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28 noviembre 2020

Erika Hilton: «Bolsonaro ya está derrotado y es un cáncer político por extirpar»



Por Marina Duarte de Souza. Resumen Latinoamericano, 28 de noviembre de 2020.

Erika Hilton (PSOL) es la primera mujer trans elegida al Ayuntamiento de São Paulo y la parlamentaria más votada en Brasil este año. «Me sentí completamente conmovida y feliz de ser la mujer más votada en Brasil, en un Brasil profundamente transfóbico, profundamente racista y clasista. Esto demuestra que el trabajo de base que estamos haciendo, cada una en sus territorios y a su manera, está surtiendo efecto”, dice la concejal electa.

Nacida en Itu, en el interior de São Paulo, el despertar al activismo y la militancia ocurrió al mismo tiempo que vivía la batalla de la familia por sobrevivir, en las afueras de la ciudad. Desde el trabajo de su abuela, madre y tías hasta «vender el almuerzo para comprar la cena», vivió la realidad de la mayoría de la población brasileña.

Incluso con la conexión con su familia, terminó siendo expulsada de su hogar en la adolescencia cuando asumió su transexualidad y, a los 14 años, se prostituyó en las calles. La dura vida cotidiana del «cuerpo de mujer, travesti, negra» en las calles impulsó su deseo de «ocupar» su lugar en el tablero político.

Hoy, a los 27 años, la activista, que fue la primera de su familia en egresar de una universidad pública -en el curso de pedagogía- cuenta y explica su trayectoria, la importancia de la representatividad, la violencia contra la población negra, el caso del asesinato policial de João Alberto en Porto Alegre, sobre el movimiento negro y el escenario político para 2022.

En cuanto a la política nacional, la concejal electa sentencia: «Creo que en 2020 tendremos agradables sorpresas, sin duda. Bolsonaro ya está derrotado y es un cáncer político por extirpar contra el que estamos luchando con todas nuestras fuerzas».

-¿Cómo ve su elección y la de las otras mujeres negras y trans, luego de que la última elección estuviera marcada por la irrupción de la extrema derecha?

-Erika Hilton: Es una respuesta a esta ola moralista, conservadora y fascista. No volveremos a los armarios, a las cocinas, a los barrios de esclavos, a ninguno de esos lugares a los que, en 2018, nos vimos amenazados con regresar. Mostramos poder desde las urnas y desde nuestra organización cohesionada y estructurada, para colocar a las personas que representan la agenda y luchan por los derechos humanos y las poblaciones más vulnerables dentro de los espacios políticos. Creo que eso es lo que representa mi elección, y ese es el sentimiento que me impulsa a militar. También es un sentimiento de venganza. Somos la venganza por esa ola de odio.

Creo que esto representa un cambio en las claves mentales y sociales de las personas, comenzando a entender la urgencia y la necesidad de que cambiemos y nos ubiquemos dentro del debate político, para que podamos, de hecho, enfrentar el racismo, la misoginia, y la transfobia institucional que prevalece en nuestro país.

En 2018, cuando Jair Bolsonaro fue elegido presidente de la República con ese proyecto político que representa -de aniquilación, de destrucción de cuerpos negros, cuerpos LGBTQIA +, cuerpos de mujeres y cuerpos periféricos-, nos sentimos muy acorraladas y asustadas. Recuerdo cómo fue el resultado. Pensamos que nos iban a ametrallar en las calles durante los próximos días. Creo que todo este miedo y pánico social que generó el bolsonarismo, nos ayudó a articular y a organizar mejor y más rápido nuestras luchas para lograr que en los próximos períodos electorales hubiera más representantes de nuestras causas.

Son las causas de las mujeres, las causas de los pueblos indígenas, de la periferia. Es la causa de todo el abanico de personas que se vieron y que continúan amenazadas, porque las amenzas y el miedo continúa. No es porque llegamos allí que cesaron las amenazas. Pero nuestra llegada a este lugar significa una respuesta a todo esto, que, incluso frente a esta necropolítica, este aplastante proyecto político de destrucción que presentó Bolsonaro en Brasil, estamos de pie, decididas y organizadas. Somos muchas y tenemos el poder de transformar espacios políticos sociales e institucionales.

-¿Cree que su elección puede ser representativa de otras mujeres negras y trans, para buscar ocupar la política institucional?

-No me siento representante justo ahora que fui elegida. Soy representante desde que reconozco mi identidad, desde que reconozco mi territorio y mi origen. A partir de estos reconocimientos comienzo a formular políticas y empoderar a otras personas, hombres y mujeres, personas no binarias, travestis para que se vean a sí mismos y hagan de sus lugares y sus historias un referente para la ocupación de espacios, sean los espacios que sean.

Ya sea en una academia, en el parlamento, teatro, cine, televisión, o cualquier lugar que nuestro cuerpo ocupe conscientemente, sabiendo lo que estamos haciendo y hablando desde ese lugar. Es un claro gesto político de empoderamiento. Y ya me veo como representante desde mi militancia, desde mi activismo con el movimiento estudiantil o en la lucha por el reconocimiento de mi nombre con la empresa de transporte de bus en la ciudad de Itu (interior de São Paulo).

Creo que ahora gano una mayor visibilidad que permite que más personas accedan a mi trayectoria, accedan a lo que digo y puedan, desde mi cuerpo, verse más allá de los lugares de las oraciones sociales. Más allá de los rincones, más allá de la prisión, más allá de la prostitución, la drogadicción, los asilos, el rechazo familiar. Yo creo que sí, soy una representación para que se vean parlamentarios, médicos, para que vean a trabajadores informales como peluqueros, manicuristas. Son personas que tienen autonomía y eligen ser lo que quieren, pero debe ser de manera digna, para que sea una elección.

Entonces, creo que, desde mi visibilidad, puedo llegar a más espacios para que podamos crear referentes positivos, limpiando la mentalidad de la sociedad para que la sociedad pueda ver el cuerpo negro, el cuerpo LGBT, el cuerpo de la mujer en los demás. Lugares más allá de esos lugares estigmatizados. Sin duda, soy una referente, o me convertiré en un referente. Estoy en este lugar para poder abrir puertas, patear puertas para que otras y otros puedan pasar también. Y espero no ser más la primera, no ser más la única, nunca más. Que haya, cada vez más de las nuestras en los diferentes espacios, y que dejemos de ser una novedad. Lo de ser la primera, de ser la única, nunca fue nada cómodo para mí.

Porque en 2020, a los 27 años, cuando fui la primera, lo que significa es que todas, todos y todes los que vinieron antes que yo, fueron asesinadas o vivieron en el anonimato ocultas. Y eso, para mí, es repugnante. Tenemos que abrir las puertas de la política y los espacios para que siempre haya cuerpos disidentes, ocupando los lugares y conduciendo las narrativas desde nuestras propias perspectivas.

-¿Y cuáles fueron tus referencias? ¿Cómo te involucraste con la política?

-Mi despertar proviene de crecer en un hogar de trabajadoras domésticas, una familia matriarcal de mujeres empoderadas que siempre han luchado para llegar a fin de mes, para pagar facturas, que siempre han tenido una vida muy dura. Crecí en las afueras y mi vida, sobre todo en la relación con mis primos y mis compañeros, fue diferente, porque mi madre trabajó muy duro para que yo tuviera una infancia muy privilegiada. Pero vi cuánto luchaban mis tías y abuelas todo el tiempo, vendiendo el almuerzo para garantizar la cena. Crecer en la periferia frente a la pobreza nos hace darnos cuenta de que hay que cambiar las cosas.

Entonces, cuando me expulsan de casa y empiezo a vivir de la prostitución, duermo en las aceras, conozco realidades tan crueles o incluso más crueles que la mía, me doy cuenta de que hay un proceso de deshumanización, precariedad, abyección del cuerpo negro, habitantes de tugurios, trans, travesti, empiezo a buscar alguna motivación en mi para transformar y cambiar esta realidad.

Esta no es una realidad orgánica, es una realidad que forma parte de un proceso político que se organiza todo el tiempo para precarizar cada vez mas la vida de los más pobres. Y yo soy una mujer pobre de la periferia, nieta de una mujer nororiental, sobrina de trabajadoras del hogar, que vivía en la prostitución, que dormía en las aceras, que sabe lo que es tener hambre y no tener cobijo.

A partir de estas percepciones, cuando me encuentro negra, pobre, periférica, travesti y puta, es cuando empiezo a darme cuenta de que mi cuerpo necesita tener un trabajo funcional en la sociedad y que, desde los lugares que me constituyen como individuo, necesito usar estas herramientas para proponer un modelo diferente de sociedad. Y no lo estoy haciendo sola. Hay miles de personas como yo que también comprenden la urgencia de cambiar las estructuras sociales. Así despierto mi deseo de transformar el mundo y los espacios por donde paso.

Hasta ahora estaba tratando de arruinar el sistema de afuera hacia adentro, ahora pirateé el sistema y trataré de destruirlo de adentro hacia afuera, de todos los caminos que traigo cargados en mi cuerpo y en el cuerpo de mi madre, mi abuela, mis tías, mis amigos y todo este abanico de personas, que sufren por su condición humana. Esto es lo que despierta la lucha y me une mas a mis orígenes, a las mujeres y los hombres que vinieron antes que yo para que pudiera estar aquí hoy.

Me doy cuenta del compromiso que tengo como mujer negra, travesti, de continuar la lucha de mujeres como Lélia González, Xica Manicongo, Chica da Silva, Marielle Franco, Beatriz Nascimento, Benedita da Silva, entre tantos otros nombres que podría mencionar. Fueron pioneras en la lucha. Es el detonante que me lleva a la construcción de una agenda pública, política y militante, por la dignidad de nuestra identidad y por el rescate de nuestra humanidad que cada día intentan robarnos.

-A pesar de su buen resultado, el Ayuntamiento (o Municipalidad) de São Paulo sigue estando compuesta en gran parte por hombres, blancos, heterosexuales, que tienen una visión conservadora de la política y la ciudad. ¿Cómo se prepara para enfrentarlos?

-No me estoy preparando para enfrentar el fascismo heteronormativo del Ayuntamiento, ya estoy preparada desde antes. Es la misma pelea de la calle, del supermercado o del banco.

La Cámara de Representantes de la ciudad no es una burbuja aparte de lo que es la sociedad, sino un reflejo de lo que es la sociedad. Hasta que llegué, tuve que driblar y enfrentar la blancura, el cisgênero, el patriarcado, el machismo. Soy una sobreviviente y en la experiencia tengo las herramientas para enfrentarlos.

Los que no están acostumbrados a mi cuerpo son ellos, yo ya estoy acostumbrada a sus cuerpos, pequeños, blancos, y sobre todo, al fascismo que todo el tiempo mira mi cuerpo como un enemigo al que hay que eliminar. Toda mi carrera ha estado marcada por el odio y la exclusión.

No me estoy preparando, ya estoy preparada. Y serán ellos los que se tendrán que preparar, porque no contaron que su modelo político de destrucción de mi cuerpo fallaría y que sobreviviría a un proyecto de muerte y llegaría preparada y acompañada para transformar. Estoy lista.

-El pasado 20 de noviembre, Día de la Conciencia Negra, estuvo marcado, una vez más, por el asesinato de un hombre negro en un supermercado. ¿Qué representa o debería representar el crimen contra João Alberto?

-Brasil es un país en el que cada 23 minutos se mata a un joven negro por el color de su piel. No hay nada nuevo en lo que vimos en ese supermercado. Es solo el ejemplo y la forma insidiosa de lo que sucede todos los días en las periferias del país, lo que la policía le hace a la gente, el Estado contra los cuerpos negros.

Lo que pasó el viernes 20 de noviembre, cuando la seguridad del Carrefour asesinó a João Alberto, es la muestra clara de que no hay democracia racial en Brasil, y que somos víctimas de una herencia esclavista y colonial. Urge discutir esto en todos los espacios. Necesitamos dar protagonismo a la lucha negra, tenemos que reconocer que Brasil es un país racista, que lo que pasó en Carrefour no es nada nuevo, y que es consecuencia del racismo cotidiano.

Esto nos rebela, nos entristece y nos llama a una organización más radical, para que avancemos contra esta herencia esclavista, colonizadora, que se impone con fuerza en nuestro país y, a cada paso que nos intimidamos y nos afecta cada vez más. Estamos en Brasil, un país basado en el odio, el racismo y construido sobre la sangre de los negros desde la invasión de América y África.

-¿Y que opinas de la reacción de parte del movimiento negro en los actos de denuncia? ¿La respuesta va en la dirección de lo que sucedió en Estados Unidos?

-Ahora, con respecto a cómo reaccionó el movimiento negro, no puedo hacer apología de la ocupación del supermercado o los disturbios, pero tampoco puedo negar que me pareció maravilloso. Lo que me da asco es que la prensa brasileña, que sigue siendo racista a pesar de pretender parecer «progre», es que un cuerpo sin vida tirado en el suelo choca mucho menos que un supermercado en llamas.

Creo que sí, que tenemos organización para avanzar contra el racismo, pero también, todos los días golpean nuestros cuerpos de muchas formas. Si no quieren escucharnos de forma didáctica, pedagógica, sentarse a hablar y renunciar al privilegio blanco, creo que tenemos que avanzar contra ellos y mostrar claramente nuestro enfado. Tenemos que elaborar nuestro odio e indignación de forma responsable, pensada y diseñada para contraatacar.

-¿Cómo analiza cuánto puede representar el resultado de las elecciones municipales para las elecciones presidenciales y estatales de 2022? ¿Cuál es el peso del bolsonarismo y la izquierda?

-Creo que estas más de 50 mil personas que votaron por mí, votaron sabiendo el proyecto por el que estaban votando y cuál es la cosmovisión que tenemos que disputar a partir de ahora, porque no es solo la elección de un cuerpo, sino de muchos. De voces y de luchas.

Es una disputa por una narrativa, estamos disputando la sociedad con el conservadurismo y el fascismo. Y creo que, cada vez más gente tomará conciencia para que esta disputa gane espacios y avancemos, en las elecciones estatales, federales y municipales.

Hablar de la presidencia de la República es muy complejo, porque estamos hablando de Brasil, que es un país de mestizajes y paradojas. De todas formas, creo que en 2020 tendremos agradables sorpresas. Bolsonaro ya está derrotado y es un cáncer político extinguido que estamos tratando de combatir con todas nuestras fuerzas.

Incluso los sectores más vinculados al bolsonarismo, vimos en las elecciones municipales cuánto fuerza perdieron. Aquí en São Paulo, Russomano ni siquiera llegó a la segunda ronda.

Bolsonaro ya no es la figura que era en 2018, ni para quienes aún siguen apoyando su figura. Ya es un perdedor, lo que vendrá después de él, no puedo decirlo, pero espero que hasta entonces podamos, como activistas, hacer un trabajo vía internet, medios de comunicación, plenario de cámaras y asambleas, en lo que la sociedad seguir sintiendo pertenencia a la política. Porque la política está muy alejada de las personas. Por eso no participan y no pueden entender, desde esta «pedagogización» de la política institucional y la proximidad de la sociedad a lo que es la política, podemos garantizar un escenario mucho mejor que en 2018.

-¿Y la izquierda?

-En cuanto a la izquierda, creo que el bolsonarismo ha incidido en las rutinas de la izquierda, que todavía tiene mucho que despertar, aprender, cambiar y muchas autocríticas por hacer. Pero creo que ya se han empezado a hacer muchas, incluso en referencia a cómo ha sido la unión para la segunda vuelta de Boulos.

Bolsonaro representó lo peor y más peligroso para todos los sectores de la sociedad, y la izquierda se dio cuenta, de la importancia de la unidad. Sin olvidar el compromiso con la agenda racial, LGBT, las mujeres y un rol protagónico en estas agendas. Si no lo conseguimos, vamos al hoyo. Porque el bolsonarismo no solo arrojó a los indígenas, negros y personas LGBT al hoyo, sino a todo el país.

Nuestro objetivo es destruir al fascismo, al oscurantismo y promover en el país una agenda de derechos humanos, vivienda, impulso económico, intelectual y político de los sectores más vulnerables de la población.

Fuente: Brasil de Fato

Traducción: Resumen Latinoamericano



https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/11/28/brasil-erika-hilton-bolsonaro-ya-esta-derrotado-y-es-un-cancer-politico-por-extirpar/

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