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Capitalismo. Exceso de crédito, capital rentista y crisis




Resumen Latinoamericano / Michael Roberts / 5 de junio de 2017

El fracaso de la economía ortodoxa a la hora de prever la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión está bien documentada. Este fracaso ha llevado a varios economistas ortodoxos a negar su utilidad.

Steve Keen ha publicado un nuevo libro. Se llama: Can We Avoid Another Financial Crisis? (¿Podemos evitar otra crisis financiera? Steve Keen es profesor de economía en la Universidad de Kingston en el Reino Unido. Su libro anterior (Debunking economics) es una brillante exposición de los falaces supuestos y conclusiones de la economía dominante, es decir, la ‘competencia perfecta; el equilibrio general y las ‘expectativas racionales’ de los ‘agentes’ económicos.

El fracaso de la economía ortodoxa a la hora de prever la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión está bien documentada. Este fracaso ha llevado a varios economistas ortodoxos a negar su utilidad. Uno de los últimos ha sido Paul Romer, ex profesor de la Universidad de Nueva York y actual economista jefe del Banco Mundial. El otoño pasado, antes de tomar posesión de su cargo en el Banco Mundial, Romer escribió un artículo acusando a sus compañeros macroeconomistas de formar una comunidad intelectual monolítica, sumisa a la autoridad, que hacía caso omiso de las opiniones de los que no están en su grupo y de ignorar los hechos incómodos. De comportarse en definitiva más como miembros del una secta que como científicos genuinos. Romer comparó la macroeconomía moderna con la teoría de cuerdas, que célebremente se ha descrito como “ni siquiera falsa”.

Lo que no cayó bien. Y ahora ha habido una rebelión entre sus 600 economistas (sí, ¡600!) en el Banco Mundial. Han pedido que no esté a cargo de su dirección, después de que exigiese que dejasen de utilizar su pomposa jerga económica y adoptaran un estilo de prosa más simple. Romer respondió irónicamente a esta petición de reducción de su poder en el Banco Mundial: “Al parecer, van diciendo por ahí que cuando pedí a la gente que escribiese con más claridad, no fue cortés. Y que mataba gatitos en mi oficina”.

Pero yo difiero. El punto de esta historia de Romer es mostrar que los que cuestionan los supuestos y las conclusiones de la apologética corriente económica ortodoxa no suelen tener mucha audiencia. Como dije en mi nota sobre la crítica de Romer, no creo que consiga tener éxito y que “la economía ortodoxa vuelva a poner los pies en la realidad”. Y así ha sido.

Steve Keen, sin embargo, continúa su intento de proporcionar una alternativa más cercana a la realidad económica. Y su nuevo libro también hace una predicción: que otra crisis se acerca e incluso señala algunos candidatos probables dónde comience. Los lectores de mi blog saben que creo que la tarea de la teoría económica, si realmente quiere ser una ciencia, es no sólo a adelantar hipótesis y probarlas empíricamente, sino también hacer predicciones. Eso es parte del método científico. Por lo tanto, el enfoque de Keen suena prometedor.

Pero todo depende, por supuesto, de que la teoría sea correcta. Keen reitera su tesis principal de un trabajo anterior: que en una economía capitalista moderna el crédito es necesario para garantizar la inversión y el crecimiento. Pero una vez que el crédito aparece en el proceso económico, no hay nada que impida que desequilibre la oferta y la demanda. Las crisis de exceso de crédito van a existir y podemos predecirlas sumando el nivel de crédito al ingreso nacional. En las principales economías capitalistas hasta la crisis de 2007, el crédito al sector privado alcanzó niveles récord, más del 300% del PIB en los EEUU. Esa burbuja de crédito estaba destinada a estallar y causó la Gran Recesión. Y esto sucederá de nuevo. “La economía capitalista no puede evitar otra crisis financiera de la misma manera que un perro no puede evitar pillar pulgas: es sólo una cuestión de tiempo”.

Entonces, ¿qué hay de la próxima crisis? Con los ojos puestos en el crecimiento del crédito, Keen ve a China como un caso terminal. China ha ampliado el crédito a una tasa anual de alrededor del 25 por ciento durante años y años. La deuda del sector privado supera el 200% del PIB, por lo que China se asemeja a las economías más endeudadas de Irlanda y España antes de 2008, pero, obviamente, es mucho más importante para la economía mundial. “Esta burbuja tiene que estallar”, escribe Keen.

Tampoco tiene mucha esperanza sobre su Australia natal, cuyas burbujas crediticia e inmobiliaria no estallaron en 2008, gracias en parte a las medidas del gobierno para apoyar el mercado de la vivienda, tasas de interés más bajas y la inversión masiva en minería para satisfacer la demanda insaciable de China de materias primas. El año pasado, el crédito al sector privado australiano también creció por encima del 200% del PIB, más de 20 puntos porcentuales desde la crisis financiera global. Australia muestra, según Keen, que “solo se puede evitar una crisis de deuda de hoy aplazándola hasta más tarde.”

Esta idea de que es el nivel de crédito y el ritmo de su crecimiento el principal criterio para medir la probabilidad de una crisis de la producción capitalista también está detrás de la visión de otro economista heterodoxo, Michael Hudson en su libro Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Bondage Destroy the Global Economy. El principal argumento de Hudson es que la economía FUEGO – finanzas, seguros y bienes raíces – atenaza a la economía “real” y lentamente empuja a la mayoría a la servidumbre por deudas.

Hudson va más allá. Para él, el viejo sistema de capitalismo industrial – la contratación de mano de obra, la inversión en plantas y equipos y la creación de riqueza real respaldada por productos y servicios tangibles – ha sido eclipsada por la reaparición de la dominación de una clase neofeudal parasitaria. Es esta élite, no los capitalistas industriales, los responsables de la mayoría de nuestros problemas económicos. La crisis de 2008 no fue un boom y caída del sector inmobiliario típica del capitalismo, sino la conclusión lógica de unos parásitos financieros que lentamente sangran a la mayoría hasta dejarnos anémicos. “El neoliberalismo actual pone cabeza abajo el significado original [del libre mercado]. Los neoliberales han redefinido ‘mercados libres’ para que en realidad se conviertan en una economía libre para los buscadores de rentas, es decir, ‘libre’ de la regulación o tributación al estado de los ingresos no ganados rentista (rentas y rendimientos financieros)”.

Lo he leído en el sentido de que ya no es el capitalismo del pasado, el de la competencia y la acumulación de capital para la inversión, que es el problema y la causa de las crisis, sino que vivimos en el mundo ‘neoliberal’ del capital rentista, los parásitos ‘feudal’ y la ‘financierización’. Esto sugeriría que las crisis podrían ser resueltas si el capitalismo volviese a su papel anterior, como Adam Smith previó, ampliando la producción a través de la división del trabajo y la competencia.

Además, para Hudson, el problema del capitalismo no es la rentabilidad y el esfuerzo para extraer plusvalía de la fuerza de trabajo productiva sino la extracción de ‘rentas’ de la industria por los propietarios de tierras y los financieros. “Los trabajadores ( ‘consumidores’) y la industria están obligados a pagar una proporción creciente de sus ingresos en forma de rentas y de interés al sector financiero y latifundista para tener acceso a los derechos de propiedad, el ahorro y el crédito. Esto deja insuficientes salarios y ganancias para sostener la demanda del mercado de bienes de consumo y la inversión en los nuevos medios de producción (bienes de capital). Las principales causas de la austeridad económica y la polarización son la deflación de rentas (pagos a los propietarios de tierras y los monopolistas) y deflación de la deuda (pagos a los bancos, tenedores de bonos y otros acreedores).” (Hudson).

Por lo tanto tenemos un modelo de capitalismo en el que las crisis son el resultado de ‘imperfecciones’ del modelo capitalista, ya seas debidas a la falta de competencia y el crecimiento de los rentistas financieros (Hudson) o debido al excesivo crédito (Keen). Por otra parte, las crisis son el resultado de una falta crónica de demanda causada por la depresión continua de los salarios y el aumento del nivel de la deuda de los hogares. Esta última tesis no es nueva – muchos economistas ortodoxos han argumentado de manera similar y es la explicación dominante de las causas de las crisis en la izquierda. Como Mian y Sufi dicen: “Las recesiones no son inevitables, no son actos misteriosos de la naturaleza que tenemos que aceptar. Por el contrario, las recesiones son producto de un sistema financiero que fomenta la deuda excesiva de los hogares”.

La omisión clave en esta visión de las crisis es el papel del lucro y la rentabilidad – que es, después de todo el núcleo del análisis de Marx del capitalismo -, un modo de producción con fines de lucro y no para la satisfacción de necesidades. El beneficio no cumple ningún papel en el análisis de Keen. De hecho, Keen considera la teoría del valor de Marx equivocada o ilógica, y considera que la interpretación neo-ricardiana habitual y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias irrelevantes para una teoría de las crisis. Hudson no tiene nada que decir sobre los elementos claves de la teoría de Marx.

Los post-keynesianos se basan en la ecuación de Keynes-Kalecki, a saber, que las ganancias equivalen a inversión, pero es la inversión la que impulsa o produce los beneficios, no al revés, como Marx defendía. Este punto de vista ha alcanzado recientemente su expresión más extrema en otro libro relativamente nuevo, Capitalism as Oligarchy, de Jim O’Reilly, donde, de manera similar a la posición de uno de los principales economistas poskeynesianos, Engelbert Stockhammer, se mantiene que la causa principal de las crisis es la desigualdad creciente y no la rentabilidad del capital. O’Reilly sostiene que “la desigualdad no es un efecto secundario de algo que llamamos ‘capitalismo’, sino que es el núcleo del sistema”.

Según O’Reilly, las ganancias no provienen del trabajo no remunerado de la clase obrera, sino que es ‘creado’ para los capitalistas mediante la venta de bienes y servicios a los consumidores. Los beneficios provienen de la explotación de los consumidores, no de los trabajadores. “¿De dónde viene el beneficio? No puede ser de los trabajadores, ya que no pueden gastar más que el salario recibido (¡! – MR). Los salarios son una fuente de ingresos a través de las ventas, pero también son un coste. Para el sistema en su conjunto, deben ser igual a cero: los trabajadores simplemente no son rentables”. Sólo los capitalistas tienen más ingresos de lo que gastan, por lo que crean sus propios beneficios (hmm … MR).

Al parecer, Rosa Luxemburgo ya lo había señalado … “Su intuición de que el beneficio debía provenir de una fuente más allá del trabajador era correcta, pero cometió un error al aceptar la sabiduría monetaria convencional de que “el fin, el objetivo en la vida [del capitalismo] es la ganancia en forma de dinero y la acumulación de capital”. En esta teoría, los beneficios no son el motor del capitalismo, sino el resultado de la inversión y el consumo.

El argumento de que el crédito desempeña un papel clave en el capitalismo; y que el ‘exceso de crédito’ lo tiene en las crisis fue explicado por primera vez por Marx. Como escribió Marx en el volumen III de El Capital, “en un sistema de producción en el que toda la interconexión del proceso de reproducción descansa sobre el crédito, debe estallar una crisis inevitablemente si el crédito repentinamente desaparece y sólo se aceptan pagos en efectivo … en un primer análisis, por lo tanto, toda crisis se presenta como una simple crisis crediticia y monetaria”. (P621) Pero eso es en un “primer análisis”. Detrás de una crisis financiera se encuentra la ley del beneficio: “la crisis real sólo puede deducirse a partir del movimiento real de la producción capitalista” (TSV2, P512).

Buscar las causas es científico. Pero dialécticamente puede haber causas a diferentes niveles, en última (esencia) y primera (apariencia) instancia. La última instancia es analizable a partir de los acontecimientos reales y permite ofrecer una explicación de la primera instancia. La crisis de 2008-9, al igual que otras crisis, tenía una causa subyacente basado en las contradicciones entre la acumulación del capital y la tendencia decreciente de la tasa de ganancia bajo el capitalismo. Esa contradicción surgió debido a que el modo de producción capitalista es producción por valor, no para uso. El beneficio es el objetivo, no la producción o el consumo. El valor se crea sólo mediante la apropiación de la fuerza de trabajo (cerebro y músculo). El beneficio proviene del valor no pagado creado por el trabajo y apropiados por los propietarios privados de los medios de producción.

La contradicción subyacente entre la acumulación del capital y la caída de la tasa de ganancia (y posteriormente una masa de ganancia decreciente) se resuelve por la crisis, que toma la forma de un colapso del valor, tanto el valor real y como el ficticio. En efecto, allí donde la expansión ficticia del capital se ha desarrollado más es donde comienza la crisis, por ejemplo, los tulipanes, los mercados de valores, las hipotecas, la deuda corporativa, la deuda bancaria, la deuda pública, etc. El sector financiero es a menudo donde la crisis se inicia; pero la causa es un problema en el sector de la producción.

Sin duda, el aumento del crédito excesivo en las principales economías capitalistas era una característica del período anterior a la crisis. Y su propio tamaño implicaba que la contracción sería correspondientemente más severa en la medida en que el sector capitalista ve como se destruye el valor de este capital ficticio.

Pero ¿es realmente correcto decir que el crédito excesivo es la causa de las crisis capitalistas? Marx sostenía que el crédito se va de las manos porque los capitalistas perciben que la rentabilidad está cayendo y buscan aumentar la masa de ganancias mediante la extensión del crédito.

Es un engaño o un fetiche considerar que el crédito es la causa principal o única de la crisis. En una economía capitalista, es el beneficio el que manda. Si se niega, se está negando al mismo tiempo que ‘capitalismo’ es el término correcto para describir la economía moderna. Tal vez sería mejor hablar de una economía de crédito y de acreedores o creadores de crédito y no de capitalistas. Pensando en el crédito solamente, como lo hace Keen, se llega a la conclusión de que China es el más probable desencadenante de la próxima crisis mundial. Pero eso ya ha sido refutado por la experiencia del año pasado.

Debemos comenzar por los beneficios, que conduce al dinero, la inversión y la acumulación de capital y luego el empleo y los ingresos. Y hay una gran cantidad de evidencia empírica de que la rentabilidad y las ganancias conducen a la inversión, no al revés.

Por otra parte, ¿por qué la deuda y las rentas financieras se convierten en ‘excesivas’ en el llamado período neoliberal? La explicación marxista es que la rentabilidad del capital productivo disminuyó en la mayoría de las economías modernas entre mediados de los años 1960 y principios de 1980, y así se produjo un aumento de la inversión en las finanzas, la propiedad inmobiliaria y los seguros (FIRE), junto con otra contra medidas neoliberal como la legislación anti-sindical, el recorte de los derechos laborales, la privatización y la globalización. El objetivo era elevar la rentabilidad del capital, y tuvo éxito en un grado limitado hasta finales de 1990.

Pero a medida que la rentabilidad comenzó a caer de nuevo, el auge del crédito se aceleró en la década de 2000, lo que condujo finalmente a la crisis financiera mundial, la contracción del crédito y la Gran Recesión. Como la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas principales no ha vuelto a los niveles de la década del 2000, la inversión en los sectores productivos y el crecimiento de la productividad siguen deprimidos. El auge de los mercados de crédito y de valores se han recuperado en su lugar. El capital ficticio se ha inflado una vez más – como muestra Keen. Y el capital rentista domina – como demuestra Hudson.

Si el exceso de crédito es el culpable de las crisis capitalistas y no un defecto en el modo de obtener beneficios de la producción, entonces la respuesta es el control del crédito. Si el capital rentista es el culpable de la pobreza de la mano de obra y de las crisis, entonces la respuesta es el control de las finanzas. De hecho, Keen sostiene que la mejor receta política es mantener el crédito al sector privado en torno al 50% del PIB en las economías capitalistas. Así podrían evitarse las crisis financieras. Hudson recomienda cancelar las deudas impagables de los hogares. Y Hudson recomienda un sistema bancario nacionalizado que proporcione crédito básico.

Estas son, sin duda, reformas importantes que un gobierno o una administración a favor de los trabajadores deben poner en práctica si tuvieran el poder para hacerlo. Pero eso exclusivamente no impediría las crisis en el capitalismo, si la mayoría de los sectores productivos permanecen como propiedad privada y solo invierten con fines de lucro no para satisfacer necesidades. Como el mismo Hudson dice: “Para que quede claro, librarse de los parásitos financieros y rentistas no implica alcanzar una economía utópica. Incluso en un sistema puramente industrial, los problemas económicos abundarán. Gigantes como Apple seguirán intentando ocultar sus beneficios en paraísos fiscales, compañías como Chipotle seguirán intentando robar los salarios de sus trabajadores, y otras grandes empresas seguirán engullendo subsidios mientras condenan cualquier tipo de regulación gubernamental. Las divisiones de clase seguirán siendo un problema grave”.

– Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Traducción: G. Buster



http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/05/capitalismo-exceso-de-credito-capital-rentista-y-crisis/


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