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Un poco de suciedad es buena para tus hijos



The New York Times


¿Qué sucede cuando el chupón se cae de la boca del bebé y aterriza en el suelo? Algunos padres ansiosos lo esterilizan antes de dárselo al bebé otra vez, mientras que otros padres más relajados simplemente lo chupan antes de ponerlo de nuevo en la boca de su hijo.

Es comprensible que muchos se preocupan por los gérmenes y la suciedad que puede llegar a la boca de su hijo. Sin embargo, muchos también han escuchado en años recientes sobre la “hipótesis de la higiene”, que establece que cierta exposición a gérmenes y microorganismos durante la primera infancia es buena para todos porque ayuda a que el sistema inmunitario se fortalezca. Un estudio sueco de 2013, por ejemplo, demostró que los niños cuyos padres solo limpian los chupones con su saliva tienen menores riesgos de presentar eczema.



Cuando nos referimos a la hipótesis de la higiene, es decir, a las teorías que estudian los posibles problemas que podrían asociarse con una crianza con poca exposición a gérmenes y suciedad, estamos hablando básicamente de crecer al aire libre. Nos referimos a vivir en un mundo de limpieza relativa y superficies controladas, donde incluso los niños pequeños que están constantemente recogiendo cosas del suelo y llevándoselas a la boca no están en contacto con una variedad muy grande de gérmenes.



“El ambiente creado es en el que crecen nuestros hijos”, dijo Jack Gilbert, director del Centro Microbioma y profesor de Cirugía en la Universidad de Chicago. Gilbert fue uno de los autores de un conocido estudio de 2016 publicado en The New England Journal of Medicine, el cual compara los perfiles inmunológicos de niños amish, criados en pequeñas granjas familiares, con los perfiles de los niños hutterite, que son parecidos genéticamente, pero crecen en granjas grandes e industrializadas. Los amish, que viven en un ambiente caracterizado por ser “rico en microbios”, o mejor dicho, lleno de polvo de corral, tienen un índice de asma sorprendentemente más bajo.

El Dr. Gilbert es coautor, junto con Rob Knight y Sandra Blakeslee, de un libro sobre el tema que saldrá publicado en junio llamado Dirt Is Good: The Advantage of Germs for Your Child’s Developing Immune System (“La suciedad es buena. Las ventajas de los gérmenes para el desarrollo del sistema inmunitario de tu hijo”).

Desde que comprendimos que los microbios causan enfermedades (el último siglo y medio), los humanos hemos tratado desesperadamente de crear una barrera que nos proteja del mundo microscópico de las bacterias, virus y hongos. “Nos hemos separado deliberadamente por razones de comodidad y de miedo a la enfermedad”, dijo el Dr. Gilbert.



Los esfuerzos han funcionado; no hay duda de que la mejora en la higiene ha salvado a muchos niños de la enfermedad y la muerte. La separación escrupulosa de los niños y los microbios presentes en el agua sucia o en la leche sin pasteurizar ha tenido un papel importante en la reducción de la mortalidad infantil, lo que ha permitido que millones de niños sobrevivan y crezcan sanos. Sin embargo, en años recientes también nos ha surgido la duda acerca de si los niños que están completamente aislados del ambiente microbiótico en el que nuestra especie se ha desarrollado podrían crecer con consecuencias negativas producidas por nuestras casas impolutas.



La separación comienza incluso antes de que el bebé llegue al ambiente limpio de su casa. “Todos los mamíferos nacen impregnados con bacterias provenientes del canal de parto”, dijo Maria Gloria Dominguez-Bello, ecologista y profesora del Programa del Microbioma Humano en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. Los niños alimentados con leche materna están en un periodo de exposición baja al ambiente, pero de gran contacto con la madre; después del destete es cuando los bebés comienzan un periodo de mucha mayor interacción con los microbios a su alrededor.

“El final de un periodo estricto de lactancia es el inicio de una exploración intensa del ambiente”, dijo la Dra. Dominguez-Bello. “Esto les sucede a todos los mamíferos, incluidos nuestros niños, que lamen todo lo que encuentran. La última parte del periodo de lactancia es una combinación de leche y sólidos; cuando termina se supone que ya estamos listos para enfrentar al mundo”.

Los hábitos humanos modernos, dijo, pueden interferir con esta exposición temprana en cada etapa: los bebés pueden nacer por cesárea, sin contacto con el canal de parto y sus bacterias; además pueden ser alimentados con biberón en lugar de pecho; probablemente duerman lejos de su madre, y también es posible que reciban antibióticos para tratar cada infección que contraigan.

En un estudio publicado en 2016, en el que participó la Dra. Dominguez-Bello, los científicos determinaron el desarrollo microbiótico de un grupo de bebés en Estados Unidos al analizar de qué manera se vio afectada su población bacteriana dependiendo del tipo de nacimiento, si fueron alimentados con fórmula o con leche materna y su contacto con antibióticos. En su investigación de la cuenca del Amazonas en Sudamérica, la doctora descubrió que, tanto en las casas rurales como las chozas, la mayoría de las bacterias están relacionadas con el ambiente que las rodea. En tales condiciones, dijo, es más probable que las madres carguen al bebé, duerman con él y ambos estén expuestos a las bacterias de las plantas y la tierra.

La investigadora explicó que, al mismo tiempo que las casas se vuelven más cerradas y más divididas, los espacios están cada vez más separados según su uso y la velocidad a la cual el aire del exterior remplaza el aire interior ha disminuido. “Lo que sucede es que reducimos el contacto con las bacterias del ambiente exterior, así que nos convertimos en la fuente principal de bacterias: nuestra piel, nuestra boca… desechamos bacterias y la casa se vuelve altamente humanizada. La mayoría de las bacterias en una casa urbana será de origen humano”, dijo.

Las paredes, sostiene, son los mejores testigos; develan lo que sucede en la casa porque no se limpian con frecuencia. Después de muchos años, dice: “Vas a encontrar una gran cantidad de bacterias orales cerca del lavabo”, bacterias vaginales y fecales “cerca del escusado” y bacterias de la piel “en toda la casa”.

Así que necesitamos estudiar las consecuencias para la salud de los ambientes creados, incluso el ambiente más moderno e “higiénico”, que es un lugar complicado y de ninguna manera estéril.

“Solíamos vivir en ambientes más polvorosos”, dijo Marsha Wills-Karp, profesora de Salud Ambiental e Ingeniería en la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. De todos modos, señaló, a pesar de que las casas estén más limpias, el ambiente creado contiene muchos componentes, como partículas químicas y aéreas, no solamente microbios.

“Los estudios han demostrado que cultivar o germinar un microbioma en el niño es absolutamente crucial”, dijo. “Por un lado, no debes sacar a tu hijo y exponerlo a infecciones agresivas, pero por el otro, tampoco debes crear un ambiente tan estéril que su sistema inmunitario no se desarrolle con normalidad, pues esto lo pone en riesgo de padecer enfermedades inmunes”.

Así que lo que hemos aprendido, dijo el Dr. Gilbert, es que el contacto temprano con los microbios puede moldear el sistema inmunitario, lo que determina la posibilidad del niño de desarrollar condiciones autoinmunes, como eczema y asma; también puede moldear el sistema endocrino e incluso puede afectar el desarrollo neurológico.

“Distintos hongos y bacterias tienen distintos efectos en distintas enfermedades, y afectan a cada niño de modo distinto”, dijo. “Aún no entendemos del todo las interacciones entre el sistema inmunitario, el genoma y todos los otros componentes del cuerpo”.

En un artículo publicado en octubre pasado en la revista especializada Microbial Technology, el Dr. Gilbert especulaba sobre la posibilidad de crear vacunas que puedan ayudar a que el sistema inmunitario de los niños se desarrolle al ponerlos en contacto controlado con algunos de los microbios y componentes microbióticos más importantes. Otra alternativa sería educar a los padres sobre qué tipo de exposición natural podría ser útil, según las características de sus niños y sus comunidades.

“Definitivamente, hay modos de adoptar la exposición controlada o la exposición definida arbitraria al mundo rico en microbios al inicio de la vida”, señaló el Dr. Gilbert.





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