes ensayos, abarcando fundamentalmente cuestiones relacionadas con la estética y la política, con el ver y el (con)vivir, partiendo de la utilización de un diálogo platónico como dispositivo de molde analítico para concluir con el apoyo de la búsqueda de un sensus communis por parte de Kant.
No es fácil retratar lo que se presenta en los diferentes artículos, ya que cada cual – a pesar de ciertas resonancias comunes ya mentadas- avanza por su lado, distinto a los demás, apoyándose en diferentes obras de arte, montajes teatrales y otros, referencias literarias y ensayísticas, comentándolas y buscando en ellos puntos desde el que abordar las distintas temáticas abordadas. A modo de brújula orientadora señalaré que hay una serie de pensadoras y pensadores contemporáneos [ dejando de lado las referencias a los clásicos que son legión] a los que se recurre con frecuencia por parte de las intervinientes: Judith Butler, Donna Haraway, Jacques Derrida, Gilles Deleuze et Félix Guattari, Michel Serres, Gayatri Chakravorty Spivak, Bruno Latour, Adriana Cavarero, Massimo Cacciari, Jacques Rancière, Georges Didi-Huberman, etc., etc., etc. Autores que se prestan, como salta a la vista a cualquiera que se haya arrimado a sus obras, aunque sea un poco, a ellos, a miradas no conformes con los cánones establecidos, explorando e inaugurando nuevas miradas y aproximaciones, buscando ensamblajes , y tratando de hallar no solamente cambios de perspectiva sino cambios de lógicas y modos de pensamientos plurales y múltiples que abran las puertas a pensamientos otros, y a fusiones que huyan del monopolio etnocéntricos, con sus valores inamovibles, como medida de todas las cosas.
La exploración es de altura, y de anchura, ya que , reitero, se va desplegando por diferentes lares del pensar: así se comienza reflexionando a partir de la perspectiva de Pável Florenski, tomando como distinción inicial la establecida por Platón en su diálogo El sofista, entre dos de las formas miméticas: la técnica icónica y la técnica fantasmal. A partir de ahí se avanza por diferentes pagos de la representación artística sus técnicas, sus trampantojos, sus perspectivas engañosas, recurriendo para ello a las técnicas de un Durero o de un Picasso, de un Giotto, a la vez que se va desentrañando la capacidad trascendental a la que llaman los iconos, y su utilización inmanente por artistas posteriores. Subrayando el hecho de que contra la lógica dominante occidental que privilegia el discurso, la imagen, per se, conserva una importancia esencial en el campo de la representación…De Discurso , figura hablaba Jean-François Lyotard, para subrayar el dominio del primero con su fuerza anuladora sobre el segundo.
Se continua la travesía a través de la pregunta de cuál es el poder de una imagen, (en réplica al interrogante spinoziano de qué puede un cuerpo) y se recurre a la contraposición de la verticalidad y la inclinación, tomando el ejemplo de Fred Astaire y Kelly, siendo el primero en su danza una muestra de un intento de salirse de sí en busca de las sombras que le acompañan, frente al segunda que es muestra de rectitud. Apoyándose en las distinciones deleuzianas, la pretensión es defender que la inclinación es propicia para cierta forma de resistencia más flexible, huidiza ( recuerdo aquello que dijese Deleuze precisamente: y mientras huyes coge un arma). La comentarista del texto pone el acento en algunos aspectos que a su modo de ver quedan ausentes en el texto que comenta: el color de las sombras que acompañan al danzarín son reflejo de un centro dominante frente a los sometidos a él.
Sigue Cuerpos (in)alterados: entre afectos, espectros y “cadáveres indisciplinados”, incidiéndose que el temor ambiente hace que se dé una paralización o un desánimo ante el fatal estado de cosas, tomando como base un montaje de José Ángel Restrejo, lo que conduce a pensar , el escenario es Colombia, en las muertes silenciadas de los desaparecidos y otros a las que no se presta atención con el fin de evitar cualquier posturas de homenaje o ejemplaridad, frente al trato que se da a otros muertos , celebrados como héroes de la patria, como eje sobre el que se mantiene en pie el orden de una patria de orden, comme il faut. Si el otro decía que el otro decía dejad que los muertos entierren a los muertos, aquí se subraya el carácter locuaz de los muertos que cobran presencia en la conciencia de los vivos, guiando su comportamiento. Incidiendo igualmente en el tema de la vulnerabilidad y las formas de contramemoria propuestas por el artista al que toma como eje el ensayo….con el acento puesto en el carácter asambleario de los yoes.
El silencio de la torturada es suplido, y hasta exigido por ella, para que el verdugo relate lo que realmente sucedió…La mujer escucha, igual que en las sesiones de suplicio la música de Schubert, y la voz que narra sus padecimientos por quien los infringió. La acción se sitúa en Chile y la obra que glosa es La muerte y la doncella de A. Dorfmann . La experiencia traumática hace que la mujer torturada pierda la voz y solamente sea capaz de la escucha, en un ambiente de horrorismo por emplear el término de Cavarero. Las puntualizaciones realizadas al texto son realizadas desde una óptica psicoanalítica, que es la que toma las páginas siguientes del ensayo que continua la marcha.
El deseo femenino es problematizado echando mano de Hegel , balanceándose entre la figura de Antígona y la de Edipo. Se subraya lo ambiguo del título del ensayo en la medida en que se puede entender como la mujer como objeto de deseo, o como la mujer y sus deseos de sí. Se ofrecen algunas variaciones entre la mujer sometida al ámbito doméstico o su participación en lo público. La postura de Antígona supone una reclamación de ruptura con la normalidad habitual, y el acceso a lo público, suponiendo esto el rechazo a la subordinación de la mujer.
Ya el título del siguiente ensayo: Diplomacia caníbal alerta ante un problema con respecto a los otros, al Otro, considerado como anormal y de costumbres salvajes que no responden al canon occidental. La división entre lo natural y lo humano, conduce a toparse con seres híbridos, con seres del afuera que no casan con el etnocentrismo, suponiendo esta puesta en duda poner patas arriba las concepciones antropológicas al uso, derivando hacia los encasillamientos a que se se somete a los indígenas…huyendo igualmente de la divinización de los buenos salvajes y otras imágenes supuestamente idílicas.
A continuación se repasa la cuestión del mal a lo largo de la historia del pensamiento occidental, señalando varias concepciones: desde la que propone como causa del mal, la ignorancia; mientras que otras visiones hacen que lo que no cuadre con las normas instituidas son condenables , ya que se prestan a poner en peligro el orden social…saliéndose de los límites del kósmos. Se recurre a Kant, Sócrates, Plotino, san Agustín de Hipona, Hannah Arendt, con el fin de exponer distintas explicaciones que siempre frenan antes de llegar al fondo del asunto…¿ Hay actuaciones malas realizadas con maldad por seres racionales que deciden actuar así? En tal caso se llega a una aporía, soslayando el papel de un dios ausente que permite tales cosas en su creación, que hace que la oposición entre la razón y el mal como polos antagónicos flojee…invitándonos a rastrear los pagos de la perversidad, la culpa, y se nos ofrecen algunas visitas a tropelías cometidas en el Congo, los feminicidios en tierras mexicanas, etc. Se detiene igualmente la autora en el abismo que se establece entre lo humano y lo animal, subrayando que la maldad es siempre humana, ya que hasta el gato que se entretiene con el ratón ya atrapado, responde a la lógica de la supervivencia. El mal como lo injusto estructural empuja a luchar por aclarar la cuestión embrollada por los distintos discursos justificadores.
Desde la situación en Puerto Rico se expone la postura de pasarse políticamente, en lucha contra la temporalidad neoliberal. La propuesta es radical y en vez de buscar el consenso que apaga cualquier forma de protesta y disenso, se reivindica la necesidad de lazar la voz contra las imposiciones y restricciones , a que son sometidos los ciudadanos, llamando al disloque a pasarse políticamente como forma de práctica subversiva…apoyándose para ello en algunas ideas de Max Weber y de Walter Benjamin.
La cuestión del malestar, la precariedad y la exclusión se enfoca con la ayuda de Adorno, Sklovski y otros, con el fin de escapar de las redes que desde el poder ( el Estado como el único legitimado para ejercer el monopolio de la violencia) tratan de provocar el cansancio, el desánimo y la obediencia, formateando ciudadanos a su medida; se realiza una llamada a desenmascarar la formas de violencia solapada tomando conciencia de cómo el neoliberalismo programa la vida de los ciudadanos.
La obra se cierra con un artículo sobre el contrato social, en la que apoyándose en un Kant, no tergiversado como hacen las corrientes neocontractualistas a los Rawls…desenmascarando los supuestos contratos que no responden más que a la lógica de la imposición por parte de los más fuertes, aunque esta sea vendida bajo el velo del pretendido consentimiento. La apuesta es buscar la deliberación como camino para un contrato social que merezca tal nombre, al basarse en el trabajo de colectivos políticos que pongan freno a las injusticias estructurales.
Fuente: Kaosenlared.
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